El entusiasmo y entrega de tres de los voluntarios que lo dan todo en la Gran Recogida de Alimentos
Este viernes y este sábado una persona sonriente con un conocido peto azul entregará una pequeña bolsa a quien entre en cada uno de los 400 supermercados de la provincia de Sevilla participantes en la Gran Recogida de Alimentos del Banco de Alimentos de Sevilla. Es un voluntario que presta su tiempo para superar los 750.000 kilos de alimentos no perecederos recogidos la pasada edición. Junto a él cerca de 6.500 personas solidarias estarán repartidas por toda la provincia.
Pero hay un trabajo previo y posterior a ese momento que vive todo aquel altruista que colabora entregando el alimento. Solo en la clasificación participan 1.700 personas altruistas más. La labor del voluntario es fundamental en todo el proceso. Es necesario para garantizar que aquella bolsa de arroz, ese litro de leche o la importante botella de aceite que se entrega en la tienda llegue a quien lo necesita. Y son más de 50.000 personas en situación de exclusión las que se benefician. María Luisa, José Luis y Antonio son tres sevillanos comprometidos con la labor de la asociación, cada uno en un engranaje de la cadena.
La profesora supervisora que irá de tienda en tienda
El trabajo comienza con antelación a los días de la Gran Recogida, organizando los turnos de quienes estarán en las tienda.«En el momento en que la nueva edición de la campaña sale en los medios los voluntarios empiezan a apuntarse y el capitán debe ir distribuyéndolos en las tiendas». María Luisa Cortés coordina este año a los capitanes de 12 tiendas entre Mairena del Aljarafe y San Juan. Los supervisores como María Luisa son el enlace entre los capitanes y el Banco de Alimentos o el establecimiento. «Yo me encargo de proporcionarles los materiales, de hablar con el encargado de tienda, comprobar que ha llegado la bañera... En resumen, asegurarme de que todo esta correcto», indica.
Pero María Luisa también fue uno de esos voluntarios de peto azul, recogiendo alimentos. Hace seis años que acudió con ilusión a la primera campaña en una tienda de La Puebla del Río y tres que colabora como supervisora. En esta edición, además, trabaja en el equipo de coordinación. «En mi experiencia y lo que me comentan otros compañeros, es curioso que mientras más humilde es el sitio más colabora la gente», explica. De todos estos años María Luisa se queda con la solidaridad de los sevillanos y recuerda con cariño un caso especial del pasado año: «una familia en Tomares con una niña de 3 ó 4 años recorrió varios supermercados, en cada uno llenaba un carro y lo donaba al banco de alimentos».

En cada tienda los voluntarios entregan una bolsa al cliente que entra y recogen los alimentos que quieran donar a la salida de caja. «Antes de comenzar les entregamos un decálogo del voluntariado, cuestiones sencillas como ser lo más amables posible, que reciclen lo máximo posible las bolsas o que no admitimos alimentos perecederos», explica María Luisa. Cada tienda cuenta con un equipo de unas diez personas que se van turnando para que en todo momento haya dos o tres voluntarios presentes. «Con los colegios es diferente porque todos los chicos quieren participar, así que pueden estar 7 u 8 chicos a la vez», explica. Ella, que es profesora, ha vivido en ocasiones la Gran Recogida con sus alumnos.
Esta supervisora no para ni los días previos, ultimando detalles, ni los días de la Gran Recogida, de una tienda a otra. Pero afronta esta nueva edición con ilusión. «Esto es como las bodas, mucho nervio, pero como hay tanta gente involucrada con tanto corazón al final todo sale bien. Estoy convencida».
José Luis, la batuta de la clasificación, una jornada festiva de tres semanas
Pero el trabajo no acaba en las tiendas, con los alimentos no perecederos en las cajas de cartón del Banco de Alimentos. Es solo el inicio del proceso. «Nadie piensa que todo eso, unos 700,000 kilos recogidos, que son unos 40 camiones, lo tienes que clasificar y ordenar y poner el arroz con el arroz y las patatas con las patatas», indica José Luis Candau, organizador en las jornadas de clasificación. Estas comenzarán el lunes 3 y continuarán hasta el viernes 21 de diciembre en sesiones de mañana y tarde y turnos de unas 65 personas. En total son unos 1700 voluntarios los que participarán en la clasificación.

