Kenia, la India, Perú… Jóvenes sevillanos preparados para hacer voluntariado internacional este verano

A través de Proyde, Fundación Mary Ward, la Universidad de Sevilla y los voluntarios del Padre Jota en Perú, estos jóvenes realizarán un viaje muy alejado del turismo y los chapuzones de playa

Por  9:21 h.

Mientras otros jóvenes preparan la maleta para disfrutar del verano en la playa, la montaña o de turismo, con la familia, los amigos o la pareja, ellos hacen otra bien distinta. Pablo cargará el equipaje con material de primeros auxilios, bolígrafos y cuadernos. Teresa cuenta con que puede llevar ropa de más y dejarla allí, para quien la necesite. Julia no ha podido olvidar vacunas y medicinas. Y Alejandro lleva miles de ideas para que su aportación en el destino cunda. La mayoría de sus familiares los tacha de locos, pero ellos lo tienen claro. Quieren ayudar y saben, además, que la experiencia  les cambiará para siempre. Estos cuatro sevillanos no se conocen, no tienen qué ver entre sí, pero este verano cogerán un avión que los lleve lejos para un voluntariado internacional. Nos cuentan qué esperan encontrar  y por qué lo hacen.

Pablo en una de las actividades con niños de Proyde

Pablo en una de las actividades con niños de Proyde

Pablo. Kenia. Proyde. «Mi familia me dice que estoy loco»

Pablo Rosado, de 20 años, se siente tranquilo. Ya tiene las vacunas necesarias puestas y la maleta planteada. Va a un país muy diferente, Kenia, pero en la localidad de Rongai colaborará en un colegio de La Salle donde sabe que se sentirá como en casa a pesar de los kilómetros que lo separarán de ella. El 11 de julio comienza su voluntariado de un mes, pero el viaje realmente comenzó hace dos años, cuando inició su preparación para el Voluntariado Internacional Juvenil (VIJ) en Proyde. Pablo estudió en el colegio La Salle Felipe Benito, pero ya fuera, se mantuvo siempre en contacto y colaborando con Proyde en diversas actividades benéficas. «Ayudaba yendo a un asilo o a un barrio más necesitado… pero aún así sentía que solo estaba dando una parte muy pequeña de mi tiempo, y quería hacer algo que necesitara más dedicación».

En su familia un voluntariado internacional no era algo nuevo. Su hermana viajó a Argentina con el mismo programa. «Me contaba cosas que no sabrías de otra manera. Ella ayudó a familias tras unas inundaciones y se sorprendía de cómo las personas les atendían felices, a pesar de lo que estaban viviendo, con un té, con lo que tuvieran, para agradecerles su ayuda», explica. Aún así, pasar de Argentina a un país africano les resultó chocante a sus padres. «Primero les daba miedo, porque hay mucho desconocimiento», indica, «creo que se tiene una imagen distorsionada de África, mis tíos y mis abuelos me dicen que estoy loco, que no vaya a comerme un león o coger una enfermedad».

Pablo compartirá la experiencia con 5 jóvenes más de Sevilla, Jerez y Cádiz, con los que ha asistido a reuniones durante estos años. Él acaba de terminar un Ciclo Superior de Realización Audiovisual, y aprovechará sus conocimientos para ayudar a elaborar un documental que recoja lo que allí hace la asociación con motivo de los 30 años de Proyde. En Rongai, ayudarán a reconstruir una biblioteca en una escuela secundaria y organizarán talleres de ocio, de primeros auxilios y deportivos, y dos o tres veces a la semana viajarán a Nakuro, donde realizarán también actividades con niños de un internado en el que habilitarán una sala multiusos.«Sé que me voy a traer mucho más de lo que llevo, y que esto es solo el principio, cuando vuelva no será el final».

Julia a la izquierda en su viaje de voluntariado a Marruecos

Julia a la izquierda en su viaje de voluntariado a Marruecos

Julia. Calcuta. Fundación Mary Ward. «Sé que me va a ayudar a valorar todo lo que nos rodea»

Julia prepara la maleta en Dublín, donde ha estado trabajando y estudiando inglés cerca de dos años. La semana que viene, el 29 de junio, viajará a Calcuta para colaborar durante dos meses con un proyecto de la Fundación Mary Ward para apoyar la escolarización de las niñas de la calle. «Son niñas que viven en las denominadas zonas rojas o las áreas marginales donde es muy fácil que terminen siendo víctimas de trata con fines de explotación sexual o laboral y de cualquier otro tipo de abuso».

Viajar a Calcuta se trata para ella de un paso natural tras realizar varios voluntariados con la fundación y de haber sido consciente del trabajo de esta entidad a través del colegio Las Irlandesas de Bami, donde estudió. En Sevilla ha cuidado y ayudado a niños en casas de acogida, ha prestado su tiempo en residencias de ancianos y ha jugado con niños de madres que se encuentran en la cárcel durante el día. «En el año 2012 decidí irme a Marruecos, allí nuestra función fue mejorar las viviendas de personas desfavorecidas, pintando las paredes, limpiando y arreglando», añade. «Todos y cada uno de estos voluntariados me han aportado algo pero sobre todo un sentimiento enorme de gratificación, el darte cuenta de que con un poco de ayuda, la cual no te supone ningún trabajo o esfuerzo, estás dando muchísimo más de lo que puedes llegar a pensar».

