Acompañando a la infancia desde ALEF
La Asociación ALEF es una entidad pequeña, de barrio, profundamente arraigada en Triana, que desde hace más de una década trabaja con infancia y familias en situación de vulnerabilidad. Su labor se desarrolla actualmente de forma exclusiva en el marco del programa CaixaProinfancia, impulsado por la Fundación ”la Caixa”, siendo 67.000 niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad atendidos por el programa en toda España en 2025; y 4.200 en Sevilla.
ALEF nació tras la disolución de una asociación previa. Lejos de abandonar el proyecto, el equipo técnico decidió dar continuidad al trabajo creando una nueva entidad. La Fundación ”la Caixa” confió entonces en ellas, respetó su trayectoria profesional y les permitió mantener el programa que ya venían desarrollando. «Para nosotras eso fue clave. Por eso le tenemos tanto cariño a Fundación ”la Caixa”, ya que es una entidad que cumple y que cuida los proyectos», explica Rosario García, socia de la Asociación ALEF Sevilla.
El crecimiento del proyecto fue paralelo a un pilotaje impulsado por la Fundación ”la Caixa”, que dividió la ciudad de Sevilla por zonas de intervención. Triana fue una de las áreas seleccionadas, en parte por la buena coordinación con los servicios sociales y el tejido comunitario del barrio.
En la actualidad, el equipo está formado por seis profesionales y atiende semanalmente unos 80 niños. El programa se desarrolla de lunes a jueves con refuerzo educativo y los viernes con actividades de ocio. Durante el verano, además, organizan colonias urbanas durante cinco semanas, una especie de escuela de verano en la que los menores participan en actividades culturales, deportivas y lúdicas a las que muchas de sus familias no podrían acceder de otro modo. Desde ALEF insisten en que su trabajo va mucho más allá del apoyo escolar. «Buscamos un punto de calidad, incluso de excelencia. Esto no es ‘tener al niño aquí haciendo deberes’. Queremos que sea un espacio seguro, un lugar de confianza», subraya García.
Los perfiles de los menores son diversos. Aunque Triana no está catalogado como zona de transformación social, el barrio presenta una gran heterogeneidad social y cultural. El programa exige cumplir ciertos requisitos económicos, pero también un compromiso real con el proceso educativo. «No trabajamos con situaciones de extrema vulnerabilidad, sino con familias que, aun teniendo dificultades, se implican y quieren que sus hijos aprovechen el recurso», explica Mónica Ruiz, socia de ALEF.
En los últimos años, el equipo detecta cada vez más dificultades educativas y emocionales como problemas de conducta, déficit de atención, dificultades en el lenguaje o desregulación emocional. Muchas de estas dificultades, coinciden, están relacionadas con cambios sociales profundos como el uso abusivo de pantallas, la falta de límites, la ausencia de figuras adultas de referencia o la escasa supervisión familiar. «Hay niños con una auténtica adicción al móvil. Incluso aquí, en las actividades de ocio lo vemos. Existe una desconexión muy grande con la realidad», apunta Marta Fernández, tesorera de la asociación.
El trabajo con las familias es otro de los pilares del programa, aunque se articula a través de distintos recursos de CaixaProinfancia, como talleres educativos familiares o apoyo psicológico. «Nosotras trabajamos en red. Cuando detectamos una necesidad concreta, derivamos», explica Fernández. A ello se suma uno de los grandes retos actuales: el desfase curricular. «Cada vez encontramos más niños con dificultades. Grupos que antes funcionaban bien ahora requieren ratios más bajas para poder atenderlos adecuadamente», añade. El sistema educativo también influye en esta situación. Las profesionales observan que muchos alumnos promocionan de curso con varias asignaturas pendientes, lo que genera desmotivación.
ALEF es, ante todo, un proyecto humano. El equipo funciona de manera horizontal en un clima de confianza que se transmite también a los niños. «Aquí todas contamos. Nos apoyamos, nos consultamos y aprendemos unas de otras», afirma María Jiménez, técnica y secretaria de la entidad. Ese ambiente hace que el trabajo, aunque exigente, sea profundamente satisfactorio. «Trabajar en ALEF supone un enorme crecimiento personal. Hemos aprendido de todo y, sobre todo, de los niños y las familias», añade.
Aunque ahora el foco está puesto en la infancia, ALEF no descarta ampliar su acción en el futuro a otros colectivos. También se plantean proyectos intergeneracionales que conecten a niños, jóvenes y mayores. Porque ALEF no es solo un recurso educativo, es un espacio de encuentro, de cuidado y de comunidad. Un lugar donde sentirse como en casa.
