«Trabajamos para que el carisma de San Juan de Dios siga vivo»
Manuel Armenteros es el superior de la Residencia de ancianos de San Juan de Dios. Fundada por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, en el siglo XVI, era un antiguo hospital que, a principios del siglo XX, se reconvirtió para dar una asistencia integral y respetuosa a las personas mayores en los últimos años de su vida.
Anteriormente, Armenteros era el superior del Hospital de San Juan de Dios en Córdoba, un centro de referencia en el sector sanitario.
La Orden de San Juan de Dios posee varios centros destinados a diferentes ámbitos de la salud en la región andaluza. En Sevilla se encuentran el Hospital de San Juan de Dios en Bormujos, la Ciudad San Juan de Dios, en Alcalá de Guadaíra, que presta educación-asistencial y laboral a personas con discapacidad intelectual gravemente afectada, y la nombrada Residencia de ancianos.
—¿Cómo se estructura la residencia y qué servicios ofrece?
—Hay 80 ancianos en la residencia. De ellos, 40 ocupan plazas concertadas con la Junta de Andalucía y otros 40 son plazas de régimen privado. La media de edad está en torno a los 80 y los 85 años, aunque varios de nuestros residentes superan los 90 años con buena calidad de vida. En cuanto a la cartera de servicios, tenemos medicina, enfermería psicología, fisioterapia, farmacia, trabajo social, terapia ocupacional, animación sociocultural, un servicio de peluquería muy demandado y, por supuesto, atención espiritual y religiosa. Por último, la residencia tiene unos 45 trabajadores.
—¿Cuál es la filosofía de la institución?
—Nos guiamos por los principios y los valores de la Orden de San Juan de Dios, la orden religiosa y católica a la que pertenecemos. Nuestro valor fundamental es, por tanto, la hospitalidad, y de ella nace el respeto, la calidad, la responsabilidad y la espiritualidad. Todos esto lo aplicamos día tras día en nuestras vidas y en el trato a los residentes. Nuestra misión es dar una atención integral a los ancianos, al igual que lo hacía San Juan de Dios, velamos para que que su carisma siga vivo. La persona es el centro de nuestro interés.

—¿Cuáles son los momentos más especiales en la vida de la residencia?
—Sin duda, la Semana Santa, que se vive de una forma muy intensa. La mayoría de los residentes son sevillanos y, en este 2018, se vivió un momento que a mí, como recién llegado, se me quedó grabado. Como la residencia está en una ubicación inmejorable, ya que da la Plaza del Salvador, bajamos a la puerta de entrada con algunos ancianos y, el capataz, al pasar y ver tantas personas mayores, hizo que el Cristo se parase unos instantes. Fue muy emocionante y bonito ver a todos los residentes y a sus familias al borde de las lágrimas. También disfrutan mucho los días de Feria, en los que acondicionamos el patio como si se tratase de una caseta, y las salidas con los terapeutas y colaboradores. Los llevan al cine o al museo, por ejemplo, y lo viven con mucha intensidad. Hay que tener en cuenta que, para lo que las personas más jóvenes es ordinario, para ellos es extraordinario. Están acostumbrados al día a día en la residencia, donde a veces las horas se hacen muy largas, y cualquier acontecimiento que los saque de esa rutina lo viven con mucha ilusión, la vejez es casi como una vuelta a la niñez en ese sentido.
—¿En qué consiste el programa «Apadrina a un mayor»?
—Es un proyecto de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios que apuesta por la dignidad de las personas más vulnerables, los ancianos . A través de él, pretendemos subvencionar plazas a personas mayores con escasos recursos económicos. Se puede colaborar con donativos puntuales, periódicos o aportaciones en especie. Todos estamos muy involucrados en esta iniciativa solidaria y llevamos a cabo distintas actividades a lo largo del año para recaudar fondos.