Michelle Monzón y Astrid Navarro en la sede de Dace e Indace / L.A.
Michelle Monzón y Astrid Navarro en la sede de Dace e Indace / L.A.

«Piensan que no les va a pasar nada en la carretera, yo también lo creía»

Michelle Monzón, con daño cerebral adquirido, explica en centros educativos su dura experiencia tras sufrir un accidente de tráfico, a través del Programa de Prevención de la Fundación Indace

Por  7:00 h.

A Michelle Monzón la vida le cambió radicalmente a los diez años. Volvía a casa con una amiga desde un centro comercial en Alicante cuando unos chicos se les acercaron en bici, acosándolas. Huyendo de ellos cruzó corriendo la carretera sin mirar y el coche que circulaba en ese momento no tuvo tiempo para frenar. La consecuencia fue un traumatismo cráneo-encefálico en el hemisferio derecho del cerebro, tres quemaduras en el cuerpo, una fractura en el fémur, la pelvis y el coxis, hemorragias internas, diecisiete días en coma, y años de recuperación que aún no han finalizado. Hoy día, a sus 20 años, cuenta su historia y su vida con Daño Cerebral Adquirido (DCA) a niños y jóvenes  para hacerles ver que el simple hecho de usar el cinturón de seguridad en un coche o estar atento a la carretera al cruzarla, puede significarlo todo.

Ella es uno de los usuarios de la Asociación Dace y la Fndación Indace que participan en su Programa de Prevención de Accidentes de Tráfico acompañando a Astrid Navarro, educadora social de la entidad, a colegios, institutos y universidades. El objetivo es informar y concienciar a jóvenes de entre 14 y 25 años para prevenir lesiones cerebrales causadas por un accidente de tráfico, ya que el traumatismo cráneo-encefálico es una de las causas más comunes en la creación de un Daño Cerebral Adquirido.

«Los chicos cuando habla Astrid se distraen más, pero conmigo se quedan al principio en blanco», indica Michelle. La charla atrae a los alumnos y provoca la participación, por lo que los centros en la mayoría de los casos vuelven a pedirlo a Indace los años siguientes. «Cuando terminamos, los niños nos agradecen que hayamos ido e incluso se quieren hacer fotos con nosotras», añade Astrid.

Una de las charlas en colegios / Dace

Una de las charlas en colegios / Dace

Astrid Navarro ha acudido en lo que llevamos de 2017 a un total de 46 charlas en escuelas, en los que le acompaña o bien Michelle o bien otra persona con daño cerebral adquirido tras un accidente de tráfico. Las charlas se realizan en centros educativos de secundaria y bachillerato de la provincia de Sevilla, en la Universidad de Sevilla, y, a través de la Policía Local, en centros educativos de la capital. Asimismo, mediante el Programa de Prevención de Accidentes de Tráfico, la Fundación Indace participa mensualmente en un grupo de trabajo para la seguridad vial de Sevilla con todos los agentes implicados en la prevención y en el accidente.

En las charlas en los centros educativos Astrid incide entre los alumnos en las distracciones que supone andar utilizando un teléfono móvil y, por supuesto, mientras se conduce. Otra de las causas de accidentes más comentadas son el uso del casco en las bicicletas y motos, y conducir con exceso de velocidad o bajo los efectos del alcohol y otras drogas. «Pensamos que somos invencibles», reflexiona Michelle, «entiendo a los chavales que piensan que nos le va a pasar nada porque yo también lo creía, pero nos pueden pasar muchas cosas, y no solo las sufrimos nosotros, también nuestras familias».

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Hoy día, Michelle en apariencia está restablecida. Anda y habla sin dificultad. Pero el Daño Cerebral Adquirido aún le supone un 74% de discapacidad, con secuelas que le afectan a la capacidad para tener continuidad en las actividades, la habilidad emocional, la función ejecutiva o la memoria, entre otras dificultades. Su evolución y fortaleza ha sido espectacular en estos diez años pero la inclusión en la sociedad aún no es fácil y debe seguir acudiendo a la asociación para trabajar en la rehabilitación. Cuando sufrió el accidente «había vuelto a nacer, era como un bebé con diez años», explica, por lo que tuvo que aprender de nuevo a andar y a hablar. Tras complicarse su situación en el instituto que aparejó un empeoramiento, se trasladó con su madre a Sevilla con el fin de estar acompañadas por sus abuelos.

«La gente no nos entiende, yo les decía a mis compañeros que seguía siendo la misma pero me quedé muy sola», indica. Astrid Navarro aclara que el alejamiento de amigos o pareja es frecuente en las personas con daño cerebral: «cuando hay un cambio en el cerebro puede haber cambio en la personalidad y el fracaso escolar se suele dar porque Michelle, por ejemplo, tiene dificultades con la memoria, y perder varios cursos supone alejarte del entorno».

La situación a la que tuvo que enfrentarse Michelle sirve ahora, ya no solo para prevenir accidentes de tráfico, sino también para concienciar a los alumnos de la importancia de la integración de las personas con discapacidad.