De ser cinco chicos de Las Tres Mil con instrumentos donados a una banda de peso en la Semana Santa

Maruja Vilches creó hace diez años la agrupación musical Santa María de la Esperanza con apoyo de las hermandades y hoy es todo un ejemplo positivo del Polígono Sur

Hace diez años que Maruja Vilches quiso ayudar a los niños del Polígono Sur valiéndose de la música y la pasión cofrade. Recopiló instrumentos de música donados y puso la semilla de lo que entonces era un sueño: una banda de Semana Santa con músicos de Las Tres Mil Viviendas. Cinco niños comenzaron con ilusión aquella agrupación bajo la dirección y las enseñanzas de Mario Infante, aprendiendo la disciplina de un trabajo grupal, agarrándose a una pasión y dejando de lado las tentaciones de la calle. Hoy son 90 músicos los que componen la agrupación musical Santa María de la Esperanza, una más de las que ponen los acordes a la semana grande de Sevilla. Un año más acompañarán a la Hermandad de La Paz, El Cerro y El Sol. También, por supuesto, el Viernes de Dolores a la hermandad del Polígono Sur, la agrupación parroquial Bendición y Esperanza. Y, por primera vez, a la Hermandad del Gran Poder de Camas.

«Se han convertido en los embajadores de Las Tres Mil», cuenta orgullosa a Sevilla Solidaria Maruja Vilches. Primera hermana mayor de una hermandad de penitencia en Sevilla -la hermandad de Los Javieres-, Maruja ha sido directora durante cuatro años del Proyecto Fraternitas del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla, dejando una huella imborrable en el Polígono Sur, que aún continúa a través de la Asociación Maruja Vilches con el Polígono Sur.

La asociación mantiene un dispensario en la parroquia de Jesús Obrero con muebles, alimentos y productos de primera necesidad, con diez voluntarias, de entre 50 y 80 años, ayudando en todo lo que pueden, descargando camiones si es necesario. En la misma parroquia tiene la banda su local, donde ensayan a diario. Esta agrupación musical tiene un sitio especial en el corazón de Maruja. Hace dos años que pasó de manos del Proyecto Fraternitas a tener directamente el tutelaje de esta cofrade ilustre. Los comienzos difíciles le vienen a la cabeza. «Conseguí un descuento en El Corte Inglés para camisas blancas y pantalones de camarero, para que fueran todos iguales», rememora, «luego tuvimos el diseño de Manolo Esteban para un primer uniforme, precioso».

Pero aquel uniforme se les quedó pequeño y ahora lucen otro, con gorra de plato, levita y fajín rojo. La mayoría ahora son chicos y chicas de en torno a 20 años, junto a algunos padres que han querido acompañarlos y otros compañeros más jóvenes, siendo el más pequeño de 14. «A quien tiene necesidades se les ayuda siempre», cuenta Maruja, «la banda les ha traído motivación y disciplina, porque no se puede formar parte de una procesión si luego estás delinquiendo por detrás». Algunos de los músicos estudian en la Universidad, otros han optado por una formación profesional y muchos de ellos ya cuentan con trabajo, «mucho se lo deben a la música y la disciplina que exige una banda».

Además de hermandades de penitencia en Sevilla, la agrupación e es reclamada en pueblos y certámenes de música. También es habitual en la cabalgata de Reyes Magos del Ateneo de Sevilla después de que su antiguo presidente, Alberto Máximo, confiara en ellos. Su sonido habla por ellos. Es su  música la que les ha hecho un sitio en la Semana Santa, con la reputación y la magia necesaria para que al mirarles el público arremolinado al paso de la procesión vea un Polígono Sur diferente y real.

 

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