Abrir la puerta de casa para cambiar la infancia

Las Familias Colaboradoras de ACCAM ofrecen a menores que viven en centros de protección algo tan importante como compartir tiempo, rutina y cariño en un hogar

Hay decisiones pequeñas que terminan cambiándolo todo. A veces basta con abrir la puerta de casa un fin de semana, preparar una comida en familia o compartir una tarde cualquiera para que un niño vuelva a sentir lo que significa tener un hogar. Ese es el espíritu de las Familias Colaboradoras de Asociación ACCAM, una entidad que trabaja con menores en situación de vulnerabilidad y que busca crear vínculos afectivos y entornos familiares para niños y adolescentes que viven en centros de protección.

Hace apenas un mes y medio, una familia decidió dar ese paso en Sevilla. Todo comenzó tras una visita a un centro de menores organizada a través de su hermandad. Allí conocieron de cerca la realidad de muchos niños que crecen lejos de una rutina familiar. «Después de conocer aquella realidad, como pareja sentimos que teníamos que hacer algo», cuentan.

Desde entonces, comparten los fines de semana con un niño de ocho años. Aunque el menor vive en un centro y está bien atendido, ellos sintieron que podían ofrecerle algo diferente, la experiencia cotidiana de formar parte de una familia. «Pensamos que podíamos aportar algo importante en su vida», explican.

La experiencia les ha transformado mucho más de lo que imaginaban. Hablan de una convivencia llena de aprendizaje y de pequeños detalles que ahora miran de otra manera. «Estos niños te enseñan a valorar cosas que muchas veces damos por hechas», aseguran. Algo tan simple como tener un patio en casa, sentarse juntos a ver la televisión o compartir tiempo en familia adquiere un significado completamente distinto.

También destacan la capacidad de adaptación de estos menores y la mezcla de fortaleza e inocencia con la que afrontan el día a día. «Son muy maduros para algunas cosas, porque han vivido situaciones difíciles, pero al mismo tiempo siguen siendo muy inocentes en otras», relatan.

Desde ACCAM recuerdan la importancia de este tipo de colaboración para favorecer el bienestar emocional y social de los menores. El objetivo no es sustituir a una familia ni formalizar un acogimiento permanente, sino ofrecer referentes positivos, estabilidad afectiva y momentos de normalidad que muchas veces marcan una diferencia enorme en su desarrollo.

Para quienes se convierten en familias colaboradoras, el vínculo que se crea también deja huella. «Te enriquece muchísimo como persona. Al final, dedicas parte de tu tiempo libre a otra persona, pero recibes mucho más de lo que das», explican. En su caso, además, destacan lo fácil que ha sido la integración del pequeño en su entorno familiar. «Está súper bien integrado con nosotros y eso hace que todo sea muy natural y bonito».

Aunque muchas personas sienten miedo o dudas antes de iniciar el proceso, esta familia anima a otras a informarse y dar el paso. «Es normal tener dudas al principio, pero cuando lo haces te das cuenta de que merece la pena», afirman.

Porque, a veces, cambiar la vida de un niño empieza simplemente ofreciendo algo tan cotidiano como una casa, una conversación o una tarde en familia. «Solo hace falta atreverse y dar una oportunidad, porque con un pequeño gesto puedes cambiar mucho la vida de un niño».

Conoce la Asociación ACCAM y contacta aquí para saber más sobre las Familias Colaboradoras.

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