San Juan de Acre: Un comedor social que no solo mitiga el hambre

El Centro de Acción Social de la Orden de Malta ofrece asesoría jurídica, formación y un dispensario médico

Hasta hace cuatro años Galyna había ido encadenando en Sevilla un trabajo tras otro; como interna o por horas, cuidando de personas mayores o de niños. Pero dejaron de llamarla y sus más de setenta años no le ayudan en la búsqueda de empleo ahora que la pensión apenas le alcanza para nada. «Pido trabajo pero no hay y si hay, piensan que una persona mayor no sirve», cuenta esta mujer ucraniana con un español cada vez más logrado. La situación la llevó a acudir al comedor social San Juan de Acre que la Orden de Malta gestiona en la calle Mendigorría.

Galyna necesita ayuda con el idioma. De las más de 200 personas que acuden al comedor a diario -que van variando hasta tener registrados en un año a unos 3.000-, unas necesitan formación para el empleo; otras, antes que nada una regulación de los papeles para poder trabajar. En definitiva, un plato de comida les mitiga el hambre, pero realmente les hace falta una mano amiga que les ayude a salir de su difícil situación. Galyna tiene alquilada una habitación en un piso que comparte con cuatro personas, pero muchos de los usuarios viven en la calle. Como Manuel, que, con un sombrero para burlar el enorme calor a las cinco de la tarde, acude al comedor pero por las noches se acomoda como puede en los alrededores de Las Setas y el día lo pasa aparcando coches. «Vengo a buscar a Ana porque he perdido otra vez el carné del comedor, me quitan mucho las mantas, la ropa y todo lo poco que tengo», cuenta resignado en la puerta del comedor.

Galyna, tras recibir su menú en el comedor
Ana Muñoz, trabajadora social de la entidad

Ana Muñoz es la trabajadora social de la Orden de Malta. «La inquietud por ayudarlos siempre la hemos tenido», indica a Sevilla Solidaria, «pero contar con el Centro de Acción Social nos da la posibilidad de un espacio donde desarrollar esta ayuda plenamente». La entidad inauguró el pasado abril un local en la calle Torneo donde poder realizar actividades con las que ayudar tanto a los usuarios del comedor como a las más de 40 familias que se benefician de su despensa solidaria, con la entrega de alimentos frescos o no perecederos.

Además del trabajo de Ana, en el centro voluntarios de la entidad prestan servicios de asesoría jurídica y una de las novedades implantadas gracias a este centro han sido las clases de apoyo escolar para los niños de las familias atendidas en la despensa. Este curso se les ayudó con las tareas de clase y mientras tanto se trabajó con ellos la discriminación digital y el uso responsable de las redes. «Con este servicio también se implementa el compromiso de las familias», cuenta la trabajadora social, «para ellos, por ejemplo, pondremos pronto en marcha unos cursos de aprovechamiento de frutas y verduras».

El papel de los voluntarios es fundamental tanto en el comedor San Juan de Acre como en el Centro de Acción Social
Desde que estalló la pandemia los menús se entregan en bolsas a los usuarios

Para septiembre hay muchas ideas que por fín se harán realidad. Se trabaja en implantar cursos de formación para los adultos, tanto usuarios del comedor como de la despensa, y también un dispensario médico. «Esta acción nos permitirá poder mantener un control de los tratamientos de las personas sin hogar», indica Miguel Enrile, presidente de la Orden de Malta en Andalucía. «podremos guardarles su medicación en neveras, y también en los casos que nos sea posible ofrecerles atención bucodental para que puedan buscar trabajo con la boca en mejores condiciones ya que la imagen también es fundamental».

El Centro de Acción Social se inauguró el pasado abril

El Centro de Acción Social ha supuesto un enorme paso adelante para la Orden de Malta en Sevilla y su labor de ayuda a colectivos vulnerables. Para Ana contar con un espacio propio ha sido fundamental, más ahora en situación de pandemia. «El Covid no solo nos ha puesto barreras físicas sino también ha dificultado la manera de acceder a ellos», cuenta. Añora la forma en la surgía la conversación cuando los usuarios podían almorzar sentados en las mesas del comedor San Juan de Acre, con los voluntarios sirviéndoles lo que necesitaran. Sin prisas, sin distancia de seguridad. Ahora que recogen el menú en la puerta, todo es mucho más rápido. «Siempre ha sido un proceso largo, porque les cuesta pedir ayuda», cuenta.

La mayoría de ellos acude a Ana por la recomendación de otros usuarios o de otra entidad. Y muchos de ellos también gracias a la labor de voluntarios de la Orden de Malta que a través del proyecto «desayuno solidario», charlan con personas sin hogar de forma distendida para darles compañía pero también para descubrir necesidades y plantear salidas. «Luego, cuando finalmente hablan conmigo les ayudo en lo que puedo», continúa Ana, «o los derivo a recursos nuestros, como la asesoría jurídica o la despensa, o a una entidad específica para su caso, como puede ser las relacionadas con la inmigración».

Ana deriva a los usuarios a los diferentes recursos de la Orden de Malta

A través de ese recorrido se van dando casos de éxito. «He atendido a personas que conocimos porque acudían al comedor, luego solo necesitaron la entrega de alimentos con la despensa y, por último, les acompañamos en la búsqueda de empleo hasta que no necesitaron más ayuda», explica Ana. Un acompañamiento que se desarrolla gracias a la implicación de más de 300 voluntarios, entre los que se turnan cada día para atender al comedor y los abogados, médicos y profesores para la acción social. No hay satisfacción más grande para la Orden de Malta que comprobar que sus usuarios no los necesitan. Tenderles la mano hasta que puedan soltarla.

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