El hambre crónico en Los Pajaritos

La asociación de Hermanamientos nota de nuevo un repunte de solicitudes para recibir alimentos

José llena hasta arriba un carro de la compra con alimentos para sus hijos de dos y tres años. Voluntarios de la Asociación de Hermanamientos de los Pueblos del Mundo le van entregando potitos, cereales o leche para el mes en una mesa dispuesta en la puerta. «Mi mujer y yo ya estábamos desempleados antes de que llegara la pandemia y ahora todo es mucho más complicado», explica a Sevilla Solidaria. Con un subsidio desde el verano luchan por resistir. También es el caso de Ionela, una madre de cuatro niños, que acudió a esta entidad justo cuando el confinamiento más duro, en el mes de marzo de 2020. «Mi marido es mecánico y estuvo en un ERTE tres meses, ahora ha vuelto a media jornada, pero mientras yo siga en paro no nos llega para el alquiler, la luz y todo», confiesa mientras recoge con rapidez los artículos para no retrasar el siguiente turno.

Cerca de 150 familias de Tres Barrios-Amate y alrededores, el barrio más pobre de España junto al Polígono Sur, acuden cada mes por alimentos no perecederos o productos infantiles. En esta entidad, además, preparan 240 menús de lunes a sábado en su catering social. Y dejan productos a un 60% de su valor a 72 familias en el economato social que gestionan en la glorieta Primero de Mayo. Las cifras han aumentado drásticamente debido a la pandemia, especialmente en el reparto de alimentos, que aumentó en marzo del pasado año de 50 a 165 familias.

Sevilla, 05/05/2021. Reportaje sobre el catering social de la Asociación de Hermanamientos. Fotografía: Juan José Úbeda/Archsev.«El número ahora se ha estabilizado pero porque no puede ir a más, hemos tocado fondo», indica Juan Luis Pagés, presidente de la entidad. «Los primeros que llegaron a raíz del Covid fueron las familias que se quedaron sin sus ingresos obtenidos por economía sumergida, que no tenían nada», continúa. Tampoco ve Pagés una solución a corto plazo: «en esta zona va a ser difícil ver el cambio pronto, porque hasta que el país no esté mejor no empezaran a volver a contar con empleadas del hogar o cuidadores para sus mayores, los vecinos de este barrio son los primeros en caer».

La situación es grave. Si tuvieran que atender a más familias sería inviable. Ya en la cocina el ingenio para evitar todo tipo de despilfarro es evidente. «Aquí solo tiramos cartón, y porque no lo podemos digerir», bromea el presidente. Hoy cocinan un aliño de arroz con hamburguesas de pollo y verduras variadas a la plancha. Además de 40 menús para un centro de día para personas drogodependientes en Las Tres Mil Viviendas. «Hay que saber organizarse», cuenta el jefe de cocina, «si me sobran cebollas las cortamos finitas y las congelamos para algún sofrito».

La actividad es constante. Pelando patatas en el patio, descargando productos de una furgoneta o preparando las bolsas para el reparto a domicilio de la comida del catering a 50 beneficiarios con problemas de movilidad. Todo ello gracias en gran parte a la labor de 30 voluntarios que se van turnado y de personas que desarrollan sus jornadas a la comunidad desde los servicios penitenciarios.

La atención a los beneficiarios y todo el papeleo corre a cargo de dos trabajadoras sociales. «Durante los primeros meses atendimos a personas que no podían entregarnos la documentación habitual porque los Servicios Sociales estaban saturados y no podíamos dejarlas así», explica Erika Pagés, trabajadora social y vicepresidenta, tras atender a una familia que recurre por primera vez a la asociación, recién llegados de Estepona y con cinco hijos. Ahora los papeles de todos los beneficiarios están en regla pero la alarma se enciende de nuevo porque las solicitudes para acceder a alimentos están creciendo otra vez. Sin ir más lejos, ayer tres familias se dieron de alta.

Sevilla, 05/05/2021. Reportaje sobre el catering social de la Asociación de Hermanamientos. Fotografía: Juan José Úbeda/Archsev.

No sería posible este recurso sin la inmensa ayuda del Banco de Alimentos de Sevilla y de entidades comprometidas como la Fundación MAS o la Fundación la Caixa. Dos grandes congeladores del almacén fueron donados en plena crisis por esta última. «Es una maravilla porque nos permite usar alimentos en dos o tres meses si hemos recibido gran cantidad», asegura agradecido Juan Pagés.

Los voluntarios son el motor que mantiene en movimiento a la Asociación de Hermanamientos, con energía, con buen humor y de todas las edades. Francisco lleva 12 años ligado a esta entidad, desde sus inicios cuando aún no contaban con el catering. Este albañil se jubiló antes de tiempo cuando cayó de un tercer piso y quedó su columna completamente afectada. Ese tiempo libre que vio por delante cuando logró cierta movilidad decidió dedicarlo a los demás. En la entidad está de siete y media a dos, sin contar los días que también se acerca por la tarde. «Aquí estoy rodeado siempre de gente buena», indica con una enorme sonrisa, «y nunca ni una familia ha dado un solo problema, son personas como tú o como yo».


Es cierto, son familias que no dejan ver a simple vista el drama que arrastran, la angustia por no poder llevar a sus hijos los alimentos que necesitan en pleno crecimiento. Mientras, en el almacén las estanterías se llenan y se vacían constantemente con una rapidez sobrecogedora.

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