«Si excluimos a un niño con Asperger no le enseñamos a la clase que el mundo es diverso»
La intolerancia de unas madres en un grupo de WhatsApp hacia un niño con Asperger, compañero de sus hijos, ha indignado a las redes. La conversación se ha hecho viral por mostrar la satisfacción de estas mujeres tras descubrir que el chico sería cambiado de clase. Esta reacción ha hecho patente el desconocimiento de la sociedad sobre este trastorno y el dilema sobre la integración educativa. «Estas mujeres lo hablaron en un ámbito privado y ha terminado saliendo a la luz, pero lo triste de esta historia es que hay muchas personas que piensan así aunque no lo digan», indica Rafael Jorreto, presidente de la Asociación Sevillana de Síndrome de Asperger (Asperger Sevilla).
Este trastorno por estadística afecta a un niño de cada centro educativo y supone una dificultad para relacionarse con el entorno. «Ellos quieren formar parte, pero no saben bien cómo», indica Rafael, «no entienden los dobles sentidos o los chistes, o no te miran a los ojos al hablar porque las expresiones no le dicen nada». Esto provoca en la mayoría de los casos el acoso escolar. «Estos niños, por ejemplo, no saben mentir y si el profesor pregunta por quién ha hecho una trastada, él va a acusar al compañero; es difícil para los otros chicos entender que metan la pata, pero es que al fin y al cabo el Asperger es eso, no pueden evitar meter la pata», indica.
El Síndrome de Asperger no supone una merma en la inteligencia, sino una dificultad para entender cualquier estímulo que esté relacionado con la comunicación social, por lo que los padres defienden que estén incluidos en la sistema educativo, no en escuelas especiales. «Adaptar las enseñanzas a un chico con Síndrome de Asperger no cuesta más dinero ni dificulta la marcha del resto, al contrario. Simplemente se deben estructurar los conocimientos explicando claramente lo que tienen que saber y no dejarlo al libre albedrío». Desde Asperger Sevilla solicitan adaptaciones curriculares «pero no significativas, no queremos que el profesor le pida menos a un alumno con Asperger sino que se lo pregunte de otra forma o que le facilite unos esquemas».
Al margen de los compañeros
Aspectos como la interpretación literal del lenguaje, dificultades en las funciones de planificación o para identificar sentimientos provocan una complicada relación con los compañeros, por lo que Jorreto dibuja un «panorama muy sombrío». Por ejemplo, les cuesta asimilar los ruidos fuertes por lo que el recreo es complicado, más si los compañeros no lo incluyen en los juegos. Los chicos lo pasan realmente mal, y los padres también. «Es duro ver cómo a tu hija no le invitan a los cumpleaños o cuando llega a la adolescencia se queda en casa mientras los demás salen», explica Rafael.
Una forma de ayudar a cambiarlo es trabajar con el entorno. «El mundo es diverso, hay que dejarlo claro desde pequeños, si dejamos al margen del sistema a un niño con Asperger le estaríamos enseñando a un grupo de 35 niños a convivir en un grupo que excluye a los que son diferentes».
En la Asociación Sevilla de Síndrome de Asperger luchan por conseguir la integración con numerosas acciones. Organizan jornadas informativas para profesores y médicos, y han creado un gabinete de profesionales especializados para las intervenciones en habilidades sociales. «No es todo negativo, hay colegios que nos piden que informemos a sus profesores y allí vamos, siempre que esté dentro de nuestras posibilidades, esteremos donde seamos de ayuda», se ofrece Rafael.