Éste será el segundo año que José Luis esté organizando este trabajo, aprovechando su jubilación. Los días previos se viven con nerviosismo por si hay grupos de voluntarios que al final no puedan ir, o en ocasiones, ocurre justamente lo contrario. «El otro día me llamó un señor que se había apuntado con 9 amigos y me preguntó si al final podían ser 43», explica.
En la sede del Banco de Alimentos en el Polígono Store, los diferentes voluntarios se dividen para lograr una cadena rápida y fácil. Hay quienes depositan los alimentos que llegan en una cinta, quienes los retiran para dejarlos preparados en una caja, los que suben las cajas en los palés, y, por último, los voluntarios que desplazan cada palé a su estantería correspondiente. El ambiente es muy bueno, y, de hecho, más de la mitad repite. Si no lo hacen más es porque muchos de ellos son jóvenes que vienen con sus colegios, y al año siguiente repite el mismo curso con otros alumnos.

«Los chicos se lo pasan siempre estupendamente, hay dos o tres grupos de colegios diferentes y se relacionan entre ellos, fomentamos una cierta competitividad sana y juegan a hacer más palés que otros grupos», indica. Es el entorno que vivió María Luisa Cortés hace seis años, cuando participó en la clasificación con su hijo y su clase con edades de 15 y 16 años. Fue tal la satisfacción que terminó sumándose a la siguiente Gran Recogida en tienda. También a Antonio López, encargado de la distribución a las asociaciones, le gusta saludar o echar una mano estos días. Todos hablan con entusiasmo del ambiente que se vive en la clasificación, festivo, en el que se celebra la solidaridad de tantos sevillanos que han colaborado entregando alimentos.
El entregado viudo que encontró lo que le llenaba cada día
Antonio López apoya algunos días a sus compañeros en la clasificación pero su misión es constante durante todo el año. Hace cuatro años y medio que este ingeniero de caminos jubilado acude cuatro veces a la semana, a veces incluso cinco, a entregar los alimentos a las entidades sociales que a su vez se encargarán de repartirlos entre los más necesitados. «Yo soy viudo, mi hijo me vio amargado en casa y me buscó el Banco de Alimentos para que fuera», explica a Sevilla Solidaria. El Banco de Alimentos vio un candidato perfecto para el reparto diario en la sede del Polígono Store. Y él lo acogió con pasión, asumiendo la responsabilidad.

Antonio, junto a tres voluntarios más, coordina la entrega a 17 entidades sociales al día. Un total de 395 organizaciones asociadas de reparto y consumo (OAR) colaboran con el Banco de Alimentos. «Manejamos como media unos 14.000 kilos de alimentos diariamente», calcula Antonio. Cuando ellos llegan, los palés para cada asociación ya están preparados y en el albarán de cada uno especificado lo que les corresponde. «Según las personas a las que atiende cada centro se les da más o menos», explica. «Lo primero, antes de empezar, siempre es pedirles la autorización expresa», asegura. Además, diversas cadenas de supermercados donan al Banco de Alimentos productos no perecederos próximos a caducar pero aún en buen estado, como «yogures, refrescos, helados, patatas o embutidos» y Antonio se encarga de repartirlos equitativamente entre los centros que acuden.
Este hombre de 70 años ya no está solo, ha recuperado la compañía con una pareja. Pero no ha abandonado el trabajo que le cambió la vida para bien cuando más lo necesitaba. Se levanta todos los días a las seis media de la mañana, desayuna con un compañero del voluntariado y a las siete y media ya están en funcionamiento. «Hago una labor que a mí me llena y todos los compañeros son muy agradables, si no, no vendría», confiesa.
Así, cada furgoneta se aleja de la nave cargada de alimentos, que en comedores, residencias, economatos, guarderías o colegios podrán aprovechar personas que no tienen acceso fácil a un plato de comida. Tras ese plato que degustarán hay miles de voluntarios con peto azul que han puesto su alma y su ilusión. Y una persona que ha depositado en la caja blanca del Banco de Alimentos en su supermercado habitual ese producto que lo hace todo posible.