Marian Pérez: «Con el acogimiento le ofreces a un niño una cura del alma»

La presidenta de la Asociación de familias de acogida y colaboradoras Abrázame Sevilla es un gran ejemplo de diferentes formas de darle amor a un niño

Marian tenía una hija de 5 años y era madre adoptiva de una niña -entonces con 24 años-, cuando decidió embarcarse con su marido en la aventura del acogimiento familiar. No tiene nada que ver éste con la adopción, puesto que el menor se mantiene en contacto con su familia biológica, de la que ha sido alejada por diversas razones.

Más de 3.450 niños y adolescentes viven en centros de protección de Andalucía a la espera de una familia de acogida. La Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación ha atendido a 2.867 menores mediante el sistema de acogimiento familiar durante el primer semestre de 2020. Del total de estos niños y adolescentes, 1.020 han sido atendidos por familias ajenas (sin relación de parentesco) y 1.847 por familias extensas (con relación de parentesco con su familia de origen). En Sevilla, un total de 432 familias han acogido a 544 menores (168 ajenas y 376 extensas)

Estos menores necesitan, como cualquier otro niño, el amor, los cuidados y el apoyo diarios de una persona con la que sentirse especial. Quienes superan los 9 años están cada vez más lejos de esa posibilidad. Aún más difícil lo tienen los hermanos que necesitan permanecer juntos.

Marian y su marido acogieron en 2016 a dos hermanas de  8 y 11 años en acogimiento permanente y especializado. «Los hijos biológicos aceptan con mucho amor a los niños que llegan porque se les explica con tiempo que van a tener unos hermanos para ayudarles, y participan en la ilusión de acogerlos», explica Marian a Sevilla Solidaria, «es fundamental  eso sí tratarlos a todos por igual».

La experiencia fue tan buena que el pasado año se decidieron a ofrecer el acogimiento de urgencia, con el que se acoge a un menor de manera inmediata para evitar su ingreso en un centro de protección. Así llegó un bebé a esta casa y con los meses el acogimiento de urgencia derivó a uno temporal, puesto que se le podía conseguir una solución pronta. Ahora en septiembre, y tras un año y medio, deberán despedirse de este pequeño que será adoptado por una familia.

Marian y su marido son un ejemplo de padres solidarios que desean darle un hogar a un niño que lo necesita. Con el fin de visualizar su situación y luchar por los derechos de las familias de acogida y colaboradoras, un grupo reducido de padres de acogida se unió en 2015 y creó la asociación Abrázame Sevilla, muy implicada también en el apoyo a los jóvenes que con 18 años dejan de ser tutelados por la administración y deben buscarse la vida. Marian Pérez, ahora presidenta, se incorporó al grupo en 2016 tras internarse en este mundo.

—¿Quién puede acoger?

—Cualquier familia que tenga motivación suficiente y estén preparados para lo que viene. Todo niño llega con su mochila a cuestas porque han salido de una situación hostil. Por lo demás, solo es necesario que tenga un nivel económico que les permita mantenerlo y, sobre todo, ofrecer un entorno seguro.

—¿Cómo ha sido tu experiencia?

—Mi marido y yo tuvimos mucha suerte porque son dos niñas muy buenas y con un gran nivel curricular. Ahora nos toca afrontar los pulsos propios de la adolescencia como a cualquier padre. El pasado año, además, decidimos ofrecer el acogimiento de urgencia, y tenemos un bebé con nosotros que este septiembre será adoptado en otra casa.

—¿Cómo se vive esa separación?

—Emocionalmente no es fácil y siempre necesitas tu duelo pero es muy gratificante poder ayudar. Se trata de una motivación como otra cualquiera, dejas de lado el egoísmo y cualquier tipo de interés, y le ofreces a ese niño una cura del alma.

—¿Cómo habéis pasado el confinamiento?

—Ha sido complicado. La acogida nada tiene que ver con la adopción, los chicos siempre que pueden siguen en contacto con su familia, pero se tuvieron que suspender todas las visitas. Eso les afecta a los niños. Y quienes peor lo pasan son sus familiares biológicos.

—Una de las razones del nacimiento de la asociación fue luchar por los derechos de las familias de acogida, ¿qué habéis conseguido?

—Hemos dados pasos importantes, como una horquilla en los plazos de matriculación de nuestros niños en centros escolares, que tengan preferencia en los centros donde estén los hermanos de la familia acogedora, dos actividades extraescolares y comedor gratuito o un mayor respeto a la intimidad de nuestros niños.

Abrázame cuenta con un piso de autogestión para jóvenes extutelados

—También tenéis una especial atención a los chicos extutelados

—Muchos niños que salen a los 18 de los centros de menores no tienen donde ir o vuelven con su familia desestructurada. En vista de esto, solicitamos un alquiler social a Emvisesa de un piso para seis plazas y comenzamos el «Plan de Vida». Este es un proyecto dedicado a la inserción de estos niños, que no salen del piso hasta que no tienen trabajo, y se les acompaña y apoya en su plan de vida ya quieran seguir estudiando o buscar directamente un trabajo.

—¿Cómo son los chicos que por aquí pasan?

—Son fundamentalmente extranjeros -muchos subsaharianos- que han pasado viajes durísimos, han atravesado andando países, cruzado el mar y visto morir a compañeros. Son situaciones traumáticas, que se guardan para ellos.

En el centro, Hamadou e Ibrahima

—¿Quiénes han sido los últimos casos de éxito?

—Hamadou e Ibrahima han sido los últimos en dejar el piso. Ya tienen trabajo y seguirán estudiando un grado medio. Se han ido de alquiler a un apartamento junto a otro joven. Aún así seguiremos en contacto. Han hecho un esfuerzo muy grande por integrarse. Sólo necesitan sentirse queridos y protegidos y por supuesto, una oportunidad y empresas que apuesten por ellos. Es injusto el trato que se les da, se les mete en el mismo saco junto a delincuentes. Pero lo cierto es que las pateras van a seguir llegando, y si no se les facilita un proceso de inserción, es cuando sí creamos una bolsa de delincuencia. Fíjate, uno de los chicos llegó en una patera junto a 25 muertos. Yo les digo: «ya has pasado lo peor, ahora todo es crecer y sumar, y aquí estamos nosotros para daros la mano».

 

 

Relacionados
Comentarios