Un museo que se abre a los colectivos más vulnerables

El Museo de Bellas Artes de Sevilla desarrolla un programa educativo e inclusivo que ha beneficiado a más de 6.000 personas

Cuando seis jóvenes, de los programas de «Mayoría de edad» y «Pisos de emancipación» de la Asociación Paz y Bien, entran en la sala de restauración del Museo de Bellas Artes de Sevilla están callados y algo cohibidos. No han estado nunca antes en un museo, pero acaban de acceder a las bambalinas de uno. Entre algunas obras, el enorme lienzo de la Adoración de los Pastores de Pieter van Lint destaca en el centro. La restauradora Mercedes Vega, subida a un andamio, le da unos meticulosos retoques en la esquina superior derecha. Y al fondo, lo más llamativo, una radiografía de la Adoración de los Pastores de Murillo a tamaño real. «Yo no podría tener tanta paciencia, se ve complicado», reconoce Bilal, con 19 años, que vive en un piso gestionado por Paz y Bien destinado a chicos en situación de exclusión social.

A pesar del enorme volumen de trabajo con la preparación de la próxima exposición sobre Valdés Leal, la directora de museo, Mª del Valme Muñoz, saca tiempo para dirigirse a ellos. Les cuenta que de las 70 personas que forman el equipo, más todos los que vienen de empresas externas, hay de todos los campos profesionales. La importancia de los guías turísticos, de los jardineros, la limpieza o la seguridad. ¿Quién sabe si uno de estos seis jóvenes ven aquí una salida profesional?

Mª del Valme Muñoz, directora del museo

Esta visita forma parte del programa educativo «Arte Inclusivo», puesto en marcha gracias a la colaboración de la Fundación “la Caixa” y la Asociación de Amigos del Museo. Desde 2015, se vienen desarrollando distintas acciones para acercar el museo y su Patrimonio Artístico a colectivos más vulnerables, colaborando con entidades sociales y educativas especializadas; beneficiando en este tiempo a más de 6.000 personas de forma directa.

«El objetivo es hacer el museo relevante para cada tipo de grupo», cuenta Clara Bellvís, coordinadora del programa y quien acompaña al grupo de jóvenes por las diferentes salas, «en este caso pueden ver el abanico de posibilidades profesionales que abarca una institución cultural, pero cada colaboración es diferente, muy individualizada, adaptándonos a las necesidades y características de cada grupo». Clara recuerda el caso en el que alumnos de secundaria con dificultades ayudaron y se implicaron en la organización de la visita que se realizaría con jóvenes con discapacidad. O la oportunidad en otras ocasiones de presenciar el desmontaje o montaje de una exposición y conversar con la empresa al cargo.

En estos años se ha trabajado con instituciones como la Asociación Paz y Bien, Save the Children, Cáritas, la Unidad de Día San Jerónimo, el Centro Específico Doctora Mercedes San Román, la Asociación Niños con Amor o la Fundación Sevilla Acoge. El trabajo con cada una de ellas incluye actividades, visitas, orientación, formación o talleres, tanto en el propio museo como fuera delmismo, aunque siempre que es posible se promueve la visita presencial y el contacto directo con las obras de arte.

Clara Bellvís se dirige a los jóvenes

Especial atención merece la infancia, para la que están en marcha dos programas estables. Por un lado, «Revuelo en el museo. Zacarías va a la escuela», partiendo del libro de Marina García Gurevich, dirigido a centros escolares en zonas en situación de riesgo de exclusión social de Sevilla capital (Polígono Sur, Polígono Norte, Los Pajaritos, Torreblanca, Palmete, o San Jerónimo). Incluye cuentacuentos y actividades con la autora, visita al museo y taller creativo. Por otro lado, se lleva el museo al Hospital Virgen del Rocío, en concreto a las aulas hospitalarias de la primera planta y oncohematología, con actividades creativas mensuales, formación del profesorado y suministro de material educativo del museo.

«En el siglo XXI, hay que superar el concepto de un museo abierto sólo para las élites», asegura la directora, «resulta clave ir más allá de sus muros y trabajar en la inclusión de un público creciente y diverso». Y para ello el museo potencia todas la vías que faciliten este camino como el uso cercano de las redes sociales o la interesante propuesta que realizó durante el confinamiento, el Reto MBASe, donde lanzaba desafíos a las familias relacionados con piezas del museo y que tuvo una gran participación.

Fuensanta de la Paz, jefa del taller de restauración, junto a un retablo del siglo XVI en plena restauración

En el caso de los programas educativos todos los departamentos se involucran si es necesario. «Que unos visitantes entren en la sala donde trabajamos se hace de forma puntual para no detenernos», cuenta Fuensanta de la Paz, jefa del taller de restauración, «pero en cada ocasión los recibimos encantadas y vengan de donde vengan a todos les gusta». Fuensanta se detiene con los chicos de Paz y Bien y les explica cómo funciona su trabajo. Muestra la madera nueva insertada en el retablo del Salvador del siglo XVI que reposa sobre la mesa, como si de un quirófano se tratara.

También Carmen González, una de las tres encargadas del museo, dedica tiempo a estos chicos, acompañándoles durante la visita. Así, el recorrido continúa por los diferentes departamentos, patios y salas. Los jóvenes se van relajando, impresionados ante las grandes obras, especialmente con la magia de la sala V. Y se aventuran a hacer preguntas, interesándose por un museo que se afana por llegar a todos.

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