El alcalde agradece la «calidad humana» de los voluntarios del comedor San Juan de Dios
En torno a 150 personas sin recursos acuden diariamente al comedor social San Juan de Dios para tener un plato de comida o asearse. Que ellos puedan acceder a este servicio es en gran parte gracias a la labor de 70 voluntarios que se desviven para darle una buena atención. El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, ha visitado la mañana de este miércoles este comedor de la calle Misericordia para conocer de cerca el trabajo del personal y agradecérselo de primera mano.
«Gracias por la magnífica organización y el orden que mantienen, y sobre todo por la calidad humana con la que prestan estos servicios asistenciales a quienes más lo necesitan», indicó el alcalde tras la visita. El Ayuntamiento de Sevilla amplió la ayuda que presta a esta entidad de 10.000 euros al año a 60.000 euros, dentro de la partida de 7 millones que dedican a la asistencia social. «Según los datos que tenemos en nuestro poder, el dinero que les llega se multiplica por diez», indicó Zoido a los medios.
El comedor San Juan de Dios lleva desde octubre de 2010 abierto en pleno centro para atender a aquellos que atraviesan una mala situación. Toda aquella persona que se acerca al centro es atendido por una trabajadora social, Ana Morilla, quien considera qué ayuda precisa, si se le atiende allí o se le deriva a otro centro: «No se trata de darles de comer sino de ayudarles a que no tengan que venir aquí, el comedor es al fin y al cabo una manera de que se dejen ayudar en otras problemáticas más allá del hambre».
Además, aparte del comedor social, que funciona de 13.00 a 14.15 la Orden de San Juan de Dios ofrece en este centro servicios de ducha, ropería e higiene bucodental. Son atenciones que no serían posibles sin ayudas económicas y donaciones. José Miguel Valdés, director de servicios sociales de San Juan de Dios, quiso agradecer en la visita el apoyo del Ayuntamiento así como «de muchas personas anónimas que hacen el bien pero que no quieren que se sepa su nombre, al igual que muchas empresas privadas».
Mari Cruz es una de esas personas anónimas que se remangan en el comedor para servir la comida. «Esto es mi vida, vienes aquí y te sientes útil», confiesa a Sevilla Solidaria. Esta mujer acude un día a la semana al comedor y otro a la residencia de mayores de la avenida de Coria. Como ella 70 sevillanos dedican parte de su tiempo a ayudar en el comedor, la mayoría hombres y mujeres jubilados aunque también estudiantes con horario de tarde.
«Veo sobre todo a personas de media edad en adelante, muy solitarios, gente que necesita amparo», describe otro de los voluntarios, Alfonso Pérez, a los usuarios del comedor. Poderles dar una mano a la que agarrarse, una vía de escape además de un plato de comida, es el trabajo constante de esta orden en pleno centro.