Un refugio donde también se cura la familia
Después de cuarenta días ingresado, varias semanas de idas y venidas al hospital y un sinfín de momentos cargados de miedo y esperanza, el pequeño Matías, de apenas dos años, pudo por fin regresar a casa esta semana. Su vida —y la de su familia— dio un giro inesperado el pasado mayo, cuando un derrame cerebral sacudió de lleno la rutina de un hogar que nunca imaginó enfrentarse a algo así.
El impacto fue devastador. Sus padres, Jesús y María, y su hermana mayor, la pequeña María, de cinco años, tuvieron que aprender a vivir entre quirófanos, informes médicos y la incertidumbre que acompaña a cada diagnóstico. Tras una primera operación en Almería, la ciudad donde residen, intentaron recuperar la normalidad poco a poco.
Pero la tranquilidad fue breve. A finales de verano, cuando todo estaba listo para que Matías empezara la escuela infantil, una revisión rutinaria volvió a encender todas las alarmas. El futuro que parecía encauzarse quedó, de nuevo, suspendido. Al pequeño Matías le detectaron varios aneurismas en una de las venas principales que riega el cerebro y le trasladaron de urgencia al Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla.
Cuando Matías tuvo que ser trasladado a Sevilla para su tratamiento, la familia se enfrentó a un nuevo reto: estar cerca del hospital sin alejarse demasiado. Fue entonces cuando encontraron la Casa Ronald McDonald, un recurso de la Fundación Infantil Ronald McDonald.
Situada a pocos minutos del hospital, la casa dispone de veinte habitaciones diseñadas para familias de entre tres a cinco miembros, con baño propio, terraza y varias zonas de estar. Pero estas comodidades externas no son comparables a la percepción de las familias que habitan en la casa. Para Jesús, padre de Matías, se trata de «un hogar fuera del hogar». Un espacio que, aún estando lejos de su casa real, les ha permitido mantener cierta normalidad, descansar, estar en contacto con otras familias en la misma situación y así afrontar, con algo de calma, un trance tan duro. En palabras de Jesús, la Casa Ronald McDonald es «un refugio para las familias, un sitio donde te comprenden y un hogar fuera de casa».
Además, la casa no sólo proporciona un techo, sino un acompañamien- to emocional, social y práctico: talleres, actividades para los niños o apoyo de voluntarios. Todo ello pensado para que el duelo, la espera y la incertidumbre pesen menos.
Así define Javier Pavo, gerente de la Casa Ronald McDonald de Sevilla, el espíritu y objetivo de este recurso: «El cuidado centrado en la familia». En el año y medio que la casa ha tenido abierta sus puertas, han pasado por ella más de trescientas familias que han tenido a sus hijos ingresados en el hospital. «La demanda crece, pero lo bueno es que acogemos a familias desde un día hasta más de un año, por lo que siempre hay rotación», señala Pavo.
En ese reconocimiento también están presente la labor de varias entidades que han contribuido al impulso de la Casa Ronald McDonald de Sevilla, como Fundación “la Caixa”, que ha apoyado este proyecto a través de las Con vocatorias de Proyectos Sociales. De hecho, con motivo del Día Mundial de la Infancia, la Fundación “la Caixa” refuerza su compromiso con el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. La lucha contra la pobreza infantil es una de las líneas de acción prioritarias de la entidad, que invertirá más de 4.000 millones de euros hasta 2030 para impulsar la transformación social.
Gracias a este apoyo y al impulso de la Fundación Infantil Ronald McDonald, la Casa Ronald McDonald de Sevilla ha logrado convertirse en un refugio para las familias, como la del pequeño Matías. Precisamente ese entorno de cercanía y solidaridad ha permitido a la familia mantenerse unida en un momento tan crítico. En la Casa Ronald McDonald la rutina se ha hecho más llevadera: los padres podían acompañar a Matías y la hermana mayor venir a visitarlo, y toda la familia han encontrado un apoyo emocional de otras familias que están pasando por situaciones similares. Por eso, cuando por fin ha llegado el alta hospitalaria, Jesús y María no sólo han regresado a Almería con su hijo fuera de peligro, sino también con la certeza de haber encontrado, en medio del temor y la incertidumbre, un lugar donde se han visto arropados. Un hogar donde el dolor se transforma en fortaleza y la soledad en comunidad.
