Una profesora de Torreblanca inicia una gran cadena de solidaridad en pandemia que aún continúa

Teresa Herrera escuchó una historia que lo cambiaría todo, la de una madre que se había desmayado en plena calle por haber acumulado tres días sin comer

Al poco de decretarse el estado de alarma en marzo de 2020, la profesora Teresa Herrera escuchó una historia que lo cambiaría todo. La de una madre que se había desmayado en plena calle de Torreblanca, barrio del instituto donde trabaja, por haber acumulado tres días sin comer para que a sus hijos no les faltara el plato en la mesa. «Aquello me despierta para ver la realidad de lo que estaba sucediendo y gracias a amigos y compañeros se desata una enorme ola de solidaridad», recuerda a Sevilla Solidaria. Fue tal la reacción que no solo pudieron ayudar a aquella madre, sino que en los peores meses llegaron a atender a 350 familias.

«Todos se volcaron, desde la Hermandad de la Macarena y la de los Dolores de Torreblanca, a la Logia masónica Itálica 107, taxistas del barrio, comerciantes y vecinos», cuenta agradecida Teresa. Para ella no era nuevo el brindar su tiempo y su ayuda. Hace ocho años fundó la Asociación por el Derecho a Estudiar (ADAE) con la que ofrece clases de apoyo a niños de Rochelambert, tanto aquellos con dificultades de aprendizaje que pagan su cuota, como a los que sus familias no pueden permitírselo. Una entidad que nació de su vocación por brindarle facilidades a niños como su hijo, con TDAH, y que se terminó forjando al llegarle padres sin recursos.

También las imperiosas necesidades provocadas por el confinamiento le llegaron sin esperarlo. Aquel día de marzo donde salió a la luz el sacrificio de una madre por sus hijos, Teresa comenzó una vertiente puramente asistencial de su asociación, y encontró una aliada. Fue Valle Pino, madre de un alumno del instituto, quien le hizo llegar la historia a Teresa y quien le ofreció apoyo desde el primer minuto. «Llegó un momento que el pasillo de mi casa era un almacén, no cabía nada más de los que nos estaban donando», explica Valle, «pero mi vecina Ana nos ofreció su cochera».

Teresa, Valle y Ana en la cochera cedida para almacenar los productos donados

«Me quedo con la solidaridad de la gente», añade Teresa, «he comprobado que quien menos tiene es quien más da». Y es una afirmación que se puede aplicar a Valle. Con dos hijos, uno de ellos con Asperger, y apenas 400 euros duramente el confinamiento, se implicó al máximo. Recibió ayuda pero dio aún más. No sólo administra hoy el almacén solidario que surgió en aquella cochera, sino que ahora es monitora voluntaria en la escuela de Segunda Oportunidad puesta en marcha en un Centro Cívico de Torreblanca, aprovechando sus estudios de educadora infantil. En este proyecto se atiende a alumnos que son expulsados de dos centros de secundaria del barrio, también gracias al apoyo de alumnos de la Universidad Pablo de Olavide en prácticas. «La evolución se nota bastante en ellos, más motivados en los estudios, nos felicitan desde los propios centros», cuenta Valle, orgullosa.

Próximo proyecto: un aula de convivencia

El éxito del proyecto de Segunda Oportunidad ha sido tal que trabajan y buscan financiación para poner en marcha un aula de convivencia externa en esta ocasión para alumnos de primaria y que se desarrolle en el mismo centro. «Cuando estos niños son expulsados no tienen a donde ir, están en desamparo, así se quedarían en el centro con un monitor y se trabajarían valores, convivencia y la solución de conflictos; tanta rabia con el mundo por lo que tienen que vivir la expresan con comportamientos inadecuados», asegura ilusionada Teresa.

Si fueron testigos de enormes dificultades para el acceso a la alimentación y productos básicos de tantas familias, también Teresa, como tantos otros profesores, descubrió que la brecha digital era más grande de lo que se pensaba. «Los niños saben entrar en un ordenador a jugar pero son analfabetos digitales, y había alumnos que solo tenían un teléfono en casa, a veces con la pantalla rota, sin WIFI, con la luz yéndose cada dos por tres...», recuerda.

En la actualidad la asociación ADAE cuenta con 20 alumnos en Torreblanca y 50 en Rochelambert, además de 8 niños en la escuela de Segunda Oportunidad, y prepara la escuela de verano donde les facilitará a muchos de ellos desayuno y almuerzo. A través del almacén solidario entrega alimentos y productos de primera necesidad a entre 40 y 50 familias, gracias a donaciones de particulares y también de entidades como la Fundación la Caixa, que entre otras aportaciones, ha entregado hace pocos días 440 pares de zapatillas deportivas nuevas.

«En Torreblanca, con gente muy buena, hay mucha economía sumergida y hemos visto situaciones tremendas», cuenta Teresa, «el principal problema es la falta de oportunidades». Oportunidades que precisamente brinda a los niños para que sean conscientes de que la educación es el camino, la puerta que les llevará a una vida mejor. Esta profesora sabe la implicación de sus compañeros de profesión pero también de padres que, por falta de estudios, no valoran la importancia de terminar el colegio y acceder a una formación. Y cuando la preocupación principal es tener para comer, las notas de los hijos no ocupan un lugar preferente. «Hay quien se aburría en el confinamiento haciendo Tik Tok y quien tenía el frigorífico vacío», valora Teresa con tristeza.

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