El Aula de Expulsados, la llave a un futuro sin pobreza para los adolescentes de Tres Barrios-Amate

Desde la Fundación Balia, en uno de sus proyectos en Sevilla, atienden a los jóvenes de Secundaria expulsados de nueve institutos del barrio para hacerles comprender que terminar los estudios es fundamental para obtener un empleo

En el barrio más pobre de España, Tres Barrios-Amate, y en una familia monoparental sin apenas recursos donde la madre carga sola con la educación de sus hijos, un adolescente apático ve el futuro marcado por la herencia de la pobreza y por un panorama laboral repleto de paro. El mal comportamiento en clase le acumula partes hasta que desde la dirección del instituto deciden la expulsión por unos días. ¿Está todo perdido para este joven? ¿Está obligado a heredar la situación de pobreza de su entorno?

Desde la Fundación Balia, que lleva cinco años trabajando en su sede de la calle Dra. Viera Fuentes, creen que con la educación y el aprendizaje tanto académico como emocional de los más pequeños se puede romper con la cadena de pobreza. Apoyados por el método Balia atienden cada tarde a los chicos en riesgo de exclusión social y en período vacacional en los Campamentos Urbanos.

Pero también se detienen en los adolescentes de Secundaria expulsados de su centro. El Aula de Expulsados de Balia, con una atención personalizada durante esos días fuera del centro, está ideada para facilitar su incorporación al instituto y que no reincidan.

Francisco Javier Aguilar, coordinador de Balia Sevilla / Foto: Raúl Doblado

«Tenemos un acuerdo con nueve institutos de Tres Barrios y de Su Eminencia, y en cuanto surge la problemática en el centro de una expulsión, les ofrecen a la familia la posibilidad de estar aquí en lugar de estar en casa o en la calle», explica Francisco Javier Aguilar, coordinador de Balia Sevilla. En primer lugar, los menores que tienen entre 12 y 17 años tienen una entrevista con la educadora para conocer la realidad de la familia. Luego, durante el período de expulsión, ya sea de un día o hasta un mes, de 10.00 a 13.00 asisten a la sede con apoyo escolar para las tareas que les han encargado desde el centro, desayuno y dinámicas de inteligencia emocional y valores.

Mural donde los alumnos reflejan sus emociones / Foto: Balia Sevilla

«Según la problemática que ha generado la expulsión tratamos diversos temas, como el control de los impulsos, el bulling, las habilidades sociales o la violencia de género», continúa Aguilar. Cuando regresan al centro se mantiene un seguimiento con el tutor. Un 64% de los jóvenes que pasan por el aula de expulsados no reinciden. «Son casos complicados porque es un perfil de alumno que está a punto de romper vínculos con lo académico, cerca de los 16 años, y en una situación familiar complicada».

Marta Álvarez es educadora en el Aula de Expulsados y por las mañanas lleva un grupo de infancia de tercero a sexto. «Muchos de los adolescentes vienen con una situación académica muy atrasada, van al instituto pero no saben ni qué les están contando, van para no entrar dentro del programa de absentismo que es obligatorio hasta los 16 años», explica esta profesional. «A partir de esa edad, muchos deciden dejar los estudios para no tener problemas con expulsiones y partes, y las familias muchas veces incluso lo prefieren para no tener estos problemas».

Marta Álvarez se dirige a los chicos del Aula de Expulsados / Raúl Doblado

Estas mismas familias ven en el Aula de Expulsados una opción a la que agarrarse porque ya no saben qué hacer. «Piensa que para esas madres han sido cuatro años en la Secundaria de llamadas y expulsiones, muchas me dicen que no saben qué hacer o a quién a acudir, lo único que se plantean ya es dejar que los hijos dejen los estudios al cumplir la edad», continúa Marta.

Pero no todo es negro en este pozo. Más de la mitad se encauzan. Marta recuerda un caso en concreto del pasado curso, donde un chico reservado necesitaba atención, «entre ser ignorado o hacer algo mal para que le echaran cuenta, optaba por lo segundo». Un trato personalizado provocó un vínculo que funcionó. «Intentamos reflejar sus potenciales porque solo veía en sí mismo lo negativo, ahora la jefa de estudios nos comenta que todo va muy bien en el centro. Lo cierto es que nadie le había preguntado realmente cómo se sentía».

La realidad es que sin el Graduado Escolar el paro está casi asegurado y solo pueden recurrir a la economía sumergida. «Estas semanas en las que aún quedan meses para terminar el curso intento concienciarles de eso, de que aún están a tiempo», indica Marta. «Estamos aquí para hacerles comprender que terminar la secundaria es importante para tener un empleo. La educación es una llave que abre puertas», indica Francisco Javier.

«Vivir una realidad como esta no significa que no la puedas cambiar»

Francisco Javier Aguilar conoce bien la zona y confía en el método Balia para los más de 280 menores que se acercan a sus aulas de 5 a 17 años.

—¿En qué consiste el método Balia?

—No trabajamos solo en lo académico, sino que buscamos el desarrollo de competencias emocionales y la educación en valores. Por ejemplo, en cuanto a los hábitos saludables, a la tarde hay un espacio para la merienda y tienen una rutina los más pequeños con la que se lavan las manos antes y se cepillan los dientes después; además de introducir alimentos saludables como la fruta.

—¿Cómo es la realidad de estos niños?

—La mayoría son de familias monoparentales, viven generalmente solos con sus madres, y si no, sus padres están desempleados o en economía sumergida.

—¿Qué programas desarrolláis?

—Por las tardes tenemos las Aulas Balia, con menores de 5 a 12 años en periodo escolar; en período vacacional las Colonias Urbanas para el mismo sector; y el Aula de Expulsados para jóvenes de 12 a 17 años en horario lectivo.

—¿Cómo son las tardes para los más pequeños?

—Hay una dinámica que siguen todos los días. Primero señalan con una pinza la emoción que les representa ese día, así trabajamos las emociones y lo toman como una rutina. Luego, se aplican estrategias de regulación emocional a través de música, para cambiar su estado antes de ponerse con la tarea y se acercan a las matemáticas y la lengua a través de juegos.

—¿No siempre se desarrolla el Aula Balia en la sede de la fundación?

—Tenemos clases en la sede y también en los colegios Candelaria, Safa Blanca Paloma y Jorge Juan. Es el mismo formato y el mismo horario, con la única diferencia de que están en el mismo ámbito escolar.

—¿Con qué te quedas en estos años?

—Tenemos un paso de cebra en la puerta desde el pasado verano porque los alumnos lo solicitaron al Distrito. También para la papelera más cercana pusieron una solicitud a Lipassam. Es una manera de empoderar a los menores, que no se pongan límites, vivir una realidad como esta no significa que no la puedas cambiar.

Coloquio sobre Educación y Valores el 26 de marzo

La Fundación Balia organiza el 26 de marzo a las 19.00 en el Teatro de la Fundación Cajasol el coloquio «Educación y Oportunidades» en el que interviene el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, María Entrecanales e Ignacio Ojanguren. Este evento aspira a congregar a más de 250 personas relacionadas con el ámbito educativo, social y empresarial de la capital hispalense. Será también un espacio de reflexión sobre el importante papel de las entidades sociales para mejorar la igualdad de oportunidades.

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