Canastas sin barreras
Álvaro corre de un lado a otro en las canchas de baloncesto del colegio Sor Ángela de la Cruz, feliz y divertido. Su entrenador le llama junto a sus dos compañeros de equipo, hace caso de las indicaciones y tira a canasta. Que enceste o falle ahora es lo de menos, lo importante es que participa junto al resto de jugadores. Álvaro tiene 12 años, juega con el equipo especial del Club Macasta y tiene autismo. Esto no impide que practique el baloncesto como los demás niños del club.
El Club Baloncesto Macasta inculca desde 2010 la pasión por este deporte a los niños y jóvenes de la zona céntrica de Sevilla. Hace dos años, su presidente, Javier Moreno, quiso que los niños con discapacidad, quienes celebraban y disfrutaban de los éxitos tanto como los jugadores, también pudieran disfrutar del baloncesto. Para ello creó con la ayuda de María Rangel, profesora de pedagogía terapéutica, un equipo pensado para ellos.
Por ahora son tres los jugadores. Álvaro, Bruno y Miguel. Los tres con autismo. Para ellos, las tardes que entrenan en el colegio Sor Ángela de la Cruz son una vía de escape. Disfrutan del deporte y la actividad les sirve para desarrollar la psicomotricidad. «Intento desarrollar que tengan un poco de coordinación, que se muevan y que aprendan a botar la pelota, que es un gesto que a nosotros nos puede parecer simple pero que para ellos es muy complejo», indica a sevillasolidaria.es Mario Vera, entrenador del equipo.
Otro de los beneficios de participar en este equipo es la sociabilización, no solo entre ellos sino también con jugadores sin discapacidad de otros equipos fomentando la integración. De dos días a la semana que entrenan, los jueves realizan actividades conjuntas con el equipo de benjamines de Macasta. «Los benjamines conocen a nuestros niños y ponen de su parte, si ven que a alguno no le está saliendo algo bien ellos mismos son los que les ayudan. Pero no hay diferencias, estamos todos juntos», explica Mario.
En el caso de Juan Luis Franco, padre de Álvaro, dos de sus hijos juegan al baloncesto en Macasta. Miguel juega en el equipo infantil y Álvaro, de 12 años, está en el equipo especial. «Aquí está disfrutando, está jugando con sus amigos y los martes y los jueves viene tan contento», indica satisfecho Juan Luis refiriéndose a su hijo Álvaro.
Ahora padres y entrenador lo que desean es que se apunten más jugadores. El acceso está abierto para niños aproximadamente entre 10 y 15 años, solo deben pagar la cuota del club similar al del resto de los equipos. «Entiendo que los padres con niños con alguna discapacidad solemos tenerles una agenda repleta con las rehabilitaciones y actividades extraescolares, pero lo cierto es que aquí mi hijo se divierte mucho y está avanzando», cuenta Isabel López, madre de Miguel, con una lesión cerebral de nacimiento que le ha afectado a numerosas conductas, por lo que también tiene un trastorno del espectro autista.
«Él mira para un lado y quiere andar hacia otro, pero al jugar al baloncesto, como es algo que le interesa, con mucha ayuda tira a la canasta mirándola, prestándole atención», añade. El deporte, una vez más, demuestra que es sinónimo de salud, y pone de manifiesto que la igualdad y la integración son posibles.