«Las Tres Mil era un barrio que me imponía pero en dos semanas allí era una más»
Cuando Marta Calero comenzó a colaborar con la Fundación Alalá ya sabía lo que era hacer voluntariado. Al comenzar sus estudios en la Universidad Pablo de Olavide no tardó en contactar con la Oficina de Voluntariado y aquello le llevó a echar una mano en actividades en barrios marginales o en excursiones acompañando a personas con parálisis cerebral. Esta ingeniera y profesora de 32 años incluso ha dedicado sus veranos a viajes de cooperación a Etiopía, El Congo y Perú. Aún así la labor que Marta realiza actualmente con los niños de las Tres Mil Viviendas le ha cautivado especialmente por el nivel de implicación y por el cariño proporcional que le es devuelto de parte de los menores.
Desde Alalá se apoyan en la cultura, el arte y el deporte para impulsar la integración social y laboral de personas en riesgo de exclusión social, con especial énfasis en niños y jóvenes, destacando su escuela de flamenco. Así se trabaja la autoestima y se educa en valores.
Marta Calero ha estado hasta ahora colaborando especialmente en la Escuela de Refuerzo Escolar. «Yo era el enlace con los colegios, ya que una de las normas que tenemos es que si el niño falta a clase no puede venir con nosotros, ya que nuestra escuela es algo que les encanta», explica. El respeto que se ha ganado entre los jóvenes y pequeños es la mayor recompensa de su voluntariado así como el haber conocido un barrio que para ella antes era desconocido y en la actualidad se ha convertido en una «prolongación» del suyo propio.