Monitores con Síndrome de Down imparten talleres científicos a colegios sevillanos
Hace años que la Fundación Ayesa abre las puertas de su edificio de la Cartuja con talleres científicos para colegios, con el objetivo de despertar en alumnos el interés por la tecnología y la ingeniería. Pero este mayo el programa denominado Stem Academy ha presentado una novedad. Los monitores que guiaban a los niños en cada taller tienen una particularidad que no afecta al transcurso de la visita pero que demuestra a los chicos desde muy pequeños que la discapacidad no es impedimento para formar parte de la sociedad en ningún sector, ni siquiera el tecnológico. No hay mejor forma que con monitores con Síndrome de Down.
Martina Fernández, de 22 años, explica resuelta a cinco alumnos cómo encontrar a Wally en la pantalla a través de la Realidad Aumentada. «Utilizo muchos las redes sociales, Instagram, Facebook, pero sobre todo me encanta subir bailes en Tik Tok», cuenta Martina orgullosa a Sevilla Solidaria en un descanso. Pero lo que más le gusta de esta experiencia es el trato con los niños. «Me gusta estar con ellos, soy tía y me llevo muy bien con mi sobrino».
El trato con los chicos es también el punto que más le llama a Adolfo Barrosa, de 35 años. Él guía a los niños en la aplicación SandAR, con la que pueden explorar accidentes geográficos y el ciclo del agua mediante realidad aumentada sobre arena. «Es muy curioso y se nota que a los niños les gusta», cuenta. Su debut y primera toma de contacto con esta actividad fue en la Feria de las Ciencias. Tras diferentes prácticas laborales y algún trabajo esporádico, Adolfo ahora está centrado en prepararse unas oposiciones de ordenanza del Estado.
Un total de diez usuarios de la asociación Down Sevilla han sido formados para esta actividad, a través del convenio con la Fundación Ayesa, y cuentan con el apoyo de personal de la fundación aunque ellos llevan el peso del taller. Cinco de ellos participan en cada jornada, turnándose en los tres talleres que se llevan a cabo y en los que a su vez va rotando la clase escolar. «El objetivo es visibilizar que las personas con Síndrome de Down son capaces de cualquier cosa con los apoyos necesarios», explica María García Bautista, directora-gerente de la asociación, «y en un mundo donde la tecnología está tan presente ellos pueden desarrollar las competencias necesarias para formar parte de ella».
Y lo cierto es que los alumnos, de entre 4º de primaria y 2º de ESO, lo aceptan con naturalidad. Es el colegio de Las Irlandesas del Aljarafe el que ha acudido este último viernes. A ellos nada les ha supuesto una sorpresa porque la otra clase de quinto de primaria ya había estado la semana anterior y les había contado en qué consistían las actividad. También que los monitores tienen Síndrome de Down. «Nosotros no les avisamos, pero los compañeros hablan entre ellos y habían quedado en ser respetuosos y no hacer comentarios al respecto», cuenta la profesora Ana Navarro, «yo he sido maestra de educación especial y esta experiencia me parece muy acertada, porque para la mayoría es la primera vez que tienen contacto con una persona con discapacidad adulta, trabajando, y ven que pueden llevar una vida normalizada».