«Me di cuenta de que la impresión 3D servía para ayudar a los demás y mucho»

Guillermo Martínez soñaba de pequeño con ser inventor. Hoy ayuda a más de 350 personas al año entregándoles de forma gratuita prótesis de brazo impresas en 3D

Guillermo Martínez soñaba de pequeño con ser inventor. En un cuaderno iba dejando constancia de todo un torrente de imaginación y destreza con el diseño de máquinas. Y a medida que los años pasaban su mundo se hizo más grande y se dio cuenta de cuanto bien podía hacer a otras personas con la tecnología. Con solo 22 años, tras estudiar ingeniería industrial y trabajar diseñando juguetes electrónicos, surgió un viaje a un orfanato de Kenia. Con una impresora 3D fabricó en su propia habitación las primeras prótesis que se hacían para personas sin codo y a aquella comunidad las llevó. Ver las caras de quienes las recibieron y sus testimonios es el desencadenante de una ONG que hoy entrega al año de forma gratuita 350 brazos a personas de más de 55 países: Ayudame3D. Premio Princesa de Girona y uno de los 23 jóvenes under 35 llamados a liderar la revolución tecnológica, a Guillermo ya no hay quien le pare. Este martes 19 de octubre es uno de los conferenciantes en la edición online de 2021 del Congreso Lo Que De Verdad Importa para Sevilla y Málaga.

¿Cuando eras pequeño qué querías ser de mayor?

Inventor de cachibaches, como Doraimon -ríe-. Era un niño que se despistaba con facilidad, quería saber cómo funcionaban la cosas y buscar soluciones a lo que no me gustaba hacer. No quería hacer la cama o los deberes, y diseñaba un robot que me los hiciera. Apuntaba todo un cuadernito para que en el futuro hubiera un maquina que los fabricara. Y buscando el interés propio me di cuenta que también podía ser para otras personas que realmente necesitaran.

¿Cuándo te llegó la oportunidad de ayudar?

Acabé la carrera y quería desconectar un poco. Una amiga de mi hermana había ido como voluntaria a un orfanato de Kenia y pensé en ir también. Pero pensé que podía aportar algo propio. Supe que en aquella comunidad había personas sin brazos y vi la posibilidad de hacer una prótesis. Ya existía algo parecido pero nada para personas sin codo.  Me lo llevé allí, se probó y funcionó. Fue la chispa que prendió todo. Me di cuenta de que la impresión 3D servía para ayudar a los demás y mucho.

¿Qué habías hecho antes con la impresora?

Empecé con muñequitos de Star War, de Pokemon... Yo trabajaba como diseñador de juguetes. He tenido la gran suerte de dedicarme a eso, un trabajo de ensueño. He hecho robots, drones... lo que me ha permitido aprender y desarrollar nuevas ideas.

¿Cómo fue el viaje?

Fue un viaje en solitario sin saber muy bien por qué iba. Supuso un cambio total en mi vida. Ya en el momento en el que meto cinco brazos en la maleta todo cambia. Descubrí gente increíble. Y sobre todo pude conocer a quienes lo recibieron: un campesino, una ama de casa, un profesor de primaria... que te dicen que por fin van a coger una pala, ayudarán en casa, o podrán por fin dar clase con una tiza y un libro en cada mano. Y eso no se podía quedar ahí, tenía que ayudar a más personas.

¿Qué ocurre cuando vuelves a España?

Lo primero que hago es crear una web que se llama Ayudame3D para que toda persona que lo necesite me pueda escribir y pedir un brazo de manera gratuita. Funciona muy bien un vídeo que subo, salgo en las noticias y se vuelve viral.  Voy haciendo los dispositivos que me piden en mi tiempo libre. Y no para de crecer, llegando a 10 países, luego 20, luego 30... hasta que me doy cuenta de que no tengo vida. Así que decido dejar el trabajo, que también estaba de profe en la Universidad. Fue la mejor decisión que pude tomar, porque ya con todo mi tiempo pude ayudar más. Creé una una red de voluntariado y ahora somos más de 100 personas por toda España con una impresora 3D que ayudamos desde casa. En vez de hacer 3 o 4 brazos a la semana, ahora son 350 al año por más de 55 países. Les facilitamos al voluntario el diseño y los materiales y así con su hobby puede ayudar a los demás. Ahora mismo hay de todo. Desde niños con sus padres hasta personas jubiladas con la impresión 3D como hobby.

