La solidaridad que se convierte en familia
Con solo 18 años, Saad Marouf habla con la madurez de quien ha tenido que aprender demasiado pronto lo que significa quedarse solo. Su historia es la de muchos jóvenes que crecen en un centro de protección de menores, pero también la de alguien que encontró una mano tendida cuando más la necesitaba. Esa mano fue la de su Familia Colaboradora, gracias al programa impulsado por la entidad sevillana Crecer con Futuro, apoyada por Fundación "La Caixa".
«Llegué a España con 8 años y con 14 mi padre me abandonó. Fue entonces cuando me metieron en un centro», recuerda Saad. Pasar la adolescencia en un centro «es vivir en un entorno muy monótono, del que es muy difícil salir», añade. Todo cambió el día en el que, a través de dinámicas conjuntas realizadas por el centro de protección, Saad conoció a Cristo y Marco, la pareja que se convertiría en su Familia Colaboradora. «Los conocí con 16 años, y desde entonces mi vida ha cambiado muchísimo. Son personas que se involucran, que se preocupan por ti, que te hacen sentir parte de algo. Gracias a ellos entendí lo que era tener a alguien esperándote fuera del centro», cuenta Marouf con gratitud.
Hoy, Saad vive en un piso de mayoría, un recurso al que acceden algunos jóvenes tras cumplir los 18 años, pero sabe que no todos tienen la misma suerte. «Muchos chicos, cuando llegan a la mayoría de edad, se quedan desamparados porque no hay sitio en los pisos. Si no tienes una Familia Colaboradora, te ves muy solo. Hay menores que no consiguen piso y acaban en la calle», lamenta Saad.
«Las Familias Colaboradoras son una vía de escape para la soledad que sentimos los que estamos en centros. Es importante que cada vez haya más, porque sin ellos no somos los mismos», confiesa Marouf. Su testimonio pone voz a una realidad que, en muchas ocasiones, pasa desapercibida. «Los jóvenes valoramos mucho cuando alguien se compromete de verdad, cuando vemos que vienen porque quieren, no porque tengan que hacerlo», añade. Pero también, Saad reconoce que no es fácil confiar al principio ya que «la mayoría de nosotros ha vivido rechazo en su propia familia, así que cuesta abrirse a nuevas personas. Por eso, son tan importantes las actividades conjuntas ya que ayudan a romper ese muro y a crear vínculos reales».
Desde la organización, Gema Carrasco, coordinadora del programa de Familias Colaboradoras, confirma que ese es uno de los mayores retos: «El mayor miedo de los jóvenes es pensar: ‘¿qué me van a ofrecer estas personas si mi familia se desentendió de mí?’. Esa desconfianza inicial es muy comprensible. Por eso trabajamos para que los encuentros sean naturales, progresivos y seguros, donde puedan comprobar que hay adultos dispuestos a estar ahí sin juzgar», señala Carrasco. Además, la adolescencia en un centro de protección se vive de forma muy diferente: «La gente tiene miedo a la adolescencia, pero es una etapa clave. Cuando no tienes una familia, tu desarrollo emocional se complica. Las preocupaciones de estos jóvenes no deberían ser si van a tener dónde vivir o quién se va a ocupar de ellos», añade Gema.
Otro problema al que estos jóvenes deben enfrentarse es que «el sistema los desvincula al cumplir los 18 años. De un día para otro dejan de estar bajo tutela y tienen que enfrentarse solos a la vida adulta. Y nadie, a esa edad, está preparado para hacerlo sin apoyo. Menos aún un joven en situación de vulnerabilidad», asegura Carrasco. Saad lo vivió en carne propia. «Cuando estaba a punto de cumplir los 18, sentía mucha ansiedad. Los meses eran como una cuenta atrás. No sabes a dónde vas a ir, ni dónde vas a vivir, ni si te va a tocar piso… Es una incertidumbre que te bloquea», confiesa. En ese momento, su Familia Colaboradora fue esencial: «Gracias a ellos, no me sentí solo. Mi vida no es la misma gracias a su apoyo».
El programa de Familias Colaboradoras de Crecer con Futuro crea una red afectiva estable para que niños, niñas y adolescentes que viven en centros de protección compartan fines de semana, vacaciones y momentos cotidianos con personas que les brinden cariño, estabilidad y referentes.
Con la campaña #AContraTiempo, Crecer con Futuro busca nuevas familias colaboradoras y visibiliza a los más de 440 menores en centros de Sevilla, dentro de los 2.400 en Andalucía. Porque, como dice Saad, «nadie elige dónde nacer, pero todos merecemos a alguien que crea en nosotros».
Conoce el vídeo de la campaña.
