Voluntaria de ASA: «Se forma un vínculo tan estrecho que ya son parte de mi familia»
Laura Armario, de 25 años, afirma sin lugar a dudas que el voluntariado con la Asociación Sevillana de Asistencia (ASA) le ha cambiado la vida. Hace tres años llegó con cierta timidez a casa de Juanma, ahora con 32 y con discapacidad intelectual y física. No sabía cómo la recibiría. Pero el comienzo de lo que ahora es una amistad fue inmediato. Y también se unió al grupo el hermano pequeño, Alberto, con Síndrome de Down y 21 años. «Es un vínculo tan estrecho que al final forman parte de tu familia, yo en la de ellos y ellos en la mía, conocen hasta a mis padres», indica.
Las visitas que Laura hace cada martes a esta casa forma parte de las actividades de respiro familiar de la asociación ASA. «Son dos horas a la semana en las que la familia con uno o más integrantes con discapacidad puede dedicar a lo que quiera, que les vienen muy bien», indica Ana Panduro, vicepresidenta de la asociación «así combatimos la soledad, porque una familia se puede sentir sola sin ayuda, y los mismos chicos encuentran en los voluntarios unos amigos al igual que ven que tienen sus hermanos, se sienten uno más».
Juanma, el más hablador de los dos hermanos, lo dice. Que Ana es su amiga y le quiere. Ya está planeando incluso las vacaciones de verano en Huelva, y no duda en pedir a Laura que les acompañe. Lleva bajo el brazo un cuaderno lleno de dibujos a colorear, la mayoría de imágenes de Semana Santa, que enseña orgulloso. «A los dos les gusta colorear y es una de las actividades que hacemos en casa», explica Laura, «otras veces salimos a pasear o a merendar, o simplemente charlamos». Hay días al año en los que también participa en salidas de ocio de más tiempo, como estas Navidades en las que fueron al centro a ver los belenes y las luces, o cuando con una actividad de ASA Laura acompañó a Juanma al Rocío.
En la asociación están abiertos a todo aquel voluntario que quiera participar, tanto para las actividades de respiro familiar como para el acompañamiento de personas en centros hospitalarios, residencias de mayores o en su propio domicilio, siempre con el objetivo de combatir la soledad. «A los interesados les hacemos una entrevista personal y luego realizan un curso de formación para prepararlos en el trato con las personas a las que van a acompañar», indica Panduro. «A veces los voluntarios van solos y otras acompañados o en grupo, tenemos una pareja de novios, por ejemplo, que siempre van juntos y hace poco llevaron al chico al que acompañan a una hamburguesería, él y los padres estaban encantados», recuerda.
La complicidad entre los tres es evidente. Ellos esperan con ganas cada martes por la tarde a que llegue Laura, y los padres confían en ella. «La madre me dijo en una ocasión si me había planteado dedicarme a algo de esto porque tengo un vínculo con ellos muy especial», confiesa. Y lo cierto es que se lo ha planteado tan seriamente que, tras haber estudiado relaciones laborales y recursos humanos, ya está preparándose para ser técnico de inserción laboral con personas con discapacidad y sueña con dedicarse en un futuro a la terapia ocupacional. Por eso mismo, en todos los aspectos, este voluntariado le ha cambiado la vida a Laura. Su futuro laboral ha dado un vuelco y su vida está más llena, porque Juanma y Alberto ahora están en ella.