«Los usuarios del comedor San Juan de Acre aumentan de forma alarmante»
En el comedor social de la calle Mendigorría, gestionado por la Fundación Hospitalaria Orden de Malta, han vuelto sus voluntarios. Son grupos más reducidos por día que antes del Estado de Alarma, llevan su mascarilla y una mampara les separa del usuario que viene a la puerta a por el menú, con un plato guisado, un entrante, fruta, servilleta y cubiertos. Aquí hace cerca de cinco meses que decidieron que lo más sensato era que los voluntarios permanecieran en sus casas. Ahora, cuando se busca la mayor normalidad, encuentran que un problema se cierne sobre este recurso solidario: la cifra de usuarios del comedor no para de crecer.
El comedor no ha dejado de dar comidas durante esta situación difícil provocada por la pandemia, abierto como siempre de lunes a viernes. Dos días antes de decretarse el Estado de Alarma decidieron dejar de servir la comida en mesa y entregar bocadillos a los usuarios desde su puerta. Sin voluntarios, el propio delegado en Andalucía de la Orden, Miguel Enrile, preparó en el comedor vacío los bocadillos junto a tres de las trabajadoras -Ana Muñoz, Rocío García y María Torres-Ternero-. Dos voluntarios se le sumaron a los quince días para ayudarles.
De la noche a la mañana la cifra de quienes se acercaban a por su bocadillo subió drásticamente. «Llegamos a repartir 288 bocadillos en un solo día, aquí nunca se le ha dicho que no a nadie». Luego, durante un tiempo, las personas sin hogar fueron alojadas en instalaciones habilitadas por la administración para ellos, por lo que el número bajó ligeramente. Pero las familias con menores o mayores al cargo, a las que desde el comedor repartían ciertos alimentos por las mañanas en su despensa solidaria antes de todo esto, vieron agudizada su difícil situación económica, y no podían ni acercarse a ellos a por la comida debido al confinamiento. «La gente veía nuestra furgoneta, que casi era el único coche por las calles, y la paraban para demandar ayuda», recuerda el delegado a Sevilla Solidaria. Una furgoneta con el logo de la Orden visitaba diferentes puntos de la ciudad para acercarse a las familias y entregarles comida guisada y alimentos para todo el día. Así estuvieron 40 días. Si en los primeros tres meses del año, dieron 2352 kilos en la despensa solidaria, en abril, mayo y junio se utilizaron 10148 kilos de alimentos. Ahora reparten a 188 personas. «Cuando comenzaron a cobrar el ERTE muchas de ellas nos dijeron que ya no lo necesitaban, aunque siguieron entrando otras», aclara Enrile.
Solidaridad sevillana
Lo esperanzador en medio del azote que supuso el Covid fue que si más personas se acercaban a pedir ayuda, más llegaban para ofrecerla. El comedor financia el 65% de su actividad con ayudas públicas, el resto proviene de ayudas privadas. «Nos han donado de todo: mascarillas y EPIs cuando escaseaban, o también aceitunas, garbanzos, pollo, jamón serrano...» enumera Enrile, «incluso un empresario nos ha estado trayendo todo este tiempo botellas de agua para las personas sin hogar».

Pero la ayuda no puede dejar de llegar. El almacén del comedor está ya prácticamente vacío. «Antes venían en torno a 200 personas al día, ahora hemos llegado a dar en un solo día 263 menús», explica el delegado. «Vemos muchas caras nuevas, y personas más normalizadas quizás porque al no tener que entrar en el comedor se les hace más fácil. No son todos personas sin hogar, sino también aquellas con tan pocos recursos que les llega apenas para el alquiler».
Juan y Mercedes, buena relación entre usuarios y voluntarios
Juan es uno de los usuarios que se acercan a por comida. Tiene más de 50 años y hace 8 años que acude al comedor. «Todos los que nos atienden son muy simpáticos y agradables», cuenta a Sevilla Solidaria. Es cristalero y está dispuesto a trabajar en lo que sea necesario a muy buen precio, pero confiesa que con la edad cada vez es más complicado. El comedor es un punto de apoyo fundamental y lamenta que «por unos pocos que no se comportan como deben se nos meta a todos en el mismo saco». Lo cierto es que a día de hoy se turnan con distanciamiento para acercarse a la puerta.
Se nota agradecimiento en las palabras de Juan, a quien la jefa de voluntarios de los martes, Mercedes, trata con el cariño que da el tiempo. Y es que Mercedes Murube viene a colaborar desde hace diez años cuando abrió este comedor en la calle Mendigorría. «Mi marido es de la Orden y me habló del proyecto». Le gustó tanto que aquí sigue. Ahora organiza a 25 voluntarios que se van turnando para estar presentes unos 17 al día, en dos grupos.

Mercedes llega a las 14,30 para hacer la comida. «Unos parten los ajos, otros las patatas... cada uno tiene su función». Y a las 16,30 se cambia el turno y llegan quienes embolsan la comida, doblan las servilletas y organizan las botellas de agua, además de, por supuesto, entregar las bolsas. Después de tantos años Mercedes conoce a muchos de los usuarios. «Me saludan por la calle y muchos van cogiendo confianza y me terminan hablando de su vida personal», cuenta.
Otros servicios: desayunos y centro de atención sociosanitaria
El comedor y la despensa solidaria no son los únicos recursos que la Orden desarrolla en Sevilla. Este septiembre voluntarios, unos 44, también han retomado su actividad en los Desayunos Solidarios, con la que se acercan a las personas sin hogar los sábados y domingos para ofrecerles un desayuno y así comprobar si necesitan ayuda. «El primer día que se reinició el programa fue emocionante porque aplaudieron a los voluntarios al verlos llegar», explica Enrique, quien advierte además que han notado «mucha más gente en la calle».
La ilusión ahora está puesta en nuevo proyecto que tuvieron que paralizar y pronto podrá ver la luz: el centro de atención sociosanitaria en un local de Torneo. «Vamos a atender a las personas sin hogar, que no pueden acudir a los médicos, y, además, la trabajadora social tendrá su despacho y podrá atenderlos para sacarlos de la calle», explica el delegado. «Esto último es algo en lo que ya estábamos trabajando, pero en lo que podremos profundizar, ya que ese es realmente nuestro objetivo».