El patio del Colegio Santa Ana durante la verbena benéfica / Foto: Alejandro Campos
El patio del Colegio Santa Ana durante la verbena benéfica / Foto: Alejandro Campos

Un colegio sevillano donde trabajadores, alumnos y padres son voluntarios de una fundación

El Colegio Santa Ana y la Fundación Juan Bonal son una unidad inseparable, donde profesores hacen voluntariado en las misiones, padres organizan eventos benéficos y alumnos apadrinan a niños sin recursos

Por  7:52 h.

A la entrada del colegio Santa Ana del barrio de Los Remedios, en la pared que rodea su acogedor patio repleto de macetas, lo primero que ve el visitante son fotografías realizadas en Filipinas. Un niño con sus manos dispuestas para rezar ante un plato de arroz, el primer plano de un rostro infantil sonriendo o una misionera con un hábito blanco son solo tres de las treinta imágenes expuestas. Cada una de ellas traslada a la realidad de la localidad de Mindoro, donde cinco Hermanas de la Caridad de Santa Ana, de la Fundación Juan Bonal, luchan por dar un futuro lleno de esperanza a más de 120 niños, atienden a enfermos y enseñan costura a mujeres para que su oficio no sea la prostitución.

Las fotografías no han llegado aquí por terceros. Quien estaba detrás del objetivo es el joven profesor de comunicación de Santa Ana, Alejandro Campos España, que viajó en 2016 con dos antiguos alumnos a la misión para echar una mano; porque la involucración del colegio con la fundación es muy estrecha. «Somos prácticamente una sola cosa. La fundación implica al colegio para poder hacer su labor y aquí todo el mundo colabora», indica María Chozas Rivera, delegada en Andalucía de la Fundación Juan Bonal.

Alejandro Campos durante su voluntariado en Filipinas

Alejandro Campos durante su voluntariado en Filipinas

Alejandro colaboró con cada uno de los proyectos desarrollados en Mindoro a beneficio de los niños, enfermos y mujeres. Las hermanas construyen viviendas para 150 familias y por entonces ya habían logrado entregar la mitad. En el mes que estuvo Alejandro además arregló, junto a sus dos compañeros, el tejado del comedor, pintó las paredes y compró platos, cubiertos, vasos, ollas y sartenes. Lo que más le llamó la atención de la experiencia fue la sonrisa de los niños. «Me di cuenta que no sonreían a la cámara, si no a mi», reflexiona. Todo lo que vivió en Filipinas lo traslada ahora a sus alumnos: «Da que pensar porque ellos allí no tienen casi nada, una vivienda en la que apenas caben y un plato de arroz solo, pero te seguían con alegría para que jugaras con ellos», añade.

Alejandro contempla la exposición «Filipinas: Acompañar la vida», de la que es autor / Foto: JM Serrano

Alejandro contempla la exposición «Filipinas: Acompañar la vida», de la que es autor / Foto: JM Serrano

Todo un colegio implicado

La labor en Filipinas es solo una de todas las que la Fundación Juan Bonal desarrolla en más de 30 países de todo el mundo. Alejandro ya planea para el próximo año un nuevo voluntariado internacional. Son muchos los profesores que viven esta experiencia, también antiguos alumnos, y no es raro repetir. «Juan Núñez, por ejemplo, utiliza cada año sus vacaciones de verano para ir a La India», aporta María. La ayuda continúa con la recaudación de fondos en el colegio. Así, tantos padres como los alrededor de 1500 alumnos y más de 120 trabajadores participan en desayunos solidarios, mercadillos, venta de libros y uniformes usados… o en la gran verbena que se celebra cada año en junio.

María Chozas, delegada en Andalucía de la Fundación Juan Bonal / Foto: JM Serrano

María Chozas, delegada en Andalucía de la Fundación Juan Bonal / Foto: JM Serrano

La ayuda continúa con el apadrinamiento. La Fundacion Juan Bonal propone apadrinar a un niño por 150 euros al año para proporcionarles estudios, comida y ropa. Los tutores del colegio Santa Ana procuran que entre todos los alumnos logren apadrinar al menos a un niño por clase. Además, a nivel individual es frecuente colaborar de esta manera. María Chozas vive por segunda vez la experiencia del apadrinamiento: «mantienes mucho contacto porque las hermanas nos traen cartas y fotos. Mi primer niño era de La India, tiene la misma edad que mi hija, crecieron juntos y se graduaron a la vez. Nos escribía muy a menudo para decirnos lo feliz que era y lo agradecido que estaba», recuerda.

Las cartas y el dinero que se recauda no pasan por intermediarios. «Quien ayuda está tranquilo porque todo se queda en las hermanas, ellas son las encargadas de llevarlo a donde sea necesario», explica la delegada en Andalucía. El contacto directo provoca que la involucración de todos sea mayor. Este año los 23 colegios de Santa Ana de España están recaudando fondos para un proyecto en Mugina, Ruanda, donde hay una escuela infantil y un taller de costura. Al igual que el año anterior la ayuda fue para abrir pozos en Ghana.

Una de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en la cocina / Foto: Alejandro Campos

Una de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en la cocina / Foto: Alejandro Campos

Para la puesta en marcha de eventos benéficos, no solo colabora el centro, también empresas y pequeños negocios aportan su grano de arena. El mayor esfuerzo parte de un grupo de mujeres «que hacen un trabajo impresionante a diario para recaudar fondos, han bordado toallas, creado adornos de Navidad, pompones… que luego se venden». Son en torno a diez mujeres profesoras o madres de alumnos. Así, el Colegio Santa Ana de Sevilla no es solo la sede de la Fundación Juan Bonal, es la fundación misma trabajando desde Sevilla.

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