El valor de acompañar para cambiar vidas
Desde el cariño, la confianza y la amistad es como trabajan en la Fundación TAU. «Lo más importante de la Fundación TAU no es su patrimonio económico, sino el humano. Vivimos en una sociedad en la que lo esencial son las personas, y nosotros creemos en ellas. Las apoyamos, nunca las vemos como enfermos, sino como personas que, con ayuda y acompañamiento, pueden superar muchas de sus barreras. La Fundación TAU, entidad apoyada por Fundación "La Caixa", es un hogar para quienes más lo necesitan». Así se expresa Fray Rafael Pozo, fundador de la Asociación Paz y Bien y presidente de la Fundación TAU desde su creación en 1994. Sus palabras condensan el espíritu que ha guiado a la primera entidad tutelar de personas con discapacidad intelectual de Andalucía, nacida para ofrecer apoyo y protección a quienes, por distintas circunstancias, necesitan un acompañamiento especializado.
Desde su sede en Sevilla, TAU ha consolidado un modelo de intervención basado en la cercanía, la dignidad y la confianza, alejado de la idea de institucionalización. «Muchas de las personas con discapacidad necesitan el calor de un hogar. Algunas familias se desentienden, otras no quieren mantener relación, y hay quienes sí la conservan. En todos los casos, ellos sienten una soledad inmensa y necesitan cariño. En la Fundación TAU somos su familia. Nos ven como tal», explica Concepción Palma, directora de la Fundación TAU. Ese compromiso se refleja en gestos tan sencillos como significativos. «Siempre tratamos de acercarles a sus familias cuando existe algún vínculo. A veces dedicamos un día entero para que una usuaria pueda visitar a una tía que vive en otra ciudad. Si eso les hace felices, lo hacemos. Nuestra misión es generar bienestar y mantener los lazos afectivos», señala Palma.
La labor de la Fundación TAU se ha visto recientemente reforzada por la Ley 8/2021, que ha supuesto una transformación profunda en el sistema de apoyos a las personas con discapacidad en España. Esta norma elimina la antigua figura de la incapacitación judicial y la sustituye por un modelo de medidas de apoyo personalizadas, reconociendo plenamente la voluntad y la capacidad de decisión de cada individuo. «La nueva legislación representa un paso histórico, porque reconoce que las personas con discapacidad tienen derecho a decidir sobre su vida. La palabra tutela desaparece, y el representante legal deja de sustituir a la persona para pasar a acompañarla en la toma de decisiones», explica Palma. «Es una ley muy positiva, aunque compleja de aplicar. Requiere formación, información y mucha sensibilidad, tanto por parte de los profesionales como de las propias personas apoyadas. Nuestro trabajo es ayudarles a formarse, a entender las opciones que tienen y a elegir con responsabilidad», añade.
Esta nueva perspectiva refuerza el papel de entidades como TAU, que desde su origen ha apostado por un acompañamiento respetuoso y adaptado a cada persona. Palma lo describe con realismo y ternura. «Es gratificante y duro a la vez educar a las personas con discapacidad. Cada una cuenta con un plan de apoyo individual, pero hay que enseñarles a tomar las mejores decisiones posibles. A veces se dejan influir por otras personas y eso puede tener consecuencias serias, como perder una plaza en un piso tutelado y verse solos en la calle. Por eso es fundamental que tengan apoyo, educación y un entorno de confianza que les ayude a decidir bien».
La Fundación TAU trabaja bajo una convicción firme, la de evitar la institucionalización siempre que sea posible. Frente a la opción fácil de ingresar a las personas en centros cerrados, la entidad defiende que cada individuo pueda desarrollar su vida de forma autónoma y con los apoyos necesarios. «Creemos en las personas. Queremos que cada una sea autónoma, que viva su propia vida. Siempre hemos luchado por eso y por evitar la institucionalización. Las personas deben tener la oportunidad de vivir en sociedad, no apartadas de ella», subraya Palma. Esa filosofía se traduce en un abanico de servicios que van mucho más allá del acompañamiento tutelar. La fundación ofrece asesoramiento jurídico y social, apoyo emocional y afectivo, y trabaja en la cooperación con el entorno familiar y comunitario. Además, promueve la sensibilización social sobre los derechos y capacidades de las personas con discapacidad intelectual.
Cada intervención parte de una idea central, que la dignidad y la felicidad de una persona no pueden depender de su grado de autonomía, sino de la calidad del acompañamiento que recibe. Después de más de tres décadas de trayectoria, la Fundación TAU puede mirar atrás con orgullo. Su historia está marcada por la defensa de los derechos, la búsqueda del bienestar y la promoción de la autonomía personal. En un contexto social que todavía arrastra prejuicios y barreras invisibles, la entidad sevillana sigue demostrando que la inclusión es posible cuando se actúa con empatía y convicción.
Fray Rafael Pozo lo resume con una frase que condensa el sentido de toda una vida dedicada a los demás: «Las personas con discapacidad necesitan apoyo, pero sobre todo necesitan cariño, confianza y amistad. Esos son los pilares sobre los que se construye su bienestar, y también los que sostienen esta fundación», concluye.
