Paco Arango: «Me he especializado en acompañar a los niños que no superan el cáncer»

El presidente de la Fundación Aladina lleva acompañando más de dos décadas a niños con cáncer y a sus familias como propósito vital

En los pasillos de los hospitales infantiles conviven dos fuerzas aparentemente irreconciliables. Por un lado, el sufrimiento más injusto; por otro, una forma de amor que desarma cualquier lógica. Paco Arango lleva más de dos décadas caminando entre ambas realidades. Allí, acompañando a niños con cáncer y a sus familias, ha encontrado no solo su propósito vital, sino también una manera distinta de entender el mundo.

Después de muchísimos años de vivencias intensas, ha decidido dar un paso más y convertir esa experiencia en palabras. Así nace ‘Si no crees en Dios, te doy su teléfono’, un libro que, lejos de plantearse como un tratado religioso, se presenta como un testimonio profundamente personal. Sin embargo, la decisión de publicarlo no fue inmediata. «Lo que yo he vivido desde hace más de dos décadas es tan extraordinario que dudé mucho en sacar el libro», reconoce. Durante todo este tiempo, Arango ha estado cerca de los casos más duros, aquellos en los que la enfermedad no da tregua. «Es cierto que el 80% de los niños se curan, pero el 20% no. Y yo me he especializado en acompañar ese 20%», explica el autor.

Un libro para abrir puertas

A través de sus páginas, Arango recoge experiencias que, según él, solo pueden entenderse “en clave de amor” y, en muchos casos, también como pequeños milagros cotidianos. «Pensé que iban a creer que se me había ido la cabeza», confiesa, consciente de lo difícil que resulta trasladar ese tipo de vivencias sin generar escepticismo.

Aun así, decidió hacerlo con un objetivo claro: abrir una puerta. No tanto convencer, como invitar a mirar desde otro lugar. «Es un mensaje de esperanza y de fe. Si tienes fe, lo vas a aguantar, pero si eres agnóstico o ateo, quizá te abra una puerta», afirma. En ese sentido, insiste en que el libro no busca intermediarios ni dogmas. «El mensaje es que tú no necesitas un intermediario para llegar a Dios. Y si no sabes cómo, haz un poco de caridad, porque si haces caridad, viene por ti», añade.

Señales que desafían la lógica

«He vivido cosas que podrían ser de una película de Harry Potter», destaca Paco. Gran parte de ese planteamiento nace de lo que él denomina “señales”. Episodios difíciles de explicar que, sin embargo, se repiten con una frecuencia que le impide ignorarlos. Habla de sueños compartidos, de intuiciones que cambian decisiones límite o de coincidencias que parecen tener un significado oculto.

Entre esos recuerdos, hay historias que le han marcado de forma especial. Como la de un adolescente que, durante semanas, evitaba dormir por miedo a un sueño recurrente. «Me decía: “Paco, no me duermo porque veo un túnel de luz y hay una puerta al final. No quiero abrirla”», relata. Cuando llegó el momento final, Arango decidió acompañarle de otra manera. «Le cogí la mano y le dije: “Vamos a coger el túnel, y si no te gusta lo que ves, volvemos”. Le pedí que abriera la puerta… y se fue a la luz», relata Paco.

En otra ocasión, tras la muerte de un joven con un prometedor futuro en el deporte, vivió una experiencia que todavía hoy le resulta imposible de olvidar. «De repente oigo un ruido brutal en mi terraza. Salgo y había una lechuza enorme, como la de Harry Potter», recuerda. La escena, aparentemente casual, coincidió exactamente con el momento del fallecimiento. «En muchas culturas indígenas, la lechuza es el ave que comunica la vida y la muerte. Para mí fue su forma de despedirse», añade con emoción.

De una experiencia personal a una red que acompaña

De esa forma de entender la vida nació también la Fundación Aladina, una organización que hoy está presente en 22 hospitales públicos y que ha destinado más de 30 millones de euros a la lucha contra el cáncer infantil. Lo que comenzó casi como una reacción personal terminó convirtiéndose en una red de apoyo fundamental para miles de familias.

Con el paso del tiempo, la fundación ha ampliado su alcance más allá de España, interviniendo en contextos especialmente complejos como conflictos bélicos o crisis humanitarias. «Un niño es un niño esté donde esté», resume Arango, dejando claro que la causa no entiende de fronteras.

La felicidad como forma de resistencia

En el día a día, el trabajo de la Fundación Aladina se traduce en algo tan esencial como difícil de garantizar, que es preservar la felicidad de los niños incluso en medio de la enfermedad. Y, contra todo pronóstico, esa felicidad existe. «Te sorprendería la alegría que hay en un hospital de niños con cáncer. Es el mayor espectáculo de amor que hay», asegura.

Esa experiencia ha marcado también su forma de afrontar el dolor. Porque, aunque la esperanza es constante, la pérdida también lo es. En esos casos, la fundación acompaña a las familias durante el duelo, generando espacios donde compartir el sufrimiento se convierte en una herramienta de sanación. «Cuando te encuentras con alguien que tiene la misma pena que tú, ocurre algo muy poderoso», explica.

Cuando la fe deja de ser una idea

En lo personal, Arango reconoce que su motor para seguir adelante se centra en la responsabilidad hacia cada nuevo niño que llega. Después de todo lo vivido, su conclusión es tan sencilla como contundente. «No está en juego ni la vida ni la muerte. En juego está el amor», asegura. Y añade, casi como una síntesis definitiva: «Dios no pasa de un niño enfermo. No puede intervenir como querríamos, pero hace muchas trampas para arreglar las cosas».

Con ese espíritu, el libro no solo busca compartir experiencias, sino también invitar a una reflexión más profunda sobre el sentido de la vida. Quizá, como sugiere Paco, no tanto para encontrar respuestas, sino para atreverse —aunque sea por un instante— a mirar donde normalmente apartamos la vista.

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