Voluntariado para combatir la soledad

Entre las líneas de trabajo de Solidarios para el Desarrollo se encuentra la atención a mayores o visita a centros penitenciarios

Tras un combate de once años contra el cáncer, el marido de María falleció hace dos inviernos. Poco después, ella se apagó. «De repente, un día no me quise levantar del sofá. Y ya no me levanté para nada durante un año», recuerda. «Es algo que ni los médicos se explicaban. Caí en una depresión total, mucha soledad,  y estuve muchísimo tiempo sin salir de casa. No comía y estuve todo el tiempo a oscuras», añade.

Fue gracias a su hijo, y a su propia capacidad de resolución, como conoció a Solidarios para el Desarrollo, una asociación de personas voluntarias comprometidas con quienes sufren la exclusión social, la discriminación y la soledad. En concreto, la entidad se dedica al acompañamiento de personas mayores que sufren soledad no deseada; a la creación de encuentros para personas sin hogar; a fomentar la cultura en prisiones y el encuentro con el voluntariado como herramienta de cambio social, y a la lucha contra el estigma de la salud mental y la recuperación de estas personas a través de la participación, el ocio y la compañía.

De esta manera María conoció a Estefanía, una voluntaria de la entidad que la acompaña y visita semanalmente. «Gracias a ella comencé a vivir otra vez», explica María con una sonrisa. «Fue un encanto y lo será siempre en mi vida. Me aguantó en un momento muy difícil, en el que tenía pavor a salir a la calle, no hablaba, echada en un sofá y con las persianas bajadas», rememora, y añade que «por eso yo digo que ha sido mi elástico, porque me ha sacado a flote muy poquito a poquito y con mucha paciencia».

Ese es, precisamente, uno de los objetivos de Solidarios para el Desarrollo, el visitar a personas mayores que se sienten solas y que demandan tener a alguien con quien pasar un rato a la semana. Así, mientras comparten un paseo, una conversación o un rato de ocio, estas personas mayores como María refuerzan su ilusión, su autoestima, sus habilidades sociales y se mantienen activos. «Aquí trabajamos la horizontalidad en las relaciones, y con la cultura como motor de cambio», explica Remedios Cano, técnico del programa de mayores de la entidad. «Las relaciones sociales son algo imprescindible, y con el voluntariado buscamos que vuelvan a recuperar el sentimiento de pertenencia a un grupo, vuelvan a salir por su barrio y tengan independencia», define.

Entre las metas que busca la entidad a través de este programa se encuentran romper el aislamiento y la soledad, evitando además la depresión y trastornos cognitivos, recuperar la autoestima, la ilusión y las ganas de tener una vida activa, recuperar hábitos, que los mayores vuelvan a abrirse al mundo y a la vida, recuperando hábitos saludables como salir a pasear, realizar actividades culturares o disfrutar de una buena conversación. Otro de los propósitos de Solidarios para el Desarrollo es promover la autonomía de las personas mayores y sentirse parte de una sociedad que, muchas veces, les deja de lado. Además, recuperar las relaciones sociales, ya que al salir a la calle con la persona voluntaria, se adquiere un mayor conocimiento del entorno más cercano. De esta manera, con el programa de acompañamiento a personas mayores, la asociación genera un espacio intergeneracional donde se comparten experiencias de vida diferentes ya que, tanto como voluntarios como mayores, aprenden uno del otro, se apoyan y enriquecen sus vidas.

Esta ha sido una de las cosas que ha ido ganando María después de conocer a Estefi. Aunque reconoce que todavía no ha salido del todo de la situación en la que se encontraba y que todavía tiene días difíciles, es un ejemplo de superación. «Al principio lloraba muchísimo, pero ya después se fue abriendo y contando cosas. Así nos hemos ido conociendo poco a poco», recuerda Estefanía sobre sus primeros ratos en casa de María.

Ella también le ha animado a salir de su zona de confort y atreverse a hacer cosas diferentes. En ese sentido, hace poco, María se atrevió a viajar a Granada en un viaje en grupo donde no conocía a nadie. «Un día sin pensarlo mucho decidí hacer algo por mí, y se lo conté a mi hijo, que se puso muy contento con la iniciativa y, aunque no fue un viaje fácil, me ayudó mucho a salir adelante».

Solidarios para el Desarrollo trabaja con 45 voluntarios en Sevilla que acompañan a 45 personas mayores, y su objetivo es subir el número a 70 personas en ambos casos. Pero hace falta ayuda. «Las personas mayores estamos necesitadas de mucho apoyo, todo el mundo se tiene que enterar de esto y necesitamos más asistencias por parte de la Administración. Encontrarse sola es muy malo», sostiene María.

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