Cuando comunicó su decisión en casa, primero impactó. «Mi madre me apoyó desde el principio ya que es una experiencia que a ella también le hubiera gustado realizar, por otro lado mi padre fue algo más negativo ya que es un país que se encuentra muy lejos y que requiere muchas cosas, por lo que el factor miedo estaba muy presente», indica. Pero una vez que tuvieron la idea clara en la cabeza, su padre no dudó en ayudarle en lo que necesitara. Julia tiene ganas de comenzar esta aventura: «Creo y estoy casi segura que va a ser una experiencia única e inigualable. Sin lugar a dudas sé que me va a hacer darme cuenta de la suerte que tenemos y de valorar aún más todo lo que nos rodea».

Alejandro viajará en agosto a Perú

Alejandro viajará en agosto a Perú

Alejandro. Perú. Universidad de Sevilla y APY Solidaridad en Acción. «Quiero superarme a mi mismo y salir de mi área de confort»

Alejandro García no ha hecho nunca un voluntariado pero su trabajo como becario en la Oficina de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Sevilla le hizo darse de bruces con una realidad y una oportunidad que nunca antes se había planteado. «La experiencia personal es lo que va a calar como ser humano, el ser capaz de superarme en un ambiente muy distinto, y, además, es un impulso a nivel profesional», explica a Sevilla Solidaria.

Alejandro, de 26 años, está graduado en Periodismo y realiza un Máster en Estudios Europeos por la Universidad de Sevilla. Como él, un total de 46 alumnos de la US viajarán este verano al extranjero en proyectos de cooperación internacional gracias a las becas ofrecidas por la universidad en una convocatoria puesta en marcha a principios de año. Son becas muy profesionalizadas, donde los alumnos aportan los conocimientos concretos de sus estudios. En el caso de Alejandro, el 21 de agosto partirá hacia Piura, en Perú, para colaborar con la ONG APY Solidaridad en Acción en un proyecto de concienciación y erradicación de la violencia de género en las provincias de Ayabaca y Morropon.

Son cuatro meses los que este estudiante sevillano estará en Perú. La duración más corta de estas becas es de 45 días. «Nos hacen hincapié en el respeto que debemos tener hacia una cultura diferente a la nuestra y la necesidad de no dejarnos llevar por nuestros prejuicios», indica Alejandro. Tras el papeleo previo y la primera toma de contacto con la ONG, los alumnos participan en un curso pre-estancia donde se tratan estos temas y se pueden poner en común inquietudes con otros becados. Alejandro se enfrenta a la experiencia con gran positividad. Una opción personal que no todo el mundo comparte: «mis padres primero estaban aterrorizados, no lo entendían, pero no me voy a la Franja de Gaza, nunca la Universidad llevaría a los alumnos a una zona de conflicto. Tras mis explicaciones están más tranquilos y me dan su apoyo».

Teresa Gallego viajará a la región de Hualmay, en Perú, con el Padre Jota

Teresa Gallego viajará a la región de Hualmay, en Perú, con el Padre Jota

Teresa. Perú. Padre Jota. «Creo que me servirá para madurar»

Teresa Gallego, de solo 18 años, no sabe qué se va a encontrar cuando llegue a Hualmay, en Perú. Solo va con ganas de ayudar y de vivir la experiencia de un voluntariado internacional que sabe que será completamente diferente a cualquier otra hasta ahora. Fue una vecina quien le habló las pasadas navidades a su madre del Padre Jota, un párroco sevillano dedicado cubrir las necesidades que sufre la población desfavorecida de una región a 150 km de Lima a través de la Parroquia de la Sagrada Familia. Allí han participado en la construcción de un colegio tanto para primaria y secundaria como para niños con discapacidad, además de centros de formación.

Teresa viajará hasta allí el 6 de julio para compartir la experiencia con 10 chicas más, dos de ellas vecinas suyas, las que les contagiaron las ganas de viajar. «Cuando lleguemos allí el Padre Jota nos dirá en qué podemos echar una mano, sé que ayudaremos a los niños con actividades de ocio y que hablaremos también con los padres para concienciarlos sobre la necesidad de que estén escolarizados».

No sería la primera vez que realiza un voluntariado con niños. También estuvo a través de las Irlandesas dando una clase de refuerzo a niños de las Tres Mil. Esta joven ha comenzado este año la carrera de Psicología y prepara ahora su último examen mientras compagina los estudios con trabajos puntuales en un catering y como canguro. «No sé qué me encontraré exactamente ni si me impactará mucho», confiesa. ¿Qué piensas que te aportará? «Yo creo que servirá para concienciarme y que volveré más madura de como me voy».