«Sevilla hace posible cada día el milagro de los panes y los peces en este comedor»
Parecía imposible atender al triple de personas en el comedor social de la Hermandad del Dulce Nombre de Bellavista, con los recursos justos para una obra social ya de por sí inmensa. En esta casa les ha tocado mirar de frente a una de las consecuencias más graves del aislamiento: el hambre. Nadie podía prever aquí a principios de año esta pandemia que ha llevado a pedir comida a familias que nunca antes habían necesitado ayuda. Pero se hizo posible el milagro de los panes y los peces, como indica su hermano mayor, Diego Centella.
Más de 40 voluntarios, con sus mandiles o sus petos enfundados, están trabajando desde hace dos meses y medio con una sonrisa y sin pedir nada a cambio tanto atendiendo con recados a las personas más vulnerables como preparando los menús en un local por suerte lleno de alimentos, porque el barrio y Sevilla entera han respondido con solidaridad. Conmocionados, han visto llegar donaciones de empresas y particulares así como de aquellos donantes que colaboran anónimamente desde que el comedor abrió hace 8 años. El milagro se materializó y de prestar atención a 120 comensales han pasado a atender a más de 400 a diario. Lo que se traduce en más de 40.000 kilos de alimentos repartidos durante el estado de alarma.
Diego Centella también se cuelga el delantal negro, con el escudo de la hermandad cerca del corazón -lleno hoy de amor y agradecimiento-, mientras rellena cada bolsa de comida justo antes de que sean entregadas.

—¿Cuál es el perfil de las personas que os piden ayuda?
—Ha cambiado drásticamente. Son familias con muy pocos recursos o sin ingresos. Alguno de sus miembros están un ERTE o en el paro, y aún no han cobrado nada por lo que se le hace imposible llegar a un sustento mínimo básico. También están llegando más personas del norte de África y Sudamérica, algunos quizás sin papeles. No estamos exigiendo nada, porque no están pidiendo un piso en la playa sino comida, y así agilizamos el proceso. Cuando esto se tranquilice reanudaremos las formalidades y las derivaciones a asuntos sociales para que haya un control.
—¿Cómo ha cambiado el funcionamiento del comedor?
—Antes las personas comían aquí y ahora no puede ser. Eso implica otro gasto añadido: los envases para que se lo lleven a casa. Repartimos en la puerta y siguen siendo menús, con un primer plato, postre y bebida. Además, aportamos alimentos para cocinar en casa para solventar también el problema de la cena. Incluso ahora estamos abriendo los sábados y entregamos para el fin de semana.
—¿Qué necesitáis?
—Necesitaríamos ayuda del Ayuntamiento para controlar el distanciamiento social en la calle en la hora y media que tardamos en repartir la comida. También al menos un fuego más en la cocina que se nos queda pequeña. Ahora contamos con una aportación de la Asociación de Hosteleros de Sevilla que nos están entregando unos menús y vamos tirando, pero pronto tendremos que responder a esas 400 comidas haciéndolas diariamente.

—¿Cómo lo estáis afrontando?
—Gracias a una subvención de los Asuntos Sociales del Ayuntamiento, a los donantes que están desde que abrimos hace ocho años, a empresas como Mercadona, otras hermandades de la ciudad, y a muchos particulares con donaciones pequeñas y grandes. El esfuerzo que se está haciendo es importante. También el grupo Los 300 voluntarios de Sevilla, creado por el confinamiento, que están colaborando con nosotros de manera espectacular y con otras entidades. Nos han proporcionado congeladores, botelleros, comida, pescado fresco... Otro impulso fundamental ha sido por parte de Unión Deportiva Bellavista.
—¿Qué iniciativa han lanzado desde el club?
—Han creado una Fila Cero con la que han recaudado dinero para abastecer al comedor durante dos semanas en las actuales circunstancias. Solo sentimos agradecimiento por tantas personas que están ayudando.
—También habéis lanzando otras acciones solidarias durante el estado de alarma
—Desde el inicio del confinamiento tenemos un grupo de voluntarios que atienden a personas mayores o en grupo de riesgo para ayudarles con las compras o lo que necesiten. Otro grupo de voluntarios psicólogos han atendido llamadas de personas que lo estaban pasando mal, solas o con riesgo de sufrir una depresión.
—¿Cómo se están implicando los voluntarios de la hermandad?
—Es de admirar el espíritu, el ambiente y la alegría con la que trabajan a pesar de ser una circunstancia tan dura. Están entregando su tiempo que es lo más valioso que tenemos pero salen fortalecidos. Al fin y al cabo, solo somos el brazo ejecutor de la Iglesia al servicio de los más necesitados.
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