Educación para reconstruir la infancia
El cáncer infantil deja cicatrices que muchas veces no se ven. Problemas de memoria, dificultades de atención, alteraciones en el lenguaje o una pérdida progresiva del ritmo escolar forman parte de las secuelas que acompañan a muchos niños y adolescentes incluso después de superar la enfermedad. Para responder a esa realidad nació RENO, el programa de Refuerzo Educativo para Niños Oncológicos impulsado por la Asociación Española para los Efectos del Tratamiento del Cáncer (AEetc). Este proyecto ha recibido el impulso de Fundación “La Caixa” a través de las Convocatorias de Proyectos Sociales. Su objetivo es que ningún menor vea frenado su futuro por las consecuencias del cáncer.
La presidenta de la asociación, Gloria Álvarez, explica que el proyecto RENO es uno de los pilares fundamentales de la entidad desde prácticamente sus inicios, ya que la entidad se constituyó oficialmente en 2014, y a su vez, surgió este programa dedicado al apoyo educativo. «Veíamos niños con problemas de memoria, atención o lenguaje, y nos dimos cuenta de que hacía falta un apoyo específico», señala Álvarez. El contacto diario con los menores permitió detectar unas secuelas invisibles que, en muchos casos, pasan desapercibidas fuera del entorno familiar y sanitario.
La evolución de la oncología pediátrica ha sido enorme en las últimas décadas. «En los años 60 apenas sobrevivía el 20% de los niños con cáncer y hoy estamos cerca del 80%», recuerda la presidenta de AEetc. Sin embargo, ese avance ha abierto un nuevo desafío, que supone garantizar una atención integral a largo plazo para quienes sobreviven a la enfermedad.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Diversos estudios científicos indican que hasta un 70% de los supervivientes de cáncer infantil presenta secuelas neurocognitivas, un porcentaje que alcanza el 96% en el caso de los tumores cerebrales. «Las secuelas físicas se ven, pero las cognitivas son invisibles y muchas veces pasan desapercibidas», insiste Álvarez. El programa RENO trabaja precisamente sobre esas dificultades que afectan al aprendizaje y al desarrollo emocional. La iniciativa ofrece apoyo educativo personalizado tanto de forma presencial como online. La atención presencial se desarrolla en el Hospital Virgen del Rocío, el Hospital Virgen Macarena, la sede de la asociación e incluso en los domicilios de aquellos menores que no pueden desplazarse durante el tratamiento.
Pero RENO no funciona como unas clases particulares convencionales. El programa cuenta con profesorado especializado y trabaja de manera coordinada con neuropsicólogos, terapeutas y centros educativos para adaptar el aprendizaje a las necesidades cognitivas de cada niño. «Muchos creen que son simples clases particulares, pero no es eso. Se trata de buscar la forma en la que cada niño puede aprender», aclara Gloria Álvarez.
Para ello utilizan materiales visuales, recursos digitales adaptados y estrategias específicas que ayudan a reforzar funciones como la memoria, la atención o la comprensión. El objetivo no es únicamente mejorar las notas, sino evitar que los menores pierdan confianza en sí mismos y se desconecten de su entorno escolar y social.
«Cuando un niño siente que no llega al nivel de sus compañeros, aparece la frustración y eso afecta también a su desarrollo emocional y social», explica Gloria. Por eso, la asociación apuesta por un acompañamiento continuado que va mucho más allá de la etapa del tratamiento. El gran reto, concluye Álvarez, ya no es únicamente curar el cáncer infantil, sino garantizar que quienes lo superan puedan reconstruir su vida con las mismas oportunidades que cualquier otro niño. Porque sobrevivir es solo el principio.
