El frenético ritmo que se vive en la iglesia ucraniana de Sevilla, el epicentro de la ayuda a Ucrania

«La gente viene, se contagia de toda la necesidad y se van quedando a ayudar», cuenta Ana, una de las voluntarias sevillanas

Cientos de cajas de cartón se apilan en la iglesia ucraniana de Sevilla llenas de ropa, alimentos y medicamentos, desplazando los bancos de madera hacia el altar. Entre ellas, decenas de voluntarios trabajan sin descanso cada día organizando el material, de aquí y allá. Y un constante trajín de personas llega de 9.00 a 21.00 a la puerta aportando su bolsa. Hace una semana que Sevilla se ha volcado en ayudar para hacer llegar toda la ayuda humanitaria posible a Ucrania y a ese millón de sus ciudadanos que están huyendo del país. Una aportación en Sevilla que no solo se hace directamente llevando el material a esta iglesia sino también organizando múltiples puntos de recogida en toda la provincia, desde el estadio Benito Villamarín, el Ateneo de Sevilla o asociaciones de la ciudad.

De hecho, en la puerta la mañana de este lunes descargan un camión repleto de donaciones de los vecinos de La Algaba que lo fueron dejando los días atrás en su Ayuntamiento y en el Polideportivo. Vitaliy, cura de la iglesia, ayuda a los operarios con las cajas, pero a cada poco debe parar para atender al teléfono -«le cargo la batería tres veces al día», asegura- y a quien se acerca a preguntar.  «Estoy dispuesta a acoger a una familia completa en mi casa»,  le propone Jessica, vecina del barrio, y Vitaliy le facilita un número de teléfono. La joven revela a Sevilla Solidaria como su marido y ella decidieron acoger a niños que lo necesitaran cuando estalló el conflicto, «pero ¿cómo los vamos separar de sus padres? en mi casa hay sitio para la familia entera».

Vitaliy carga cajas del camión procedente de La Algaba

Esta vecina apunta su teléfono y su disposición en un folio dispuesto en una mesa de la entrada, donde a cada momento voluntarios añaden su contacto para lo que pudieran necesitar. Junto al cura, Iryna Storozh también los atiende. «Tenemos confianza con la iglesia de allí, sabemos que la ayuda llega», cuenta. El primer envío con 25 toneladas de productos alcanzó anoche la ciudad de Przemyśl, en la frontera de Polonia con Ucrania. «Aquello se ha convertido en el almacén de toda Europa y se va enviando lo que se necesite a diferentes puntos», añade. Hoy mismo saldrá desde Sevilla otro camión hacia Polonia.

Iryna tiene a familia en Ucrania, su abuela y sus primos. «Las mujeres y los niños están saliendo del país, pero de las zonas del centro o cercana a Rusia están teniendo muchos problemas», explica la ucraniana organizadora de toda la ayuda, «y sabemos que en Mariúpol es imposible estar, matan a voluntarios y médicos».

Iryna, con una camiseta roja, organiza la clasificación de las cajas el pasado viernes

Tanto Iryna como Vitaliy están abrumados de cómo se ha volcado Sevilla tras su llamada de auxilio. No solo llegan a cada momentos bolsas sino también voluntarios tanto ucranianos como sevillanos dispuestos a echar una mano. El sábado fueron más de cincuenta. «En un momento se paralizó todo para que se pudiera dar misa y luego continuamos», cuenta Ana, una joven sevillana de 31 que desde el jueves está prestando su tiempo. «Es así, la gente viene, se contagia de toda la necesidad y se van quedando a ayudar», explica sin dejar de clasificar el contenido de una caja con alimentos y productos de limpieza, mirando bien que nada esté caducado. Mientras, una mujer de mediana edad se acerca a ella con más ropa y el aviso de que esa tarde se acercará con un grupo para ayudar.

Sara, de pie, entre las decenas de voluntarios que como ella echan una mano

Aseguran que lo más necesitan en este momento son medicinas y productos para bebés, y si llevan alimentos lo más urgente son latas de comida preparada. La llamada de SOS que lanzaron el pasado lunes 28 de febrero ha reverberado por toda la provincia haciéndose escuchar en cada rincón. Innumerables colegios, asociaciones, parroquias, hermandades y negocios están recogiendo material, convirtiéndose en los brazos solidarios de esta iglesia. Voluntarias de Corazones con Bata recogieron tres toneladas de productos el pasado jueves a las puertas de Plasticosur. La asociación Vivir Compartiendo tiene a todo un equipo de voluntarios recogiendo en su sede de Tomares en la calle Cristo de la Veracruz, 43 y organizando a otros puntos que quieran sumarse. E incluso el Real Betis Balompié se ha convertido en centro de recepción de material de ayuda humanitaria para Ucrania. Un torrente de solidaridad imparable que tiene hoy su epicentro en el número 14 de la calle Santa Clara, a poca distancia de la Basílica de Jesús del Gran Poder.

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