«Llevo dos años conviviendo con la soledad»
La soledad puede llegar a cualquier persona en cualquier momento, y también la sufren los jóvenes. Isabel tiene 28 años y lleva dos años conviviendo con la soledad, debido a muchos problemas familiares que le provocaron un desarraigo de su familia. «De niña sufrí abusos por parte un familiar, lo denuncié, y mi entorno no lo aceptó. Lo tomaron muy mal y a partir de aquí rompimos completamente la relación. Sufrí mucho durante algunos años y, hace dos, llegó un día que tuve un intento autolítico. Tuvieron que ingresarme de urgencia en el hospital y estuve cerca de dos meses. Este fue un punto de inflexión para no volver a casa nunca más», explica Isabel.

Desde el mismo hospital derivaron a Isabel a la Asociación Realidades. La entidad se encarga de desarrollar su acción social en distintos campos, todos necesarios para conseguir la integración social real de las personas que están sin hogar, fomentando su autonomía e introduciendo cambios positivos en su vida, más allá de paliar temporalmente sus necesidades. En la asociación conocieron su caso y le asignaron una vivienda junto con otras dos chicas, donde comenzó su nuevo camino. «Desde la Asociación Realidades me derivaron a Cruz Roja, donde me encontré con proyecto CRECE. Teniendo en cuenta como vivía antes y con la gente que tenía alrededor, mi vida dio un cambio radical en todos los sentidos. Actualmente, trabajo en una empresa de seguros y soy sociosanitaria. Estoy sola, pero todo lo que he conseguido es gracias a mi esfuerzo, he estado mentalmente muy mal, pero tengo mucha fuerza interior, lo que me ha hecho salir adelante. Gracias a CRECE he crecido personalmente. Compartir mi experiencia personal me ha ayudado mucho a llevarlo mejor, por ejemplo, en iniciativas como Biblioteca Humana cuyo objetivo es paliar la soledad no deseada a través de relatos e historias personales», asegura Isabel.
Generalmente la sociedad relaciona la soledad con las personas mayores, pero Isabel es el reflejo de muchos jóvenes que sufren la soledad no deseada. «Siempre me quedaré con la espinita de que hubiera pasado si la situación se hubiese sido de otra manera, pero a veces hay que tomar decisiones duras para salir adelante. En mi caso, decidí emprender un camino de soledad para mejorar mi vida. Lo que me anima a salir adelante es mi perra Aria. Lleva siete años conmigo y luché mucho para poder tenerla a mi lado. Además, durante estos dos años he encontrado gente muy buena tanto en la Asociación Realidades como en Cruz Roja, pero por mucha gente que conozca es difícil paliar ese sentimiento de soledad».
«La misión del proyecto CRECE es combatir la soledad no deseada generando respuestas que aborden de manera integral los factores de vulnerabilidad de las personas en dificultad social que pueden acelerar el proceso de institucionalización», asegura María Rodríguez, técnica de inclusión social del proyecto CRECE en Cruz Roja Sevilla. El proyecto CRECE es una iniciativa nacida en 2022 con la que, desde Cruz Roja, contribuyen a un modelo de cuidados y a la prevención de la institucionalización. Es un proyecto transversal que busca dar respuestas a los diferentes factores de vulnerabilidad de las personas participantes en el proyecto. «A través de todas las iniciativas que van surgiendo en el proyecto CRECE tendemos puentes entre las personas y sus comunidades o entornos. Todos los participantes con los que actualmente contamos y las nuevas incorporaciones, exponen los problemas existentes en sus entornos para directamente plantarles cara. Una vez detectadas esas vulnerabilidades, se integran en un itinerario de participación comunitaria a partir de los factores de vulnerabilidad identificados, como por ejemplo hacemos en la Biblioteca Humana».

Isabel forma parte de CRECE, y gracias a este proyecto y a su esfuerzo personal ha conseguido salir adelante haciendo frente a las dificultades. También, desde CRECE buscan que «las personas en dificultad social mantengan una vida autónoma y participen en su comunidad durante el mayor tiempo posible sin que sea reducido el ejercicio de sus derechos», añade Rodríguez. A través de este proyecto, Cruz Roja pretende contribuir a que la intervención comunitaria se establezca en la entidad, fortaleciendo las redes de apoyo y que las personas permanezcan en su entorno el mayor tiempo posible, y que sea transferible a otras entidades y a las políticas públicas del sector.
«En este mundo solo nos tenemos a nosotros mismos. Siempre esperamos de otros, pero realmente eres tú mismo el que está contigo siempre. Tenemos que aprender a estar solos, tenemos que conocernos a nosotros mismos y darnos esa oportunidad de decidir que nos merecemos. Somos seres sociales necesitamos compañía y socializar, pero para mí una de las cosas que más me ha ayudado es aprovechar mi soledad para conocerme a mí y, cuando me conozca y me respete al cien por cien, será cuando pueda elegir a quien quiero que forme parte de mi circulo», concluye Isabel.