Un refugio para combatir la soledad
En el corazón del barrio sevillano de Los Pajaritos, donde las calles guardan la memoria de generaciones enteras, la Fundación Prodean, entidad apoyada por Fundación "La Caixa", ha tejido un refugio cálido contra uno de los males más silenciosos y devastadores de nuestro tiempo: la soledad no deseada. Desde hace 35 años esta entidad tiene claro su propósito, que es el de situar la dignidad de la persona en el centro de toda acción social. En su centro social, esa filosofía cobra vida día a día, especialmente en la atención a las personas mayores, una población tantas veces olvidada pero que en este espacio encuentra escucha, compañía y propósito.
«Desde que pusimos en marcha este proyecto, el taller educativo para mayores, hemos visto un gran cambio emocional entre nuestros mayores gracias a la labor que hacemos desde Prodean», cuenta Maribella Zamorano, directora de la Fundación Prodean. Convencida de ello, explica que la soledad es una realidad que muchos prefieren ignorar, pero que «es algo por lo que todos vamos a sufrir en algún momento de nuestras vidas». Por eso, desde la fundación han decidido plantar cara a este reto social con un enfoque humano y práctico. El centro se ha convertido en un punto de encuentro para cerca de noventa usuarios mayores, quienes acuden semanalmente para realizar ejercicios cognitivos, participar en talleres de manualidades, informática, lectura, punto o simplemente compartir una charla. «Nuestros mayores son un tesoro que no tiene precio. Por eso, hemos creado un espacio donde puedan mantenerse activos, aprender cosas nuevas y disfrutar de la compañía de otros. Pero más allá de las actividades, lo que se genera en este espacio es una red de apoyo emocional, un refugio que transforma la rutina en ilusión. Nuestro compromiso es agradecer a nuestros mayores su enorme contribución a la sociedad y brindarles un lugar donde sentirse queridos y valorados», explica Zamorano.

El alma de este centro no sería la misma sin el trabajo constante de un comprometido equipo de voluntarios como Ana, Mercedes, Loli, Esther, Carmen, Paz y Jesús. Estas personas dedican su tiempo, experiencia y cariño a enriquecer las vidas de quienes acuden al centro. Ana Contreras, voluntaria desde hace cuatro años, lo expresa con una claridad conmovedora: «Ofrecer parte de mi tiempo en un voluntariado como este me da vida. Siempre recibes más de lo que das. Me he dedicado 30 años a la enseñanza y ahora ofrecer todo lo aprendido en mi vida es muy gratificante».
La presencia de Prodean en el barrio no ha pasado desapercibida. Muy al contrario, ha supuesto un antes y un después para muchos vecinos mayores que, tras una vida entera en la zona, se habían visto inmersos en dinámicas de aislamiento y abandono emocional. «Me ha cambiado la vida por completo. Esto ya es parte de mi día a día. Aquí tengo amigos, actividades, y, sobre todo, siento que alguien se preocupa por mí», señala Tomás García, usuario del centro social.
El impacto de la entidad va más allá del ámbito personal. Su labor tiene un importante valor comunitario y social. El centro se ha convertido en un motor de cohesión para el barrio, un lugar donde se cruzan generaciones, culturas y experiencias. Aunque el foco principal está en la tercera edad, también se desarrollan programas dirigidos a personas inmigrantes con pocos recursos, familias y niños, siempre desde esa visión integradora y humanista que caracteriza a Prodean. Pero sostener esta estructura de cuidado no es fácil. La directora de Prodean no oculta las dificultades económicas con las que lidian. «Si seguimos en pie es gracias a la financiación de empresas amigas de la fundación», asegura su directora. La llamada a las instituciones públicas es clara ya que «hacen falta muchos recursos e invertir más en ayudas sociales. Hacemos una gran labor y si no contamos con recursos suficientes no podremos seguir ofreciéndolos», añade.

Lo cierto es que la Fundación Prodean, desde su centro social en Los Pajaritos, demuestra que otra forma de envejecer es posible. Una en la que la experiencia se valora, la compañía se cultiva y la dignidad se preserva. Y, como señala María García, coordinadora de la entidad, esa es una misión que nos interpela a todos ya que «mucha gente no se da cuenta, pero la soledad no deseada no es un problema ajeno. Es una realidad que nos espera si no construimos, desde ya, redes de apoyo humano como las que ofrece Prodean». Un recordatorio de que, al final del camino, lo que más importa no son los años vividos, sino cómo los vivimos y con quién.
Puedes colaborar con la iniciativa solidaria Construyendo Esperanza en 'Los Pajaritos' de Prodean aquí.