¿Cómo os financiáis?

Tenemos parte de socios y de donaciones como una ONG al uso. Por otro lado, acercamos la tecnología a colegios y empresas. En los colegios, por ejemplo,  llevamos  impresoras 3D, formamos a los profes y durante un trimestre los niños pueden hacer brazos, pantallas faciales contra el Covid o cajas que cubren la bolsa de quimio de niños y niñas en hospitales con símbolos de superhéroes, un proyecto precioso que también tenemos.

¿Pudiste imaginar al principio el alcance que iba a tener Ayudame3D?

No, de hecho estuve dos años sin querer aceptarlo. Pero desde que nació era un proyecto guay, innovador. No solo quería entregar brazos sino divulgar el valor de la tecnología. Y ahora, además de los brazos, entregamos las impresoras que los hacen. En Kenia hemos formado en impresión 3D y desde allí están ayudando a gente que lo necesita. Hay dos estudiantes muy preparados con unas capacidades profesionales impresionantes. Empodera el territorio y genera riqueza.

¿Cuándo fue?

En febrero de 2020. Volvimos a España muy ilusionados para desarrollar el proyecto en otros países pero estalló la pandemia. Nosotros comenzamos a fabricar pantallas faciales para más de 20.000 personas cuando no habían mascarillas. Enfrascados en eso, de repente desde Kenia me llaman y me dicen que también están haciendo pantallas allí. Fue bonito ver que estaban ayudando a todo el pueblo de al lado. Lo necesario que es no solo dar el pescado sino la caña.

¿Era la misma zona a la que fuiste cuando comenzó todo?

Sí, me hice colega de la gente de allí.  Volví a ver a unos cuantos de los que ayudé la primera vez, y estaban muy agradecidos. Uno me explicó que lo quería del color de su piel, porque lo tenía gris, y  le hice las piezas específicas para cambiarlo. Nos hemos dado cuenta que a nivel psicológico son muy importante los detalles. Se han rediseñado los dispositivos mucho, les hemos puesto nudillos, uñas...

Desde 2017 Ayudame3D ha evolucionado mucho

Nos hemos profesionalizado. Hemos creado un departamento de I+D, que es de lo que más orgulloso estoy. Podemos crear cosas nuevas que le sirvan a una sola persona, algo que en otro tipo de empresa no es rentable, pero eso nos da igual.

¿Con qué casos te quedas?

Al final te quedas con los primeros, por ser los que te cambiaron la vida. Pero también con los que veo. Personas mayores que no pueden soportan el peso de una prótesis normal; o niños que quieren un brazo de Spiderman o de Frozen. Eso es lo más bonito, que estén felices y a gusto con ellos.

¿Qué es lo que de verdad importa?

Darte cuenta de que no hace falta esforzarte en ayudar, tienes que hacerlo con lo que te gusta. Si te gusta cocinar, cocina; si te gusta el fútbol, haz torneos solidarios; si te gusta la impresión 3D fabrica productos que ayuden a los demás. Lo que de verdad importa es ayudar con ganas.

Congreso Lo que de verdad importa

La Fundación Lo Que De Verdad Importa será nuevamente testigo de cercanas y conmovedoras historias en sus tradicionales congresos. En Sevilla la edición vuelve a ser online el próximo 19 de octubre y se podrá seguir de forma gratuita. Junto a Guillermo Martínez, contarán también su experiencia el presentador y capitán de barco Quico Taronjí; y el deportista solidario, Álvaro Trigo.

Comentarios