«Las personas sin hogar son mucho más que un estómago que alimentar»
«Una persona sin hogar no es sólo un estómago que alimentar, hay mucho más que darle más allá de comida y aseo», explica rotunda Sor Magdalena Herrera, directora del Centro Miguel Mañara para la acogida de personas sin hogar en la calle Perafán de Rivera. Y esta premisa se cumple en esta casa, regida por las Hermanas de las Hijas de la Caridad con un equipo multidisciplinar entregado a través de la Asociación Familia Vicenciana Proyecto Miguel Mañara. Aquí se aprecia el calor de quienes se han convertido en familia. Se siente que las cuatro paredes no sólo son un recurso, sino un hogar. Todo por aportar dignidad y una salida a quienes viven en la calle.
La protección ante el Covid-19 se toma bien en serio. Una alfombra desinfecta la suela de los zapatos nada más entrar en el centro, y los acogidos esperan la medicación en una fila donde es fácil guardar la distancia de seguridad si se siguen las marcas del suelo. Todos han dado negativo al coronavirus, a pesar que durante el confinamiento hasta 14 residentes presentaron fiebre y tuvieron que ser aislados. Por suerte, quedó en un susto.
«No estuvimos mal», explica Auxi, psicóloga, «tuvimos un orden más estricto que de costumbre y realmente eso les ayuda, hubo incluso quien se ha aficionado mucho a la lectura tras recurrir a ella en cuarentena». El Centro reaccionó bien pero es mérito de sus trabajadores a los que Sor Magdalena no se cansa de agradecer su esfuerzo. Como Mamen y Mari Luz, trabajadoras sociales o Andrés, coordinador de monitores, y en general toda la plantilla de 23 contratados. Y también de las 5 hermanas que allí residen, que lo dan todo a pesar de la edad que la mayoría lleva a sus espaldas, como Sor Rosario, que con 90 años ayuda en cocina, en el comedor o donde haga falta.

Y tras los 41 acogidos en el centro, una historia que contar. «Ellos piensan que están aquí por perder un trabajo o terminar una relación», explica Auxi, psicóloga, «pero no es ese el verdadero motivo aunque ni siquiera ellos lo sepan, quizás el punto de inflexión pero no la causa, tenemos que descubrirla juntos». Un apoyo personalizado es fundamental en el centro, donde todos se tratan como una familia.
Pablo, de 56 años, ya espera con ilusión su ingreso en una Comunidad Terapéutica para dejar finalmente atrás la adicción a la que se vio abocado cuando terminó en la calle hace poco más de año y medio. Y así conocer a su nieta, recién nacida. Ginés, de 64 años, valora mucho la atención de las hermanas y pide que se trata a los que están en la calle «como personas porque cualquiera se puede ver en esa situación». Sabe de lo que habla. Recibió una paliza hace un año mientras dormía en la Alameda de Hércules. Mirando a los más jóvenes, Youssef llegó al Centro Miguel Mañara tras salir de un centro de protección de menores y sin tener donde acudir. Ahora trabaja aquí como monitor ayudando a otros que pasaron por su situación.

La directora del centro, Sor Magdalena, responde a las preguntas de Sevilla Solidaria tras una visita por las instalaciones:
—¿Cuál es el objetivo de este centro?
—Acoger a personas sin hogar teniendo en cuenta que cada una es única. Hay que descubrir sus necesidades, ya sean físicas, psicológicas, educativas o espirituales, y ayudarles a alcanzar el objetivo de cada uno. Algunas terminan con un trabajo y pueden independizarse, otros por su edad sólo les queda esperar a llegar a una residencia.
—¿Cuál es el perfil de los beneficiarios?
—Son los denominados crónicos sociales, vienen con una enfermedad que en la mayoría de los casos es mental, y sin recursos ni económicos ni sociales, no tienen a nadie a quien recurrir.

—Y ofrecéis ayuda también a otros colectivos, ¿no es así?
—Sí, tenemos ahora mismo a 12 chicos extutelados por la Junta de Andalucía que no tenían a donde ir. Nos ayudan en todo y aprenden mucho. También contamos con cuatro casas, una de ellas en La Línea, donde acogemos a mujeres inmigrantes en una grave situación de exclusión social, muchas víctimas de trata.
—¿Cómo habéis sobrellevado el confinamiento?
—El equipo ha sido importantísimo porque ha estado muy implicado, incluso en tareas que no eran propias de su profesión. No ha faltado nadie ni en los días en los que más miedo se tenía. Eso ha ayudado a que los atendidos se vieran queridos. Contamos además con un grupo de voluntarios del Colegio de Médicos que se implicaron mucho y un gran número de donaciones.
—¿Cómo os financiáis?
—Fundamentalmente gracias al apoyo del Ayuntamiento de Sevilla. También tenemos la ayuda del IRPF desde la Junta de Andalucía, de la Fundación la Caixa y de otras entidades como el Banco de Alimentos, la Asociación de Hosteleros, El Corte Inglés, Persán o la panadería Portillo, entre otras.
—¿Cómo os tuvisteis que organizar en el Estado de Alarma?
—Cuando se decretó, los 30 acogidos por la Ola de Frío que tenemos cada invierno, acababan de salir del centro. Les abrimos la puerta de nuevo pero dividimos la casa en dos para que no tuvieran contacto con los 41 residentes que aquí tenemos y montamos tres comedores distintos. Ideamos nuevos talleres y les pusimos la televisión para que supieran que los que les contábamos nosotros iba en serio. Tuvimos 14 casos de fiebre, a los que aislamos, pero no se llegó a dar ninguno positivo por suerte.
—¿Cómo es la situación ahora?
—Te diría que vivimos en un estado de «prealarma». Los acogidos sólo pueden salir una hora al día y aconsejamos no ir a ver a su familias. Si han ido, deben guardar una cuarentena al volver.

—¿Hay salida para las personas sin hogar?
—No podemos ver a nadie como un desahuciado. Si ellos quieren, con el apoyo de nuestro equipo de psicólogos, educadores y trabajadores sociales, hay que ayudarles a conseguir un trabajo.
—¿Cómo se puede colaborar?
—Siempre es bienvenida la ayuda económica y en especies. Y nos gustaría contar con más voluntarios para que los acogidos puedan establecer lazos con una sola persona.