Salvar la vida de un desconocido con su médula: la historia de la sevillana Esperanza

La joven de Dos Hermanas tuvo la oportunidad de donar médula ósea este junio, enorme gesto que no dudó a pesar de que le dan miedo las agujas

Fue el pasado 7 de junio cuando Esperanza López, con un gran gesto y tres horas en una camilla, convirtió su nombre en mucho más que un elemento identificativo. Donó su médula para que optimismo, ilusión y alegría viajaran con sus células sanas hasta Francia para un paciente que lo necesitaba.  «El dolor que he podido sentir con un pinchazo es insignificante comparado con el que habrá estado soportando quien lo ha recibido», cuenta, feliz y satisfecha, porque al poco tiempo recibió una carta del hospital donde llegó su donación para comunicarle que el paciente al que había ayudado recibiría el alta en pocos días. Ella lo había curado. Por desgracia, no ocurre siempre.

A principios de este año Esperanza, de Dos Hermanas y 30 años, se registró en la base de datos de REDMO como donante de médula. El registro es un compromiso para estar a disposición en cualquier momento de ofrecer células madre de la sangre, de forma anónima y altruista, a cualquier paciente del mundo que lo necesite y que sea compatible. Y es que el trasplante de médula ósea es la única esperanza para muchos afectados de leucemia y otras enfermedades de la sangre. «Me informé previamente de todo lo que implicaba, eso es muy importante, pero, sinceramente, pensaba que nunca me iban a llamar», reconoce. El concepto no le era nuevo. Su tía, la también nazarena María Pérez, había perdido a un sobrino pequeño años atrás y había puesto en marcha la asociación Acaye, muy comprometida con dar difusión  a este gesto y con el Centro de Transfusión de Sevilla.

«Mi idea ese día era donar sangre pero no me dejaron porque tengo problemas de anemia», recuerda. De hecho, esta donante de médula nunca ha donado en cambio sangre. Por entonces le daban pánico las agujas y aún así le extrajeron un pequeño bote de sangre para su análisis.

A los dos meses recibió una llamada que no pudo atender y de inmediato un mensaje de texto, inesperado, de la Fundación Josep Carrera. «Al principio pensé que era SPAM o un timo, pero cuando me di cuenta me puse muy nerviosa y lo primero que hice fue llamar a mi tía», continúa su relato. Fue María quien la tranquilizó y le abrió los ojos ante la oportunidad que tenía por delante: la opción de salvar una vida. Ella misma estaba en el registro desde hacía 30 años y nunca la habían llamado. «Mi tía y su familia sufrieron mucho con el fallecimiento del pequeño y lo vivieron todo muy de cerca, me dijo que había una familia ahí afuera esperando con ansia que le dijeran que había donante y yo lo podía hacer posible», continúa.

Desde ese mismo momento, la Fundación Josep Carrera se lo puso todo fácil a Esperanza. También en el hospital Virgen del Rocío, entre electros y análisis de sangre, para comprobar que todo fuera correcto. Antes de la intervención final, Esperanza debía ponerse en casa unas inyecciones durante cinco días. «A mí no me costó ni me dolió, ya ves, aunque me daban miedo las agujas, pero esta es muy pequeñita y me la puso mi madre», cuenta. Se trata de la inyección de unos agentes llamados «factores de crecimiento» que hacen pasar las células madre de la médula al torrente sanguíneo. «Sí que me dio el último día como una gripe sin fiebre, me dolía la cadera y la espalda, algo que puede pasar en el proceso, pero no es comparable con la reacción a la vacuna del Covid un mes después, que me puse peor».

Esperanza durante la donación

Cuenta que el malestar se le fue de forma gradual y efectiva al día siguiente, el lunes que acudió a donar su médula. Con dos vías, una en cada brazo, no notó nada. En las tres horas que duró la extracción, se fue encontrando a cada minuto mejor. Así se lo escribió en una carta a quien recibió la donación. Una oportunidad que dan desde la fundación. Esperanza no dudó en advertirle que si la necesitaba en otro momento allí estaría.

«Lo haría de nuevo, lo tengo clarísimo», cuenta feliz y entusiasmada. Aunque le resta importancia a su gesto en la víspera al Día Mundial del Donante de Médula Ósea, que se celebra este sábado 18 de septiembre: «sé que si la gente supiera en qué consiste realmente muchas más personas se apuntarían». Ya una compañera del trabajo se ha inscrito como donante después de escucharla, y sus amigos están convencidos de hacerlo. «Yo les digo que no lo digan, que lo hagan», replica entre risas. «Si llego a saber lo que era lo hubiera hecho mucho antes». Toda persona interesada en ser donante, que tenga entre 18 y 40 años, puede ponerse en contacto con el Centro de Transfusión, Tejidos y Células de Sevilla, como centro de referencia de REDMO, para más información.

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