De no encontrar trabajo por su discapacidad a impulsar un proyecto de accesibilidad por toda España
Cuando Carlos Reina buscaba trabajo años atrás siempre se encontraba el mismo problema: el desplazamiento. En una silla de ruedas eléctrica por una lesión medular cervical, cualquier trayecto no es posible para él, y si muchas de las ofertas de trabajo eran en grandes ciudades, otras estaban en Polígonos Industriales de Sevilla. La accesibilidad universal se reafirmó como su reto. Por eso, cuando desde la Fundación Altavista, dedicada a la formación e integración laboral, se puso en contacto con él a través de la Universidad Loyola, aprovechó la oportunidad para proponerles un proyecto con el que solucionar la movilidad geográfica en el ámbito laboral de las personas con discapacidad con teletrabajo, una opción que se ha extendido tras ser un recurso en la pandemia.

Así nació la novedosa plataforma Close Far Job, acogida con entusiasmo por el director general de la fundación, Alejandro Vega. Se trata de un proyecto pionero orientado a ofrecer un servicio de prácticas remuneradas en empresas de cualquier sector de España mediante un modelo propio de smartworking. «Queremos conseguir que un chico de la Universidad de La Laguna en Tenerife puede trabajar en una empresa en Barcelona», explica el director a Sevilla Solidaria La fundación comenzó a trabajar en el proyecto hace un año, en un momento en que la entidad arrancaba con fuerza, respaldado por un equipo joven y comprometido, desde entonces también con Carlos Reina como responsable en el área de comunicación.
«En España existe un problema de movilidad geográfica en torno a las personas con discapacidad y eso es un hándicap a la hora de tener oportunidades laborales», cuenta Reina, «el teletrabajo es la solución para solventarlo». Close Far Job ha comenzado a desarrollarse en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, con la colaboración de la Fundación ONCE y el Fondo Social Europeo. «Gracias a nuestra labor 15 chicos con discapacidad intelectual están conociendo qué es trabajar en la empresa ordinaria en la comunidad de Madrid, y se gestiona desde una fundación pequeña desde Sevilla», cuenta Alejandro a su vez con orgullo. De momento, el teletrabajo se realiza un día a la semana.
Además, recientemente la fundación Altavista ha firmado un acuerdo de colaboración con la Universidad Pablo de Olavide para un proyecto dirigido en el mismo sentido. Y en la actualidad una alumna de Loyola Andalucía está haciendo prácticas en la compañía. Mientras, continúan las conversaciones con universidades andaluzas y del resto de España. Aún así, el ámbito de actuación de la fundación no solo es laboral. Ha colaborado con la asociación Impacto Solidario en La Puebla del Río para que niños en exclusión pudieran realizar actividades deportivas. Y mantiene contacto con otro tipo de organizaciones como Cáritas, Cruz Roja o AFAR de Alcalá de Guadaíra.

Lucha por la inserción laboral
La lucha por la inserción laboral es ardua y lenta pero se están viendo resultados. «Ahora mismo no hay una concienciación empresarial para la inserción de las personas con discapacidad. Pero de las empresas donde están haciendo prácticas en Madrid, ya se han interesado dos en contratar. Eso es un éxito rotundo», cuenta el director. «Queremos dejar claro que una persona con discapacidad es tan apta como otra, el ejemplo lo tienes en Carlos. Tiene más currículum que yo , es un tío fabuloso, inquieto, empático, colaborador, con una creatividad y unas ganas de trabajo excelentes», añade.
Carlos, a su vez, se siente esperanzado. «Si se repite el trabajo que estamos haciendo, se logrará esa inclusión. Es necesario cambiar la visión que tiene la sociedad de la discapacidad porque se centra en lo que la persona no puede hacer y lo que realmente sí aporta queda invisibilizado».