Las Leonas del Guadalquivir: mujeres que plantan cara al cáncer de mama con el remo

Cincuenta mujeres en distintas fases de la enfermedad, también con metástasis, participan en un proyecto de investigación de la Universidad de Sevilla

Hay una embarcación de remo que cuando surca el Guadalquivir, recibe aplausos y gritos de ánimo desde cada puente. Un grupo de cincuenta mujeres se va alternado de cinco en cinco sobre ella martes y jueves, con camisetas rosas, poniendo ánimo, fuerza y muchas ganas. Y es que no solo hacen avanzar al barco, también cargan de energía sus vidas con el deporte, la brisa y el compañerismo para mirar de frente y sin miedo al cáncer de mama. Son las Leonas del Guadalquivir.

Medio centenar de socias de la Asociación Amama participan desde principios del pasado año en un proyecto de investigación liderado por Juan Gavala, profesor de Ciencias del Deporte de la Universidad de Sevilla y de Remo y Piragüismo. El objetivo es demostrar los beneficios del ejercicio físico y psíquico después del cáncer de mama para tonificar su masa muscular y ósea y recuperar su forma física a través del deporte adaptado a sus secuelas. «Con anterioridad realicé un estudio de tres meses con una asociación de Málaga y todas lograron mayor fuerza, flexibilidad, capacidad respiratoria y una mejoría en el corazón con menos pulsaciones y una tensión más apropiada», explica el profesor a Sevilla Solidaria.

Pero el proyecto va mucho más allá de lo físico. «A nivel psicológico para nosotras está siendo un triunfo, me quedo con las risas, con estar juntas... y, sobre todo, la ilusión de servir para algo, especialmente para aquellas a las que se nos acabó la vida laboral», se sincera Ángela Clavera, presidenta de Amama y participante en el proyecto. Las cincuenta son mujeres de entre 30 y 70 años que han vivido el cáncer de forma muy variada. Hay quien ha recuperado su trabajo y quien ahora es pensionista, y mujeres con un cáncer metastásico con una esperanza de vida de cinco años que no renuncian a su vida. «Hay niñas que están en plena quimioterapia pero vienen a hacer de timonel porque no se lo quieren perder», explica Ángela, siempre con una sonrisa acompañándola.

«Estar juntas y compartir experiencias no se lo puede dar ni un oncólogo ni un experto en remo», apunta Gavala, «el deporte es al fin y al cabo una excusa y por eso las embarcaciones no son individuales y nuestro lema es "Nunca remarás sola"». Al profesor le impresiona sobremanera las ganas que ponen todas en participar. «Una mujer con metástasis echa una hora de viaje desde Huelva cada semana para venir, no quiere perdérselo», apunta. La actividad sirve también para quien no rema y actúa de timonel. Ya tiene dos fijas: una mujer con una discapacidad en el miembro superior y otra compañera con tres hernias de disco. «No importa, ya es beneficioso también para ellas porque salen de sus casas y están activas», añade Gavala. No había más que verlas en la semana de la Feria de Abril, con una flor en la cabeza y cantando sevillanas.

Lo primero fue aprender la técnica correcta en la Universidad de Sevilla para no provocar lesiones, luego el proyecto se truncó por la pandemia pero continuó gracias a dos remoergómetros que pudieron tener las participantes en la asociación para poder remar en tierra firme. Este año se ha puesto en marcha de nuevo y Ángela ya nota una mejoría en las articulaciones, ha dejado de tomar calmantes, y duerme mejor. «Cuando estás en el barco no estás pensando en la enfermedad, eso ya es mucho», asegura.

El proyecto cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla, la Fundación Real Betis, Clínica Dima y Gañafote; y no tiene fecha de finalización porque aspira a convertirse en un proyecto social más allá de la investigación, para lo que buscan partners interesados. Ellas siguen remando, siempre hacia delante.

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