Blanca Parejo de Alalá: «En el Polígono Sur no todo es flamenco, pero el arte engancha»

La fundación Alalá cuenta ya con siete talleres en el Polígono Sur. El de artes plásticas se ha incorporado al último curso con 15 alumnos

La palabra «alalá», alegría en caló, está presente en toda la fundación, en sus trabajadores, en los niños que corretean por los pasillos, los jóvenes que salen charlando del Centro Cívico o en las madres que traen a sus hijos. El arte y el deporte son las herramientas para transmitir los buenos valores.

—¿Cómo surgió la fundación Alalá?

—Todo empezó con Emilio Fernández de los Santos, más conocido como «Caracafé», guitarrista profesional, gitano y nacido en las Tres Mil Viviendas. Pensando en las dificultades que tuvo de pequeño, reunía a niños del barrio para tocar la guitarra hasta que quiso formalizar esa enseñanza. Hace cuatro años me llamó y, gracias a José María Pachecho de la Fundación Konecta, nació Alalá.

—¿Cómo ha sido la evolución en estos cuatro años?

—Increíble. Al principio no sabíamos si las familias iban a confiar en cuatro payos. Pero ahora somos todos una familia.

—¿Por qué el flamenco?

— En este barrio no todo es flamenco pero sí es verdad que la música, la percusión, el teatro..., el arte en general, engancha. El refuerzo escolar lo hacen de forma maravillosa otras entidades, nosotros trabajamos la educación en valores.

—¿Cuántos talleres imparte la fundación?

—Son ya siete: guitarra, percusión, percusión latina, baile, canto, teatro y artes plásticas, además de la escuela de deporte.  Aparte, intentamos tener una partida para ayudas puntuales, como en Navidad que repartimos una cesta de la compra a cada familia. Lo que no dominamos, lo derivamos a otras entidades del barrio. Para las madres, contamos además con el taller de «Coser y cantar», donde aprenden el oficio de la costura. Ellas confeccionan todos los trajes de la escuela de teatro.

Blanca Parejo en una de las clases de Alalá, en el Centro Cívico El Esqueleto / Vanessa Gómez
Blanca Parejo en una de las clases de Alalá, en el Centro Cívico El Esqueleto / Vanessa Gómez

—¿Cuál es el último taller que habéis creado?

—El de artes plásticas ha comenzado este año y todos están entusiasmados. La profesora es María Ortega, con muchísima experiencia en talleres por todo el mundo. Ha trabajado, por ejemplo, en África con niños saharauis.

—¿Se están acercando el Polígono Sur y Sevilla?

—Las cosas están cambiando. Se trata de que el barrio se normalice,que la gente entre. Nosotros llevamos cuatro años viniendo y no hemos tenido ningún problema. Veo aquí mucha bondad, con las madres ayudándose unas a otras. Y ahora con la Factoría Cultural vamos a participar con la escuela de teatro.

—Las actuaciones son una parte importante de los talleres, ¿no?

—Sí Ahora en primavera tenemos muchas. Tienen mucho valor para los niños y para nosotros, para enseñar lo que aprenden y lo que llevan ya innato. Además, supone mostrarles lo que hay fuera del barrio, como cuando fuimos al Teatro Real de Madrid con José Manuel Soto.

—De hecho, los artistas están muy involucrados en Alalá

—Tenemos esa suerte. Hay artistas que vienen para clases magistrales, hemos tenido a Arcángel y al «Torombo», por ejemplo. Soto está muy involucrado también, es patrono y vicepresidente.

—¿Cómo se financia la fundación?

—El grueso es gracias a Konecta pero cada vez hay más entidades colaborando. Obra Social la Caixa financia el taller de artes plásticas y Mapfre el de «Coser y cantar», por decirte algunos.

—¿Con qué momento te quedas de estos años?

—Son tantos.... Quizás con esas tardes en las que madres me cuentan barbaridades que sufren y luego veo cómo se crecen los niños cantando. Qué alegría más grande ver que al menos durante dos hora todo es alegría, la vemos reflejada en sus caras.

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