Dos Hermanas Solidaria: la formación como arma contra la pobreza
Se constituyeron como asociación hace ahora un año y medio, pero sus integrantes llevan vinculados al mundo del voluntariado desde tiempo atrás. Dos Hermanas Solidaria se conformó como colectivo con un objetivo claro; ayudar a las personas en exclusión social o en riesgo de serlo. Por lo pronto, más de 200 personas han sido ya atendidas en la asociación, que apuesta fuertemente por la formación como método de ayuda a quienes llaman a la puerta de este colectivo integrado por nazarenos que promueven la «cultura de la solidaridad» en Dos Hermanas.
Clases de inglés, francés o informática son algunos de los servicios gratuitos que ofrecen a quienes necesitan de ayuda para salir adelante. Lo hacen siempre enfocado a la búsqueda de un empleo que es, precisamente, lo que «dignifica a la persona». Para ello, los talleres de orientación laboral constituyen uno de los pilares fundamentales con los que trabaja actualmente Dos Hermanas Solidaria, y en los que participan personas excluidas de la ciudad nazarena que buscan una oportunidad.
«Lo que se hace es ayudar a la persona para que se anime y sea capaz por sus propios medios de encontrar trabajo, que se motive y salga a la calle creyendo que es capaz, porque los procesos del paro y la exclusión la convierten en una persona sin iniciativa, sin motivación», resume el vicepresidente de la asociación, Antonio Cid.
Un equipo conformado por unos 22 voluntarios aproximadamente trabaja cada día por fomentar la solidaridad entre los nazarenos y mejorar la vida de quienes más lo necesitan. «Somos una asociación de inspiración cristiana, es nuestra seña de identidad aunque haya gente aquí que no tenga ese perfil. Estamos comprometidos con la justicia social y con los derechos de los más desfavorecidos en el ámbito local», explica el presidente de Dos Hermanas Solidaria, Juan de Dios Varela.
Y es que la gran mayoría de quienes forman parte de esta asociación estuvieron anteriormente vinculados a Cáritas lo que les proporcionó una «carga de experiencia», un bagaje y una red de contactos que hacen que no empiecen de cero.
Microcréditos, el nuevo proyecto
La asociación no cierra en verano, continúa abierta durante el mes de agosto un par de días a la semana, especialmente los lunes y jueves, aunque ya se encuentra inmersa en la confección de las nuevas clases de formación que impartirán en su sede de la calle Calderón de la Barca18, durante el próximo curso tanto en horario de mañana como de tarde. Entre los proyectos que Dos Hermanas Solidaria tiene entre manos se encuentra el de los microcréditos, un concepto con el que ya trabajan varias asociaciones de Sevilla desde hace años, y que ahora pretenden consolidar en la ciudad nazarena.
«Queremos contactar con empresarios que tengan sensibilidad y ver si hay alguna forma de echar una mano a personas que tengan un proyecto», explican, «se les ofrece una ayuda y luego esa ayuda se va devolviendo cuando se pueda».Lo que seguirá como hasta ahora son las clases de idiomas, que ayudan a encontrar un trabajo, la orientación laboral con la inclusión en este curso de sesiones grupales, clases de costura o el taller de español para inmigrantes, en el que participan fundamentalmente mujeres de origen marroquí.
Formación del voluntariado
Junto a la formación que imparten profesionales en la materia, como profesores, trabajadores sociales o abogados que colaboran de forma altruista, la asociación se sustenta en otro pilar básico: el voluntariado. Para ello, Dos Hermanas Solidaria se encarga de proporcionar las pautas claves a quienes llegan a la asociación para ofrecer su tiempo a los demás. «Estamos muy contentos porque continuamente llegan personas interesadas, voluntarios que quieren colaborar», explica Varela.
Cuentan con un aula de formación permanente del voluntariado, que pretende consolidarse y convertirse en «un espacio singular de Dos Hermanas, donde pueda acudir la persona que quiera indagar en la cultura de la solidaridad». Por lo pronto, ya han realizado jornadas de formación en este sentido y cuentan con un grupo de colaboradores que van desde los más jóvenes a personas ya jubiladas. «La prioridad no es el donativo, sino la solidaridad de la persona», explican.
Una vez al año salen a la calle para realizar sus campañas de difusión con las que, en esta ocasión, han intentado dar a conocer mejor el proyecto «café pendiente», en el que participan 12 bares de la ciudad nazarena y que se basa en tomar un café y dejar pagado otro para que una persona sin recursos pueda beneficiarse de ello.
Su financiación está basada en los propios donativos de sus voluntarios y la solidaridad de quienes colaboran con ellos. «No recibimos ningún tipo de subvención pública, queríamos tener independencia en el ámbito local. No significa que vayamos en contra de nada pero queremos permitirnos el hecho de poder denunciar y echarnos a la calle», apunta Varela.
La asociación no busca, por tanto, una ayuda económica sino más bien fomentar una cultura del voluntariado basada en «sólo dar y dar», para ayudar a quienes más lo necesitan a «valerse por sí mismos» y crear una sociedad «sensible» a lo que pasa a su alrededor.