Los entresijos del comedor de Triana que no ha cerrado un solo día en 115 años
Ni la guerra civil logró que las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul cerraran las puertas del comedor social de Pagés del Corro. El servicio a los pobres es el sentido de esta Compañía, y a ello están entregadas hoy las 16 Hermanas de esta casa como cada día lo han estado sus antecesoras desde 1904. Muestra de ello son Sor Pilar, en la acogida de quien traspasa la puerta de entrada en busca de ayuda, o Sor María Luisa en las duchas para quien vive en la calle o no le alcanza la pensión para pagar el agua de su vivienda.
También Sor Anuncia en el ropero, donde en lo que parecen infinitas estanterías y percheros se acumula ropa donada. O Sor Isabel y Sor Antonia, que han procurado que todo esté dispuesto en el comedor, engalanado estos días de lunares y farolillos porque todos tienen derecho a respirar la Feria de Sevilla. Por último, en el economato la experiencia y la juventud trabajan a la par. Sor Salud, la Hermana más joven, no para ni un instante atendiendo con rapidez en la caja. Tras subir las escaleras, a la salida, Sor Consuelo, de 92 años, regala a cada usuario un artículo más para la bolsa de la compra.
Pero atender a 600 familias en el economato o dar de comer diariamente y con calidad a 200 personas, no es algo que puedan hacer ellas solas. Cuentan con el apoyo fundamental de en torno a 150 voluntarios que se vuelcan con su causa. «Sin ellos esto no sería posible», afirma con rotundidad y agradecimiento Sor Modesta, Hermana Superiora.

«Si me ausento algún día siento que me falta algo», afirma a Sevilla Solidaria Ana, responsable del economato social junto a su marido Paco, mientras no deja de revisar pedidos y provedores con un compañero. Este matrimonio lleva desde el 2011 como voluntarios, haciendo malabares para no desatender su tarea mientras cuidan a sus nietos, su hijo de 14 años y la rehabilitación a la que acude Ana. Un total de 35 voluntarios colaboran en este servicio miércoles y jueves. «Todos los productos de primera necesidad que una familia pueda necesitar lo encuentra aquí y solo paga el 25%», indica Paco. «Incluso algún capricho tienen de vez en cuando, como el chocolate, ¿por qué no?».
Los beneficiarios son lo primero, porque nadie es menos que nadie sin importar la situación en la que se encuentre. Y en lo que puedan, en esta casa quieren ofrecer lo mejor. Al igual que en los días previos al «pescaíto» Sor Isabel, en el comedor, y Sor Modesta planeaban con ilusión qué pescado frito ofrecer a los comensales.
Entrevista a Sor Modesta
—¿Cuál es el perfil de las personas que atendéis?
—Muchas de las personas que vienen al comedor duermen en la calle pero también hay mayores con pensiones muy bajas que cuando se pagan la habitación ya no tienen para comer. Para las duchas lo mismo, hay quien viene porque no puede pagar la luz y el agua en sus casas. En el ropero hay parte de la ropa para familias sin recursos y parte para los que atendemos en el centro.
—¿Se nota una evolución en las personas sin hogar que atendéis?
—Sí, porque trabajamos con ellos integralmente. Cuando llegan les atienden dos trabajadoras sociales y un mediador y les derivan a otro servicio si es necesario. Hacemos, además, salidas con ellos. Acabamos de llegar de tres días en Chipiona con 27 personas de la calle. Ves cómo van cambiando sus habilidades sociales y la relación entre ellos, pero en el entorno nadie se daba cuenta de que eran sin hogar. Me decía uno de ellos: «Sor Modesta, estos días me estoy sintiendo persona». Es una satisfacción muy grande.
—¿Cómo es el ambiente que tenéis?
—Muy bueno. Ellos consideran esto su casa, incluso a muchos les llegan aquí sus cartas. Y nos sentimos una familia. Vienen temprano y les damos de desayunar. Se quedan charlando o leyendo el periódico, tenemos siempre dos ejemplares de ABC de Sevilla, y luego pasan a informática donde dos días tenemos un taller y un tercero disfrutan de tiempo libre para hacer un currículum o comunicarse con la familia. De 12.30 a 13.45 horas tenemos abierto el comedor, en el que atendemos a una media de 200 personas, y al salir se les da un bocadillo para la cena.
—Fundamental el trabajo de los voluntarios
—Además son voluntarios que se implican, sienten esto como algo suyo, y algunos tienen detalles maravillosos. Fíjate. Se ha operado una señora del centro y un matrimonio voluntario se la ha llevado a su casa para echarle las gotas los días que dijo el médico.
—¿Qué tareas realizan los voluntarios?
—De todo, están presenten en todos los servicios. Para el comedor están en la cocina y sirven o limpian las mesas. En la ducha hay 6 voluntarias, ya que atendemos diariamente en torno a 35 o 40 personas, a la que ofrecemos siempre ropa interior nueva. Otro grupo de voluntarias va al ropero, selecciona lo que está bien o mal, ordena o atiende los pedidos. Y el economato es otro servicio importante porque atendemos a 600 familias, tanto nuestras como las que nos llegan de hermandades. Me gusta mucho porque la gente por poco dinero compra allí lo que realmente necesita o le gusta como en cualquier supermercado.
—¿Cómo se puede ayudar?
—De muchas formas, no solo como voluntario. Se puede traer ropa en buen estado y alimentos. Quien quiera también puede hacer un donativo. Hay un matrimonio cuyos hijos que tienen una hucha donde echan parte de su paga. En Navidad todos los años vienen a dar su donativo, aunque aparte los padres hagan el suyo por el banco. Eso es una cosa preciosa, con este ejemplo que le dan sus padres ven que hay quien no tiene nada.