«Damos mucha importancia a la salud emocional de los niños»

Las integrantes de la Asociación Rutas son auténticos ángeles de la guarda para los pequeños del Polígono Norte

En los años 70, las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna decidieron ayudar a los niños del Polígono Norte, uno de los barrios más deprimidos de Sevilla. Ese fue el germen de la Asociación Rutas, que se constituyó oficialmente en 1976 y tiene un objetivo principal: ofrecer a los menores un espacio seguro de encuentro y aprendizaje, una opción alternativa a la calle en un barrio en el que la pobreza, el paro, los problemas de narcotráfico y la inseguridad siguen a la orden del día.

Actualmente, la asociación se ha convertido en toda una institución  en la zona y un punto de apoyo fundamental para los niños y sus familias. Irene Castilla es su presidenta, aunque insiste en destacar el importante papel de las otras dos trabajadoras, Mª del Mar Montiel y Almudena Martín.

Las tres trabajadoras de la Asociación Rutas
Las tres trabajadoras de la Asociación Rutas

—¿Como ayuda la Asociación Rutas a los niños del Polígono Norte?

—A grandes rasgos, tenemos dos campos: refuerzo educativo en primaria y secundaria y centro abierto para que, por las tardes, los menores no se queden en la calle y tengan un sitio seguro y donde se sienten respaldados. Por otra parte, tenemos una escuela de madres, un equipo de fútbol y un campamento de verano que organizamos con la Asociación Manos Abiertas.

—¿Notáis una respuesta positiva de los vecinos?

—Sí, llevamos mucho tiempo en el barrio, por lo que no nos hace falta ninguna labor de captación ni nada parecido, los niños vienen por el boca a boca, derivados de los colegios o, simplemente, por que sus hermanos mayores también lo hicieron. En total, este año hemos tenido 75 niños en la asociación.

—¿Es fácil lograr que los adolescentes sigan ligados a la asociación?

—Es cierto que la adolescencia es una época muy difícil, sobre todo en lo referente a los estudios. En este tipo de familias, muchas de ellas desestructuradas, no tienen muy inculcada la importancia del estudio, y es lo que nosotros tratamos de hacer. No obstante, no hemos tenido niños demasiado conflictivos. Además, quiero destacar que a nosotros nos importan los niños, no su capacidad académica. Es decir, le inculcamos que deben estudiar y esforzarse, pero  lo que realmente nos importa es su salud emocional, es la columna vertebral. Los comportamientos disruptivos de los niños están basados en acontecimientos emocionales, por lo que nos preocupamos de lo que les está pasando, si son felices, qué tal van las cosas en casa, en el colegio... y, a partir de ahí, les ayudamos a ser mejores.

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—¿En qué consiste la escuela de madres?

—Es, principalmente, un lugar de desahogo para ellas, ya que, normalmente, tienen vidas repletas de problemas. Procuramos que sea un sitio empático y tranquila, donde se sientan acogidas. Les damos pautas educativas, hablamos de sus problemas, de alimentación, de autoimagen...Hemos llegado a tener hasta 12 madres, y abuelas en una jornada, y el único requisito es que sus hijos sean miembros de la asociación. Consideramos que es una forma de cerrar el círculo: atender a las madres es vital para que el menor se vea beneficiado y tenga mejor salud emocional.

—¿Qué planes tienen para el futuro?

—Si pudiésemos quedarnos como estamos, ya sería un logro, pues hemos pasado momentos económicos muy críticos en la asociación, ya que ha que tener en cuenta que nuestra fuente de financiación es, principalmente, privada, destacando el programa CaixaProinfancia. A los menores y sus familias no les cobramos nada por pertenecer a la Asociación Rutas.

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