Foto de familia de los ponentes y las nadadoras de la iniciativa #Yonadotudonas / Vanessa Gómez
Foto de familia de los ponentes y las nadadoras de la iniciativa #Yonadotudonas / Vanessa Gómez

El deporte como arma para superar los reveses de la vida

La Fundación Cruzcampo acogió ayer la charla «Motivación, esfuerzo y superación», dentro de las actividades para promocionar el reto solidario contra el cáncer #Yonadotudonas

Por  11:33 h.

Lo advirtió Julio Cuesta, presidente de la Fundación Cruzcampo, nada más comenzar su intervención: «Este es un acto con mucha carga emocional». Y así fue. Ayer, esta casa de Sevilla reunía a seis personas a las que no les gusta que se les llame héroes, pero que a ojos de los que no han sufrido en su propia piel, o de forma cercana, un vuelco en sus vidas con pronóstico a priori fatal, sí que lo parecen. Gente con una voluntad y un afán de superación inquebrantables que vieron en el deporte un motivo para luchar y levantarse todos los días pensando que la botella siempre está medio llena. «Motivación, esfuerzo y superación» era el título de esta charla de buenos amigos, que se unieron con el fin de promocionar la iniciativa #Yonadotudonas, dentro del proyecto «Cruce femenino del Estrecho Solidario 2015», en el que nadadoras no profesionales de Sevilla cruzarán el paso que une el Mediterráneo y el Atlántico a beneficio de la Fundación Sandra Ibarra, que lucha contra el cáncer. Gretchen Talbot, María José López, Marta García-Delgado y María Laffitte son las ondinas que llevarán a cabo la travesía.

La primera de los seis ponentes fue Raquel Domínguez. Con 19 años le diagnosticaron artroescapulectomía, una extraña enfermedad que le ha ido reduciendo año tras año la movilidad de los brazos y que la ha hecho pasar por el quirófano 23 veces. «Tengo los brazos literalmente atornillados al cuerpo. Mi enfermedad no tiene cura y el panorama no puede ser más negro, pero nadie me quita las ganas de salir victoriosa de esta situación». A Raquel la natación se le quedó corta, y después de hacer marcha, correr maratones y practicar ciclismo, dijo: «¿Por qué no mezclarlo todo?» Así que se propuso como reto el triatlón y, más tarde, la prueba de Iron man. Ahora tiene uno nuevo, escalar el Kilimanjaro.

El momento más emotivo

Un accidente de tráfico dejó en 2006 a Javier Reja en silla de ruedas. «Tuve que aprender a convivir con mi nueva vida y el peor momento lo superé con el deporte». Javier, que pertenece al Club Náutico Sevilla, halló su cobijo en el piragüismo. «Me entreno mañana y tarde para conseguir una plaza para los Juegos Paralímpios de Río. Y lo conseguiré. Sólo son necesarios el trabajo y la constancia».

El momento más emocionante se vivió con el testimonio de José Manuel Roas, o lo que es lo mismo el padre de Pablo, un niño que nació con parálisis cerebral. Ambos tienen una afición que comparten: correr maratones. Con el dorsal 5.932 completaron el último que se celebró en Sevilla. «Pablo chilló de alegría durante todo el trayecto, la gente se nos unía. Lo veo así y me llena de emoción. Hasta el punto que en el último de Madrid él no pudo correr y cuando llevaba 12 kilómetros solo lo dejé, no tenía sentido hacerlo sin él». Para José Manuel, Pablo es un ángel con el que vives a diario en una montaña rusa. «Los momentos malos son horribles, pero los buenos son increíbles. Nadie quiere que le pase en la vida algo así, pero ahora no sé vivir sin él».

Arturo Montes sobrevivió de milagro en 2011 tras ser atropellado por una zodiac mientras nadaba. Sin embargo, este economista de 42 años, apasionado del mar y del pádel, no pensó en tirar la toalla y, hoy por hoy, además de coger la raqueta casi a diario subido en su silla de ruedas, es también un firme candidato a conseguir una plaza para Río 2016 como regatista en la categoría 2.4 MR. «Hoy me siento abrumado, veo que hay muchísima gente que supera sus retos, que se consiguen viendo a tu familia y amigos sonreír porque consigues salir adelante».

Jacobo Parages sufrió un revés similar al de Raquel. A los 28 años le diagnosticaron espondilitis anquilosante, una dolencia que le afecta a la espalda restándole movilidad en todo el cuerpo. «Es una enfermedad crónica y dolorosa. Estuve cinco años durmiendo sentado y cuando tengo una crisis hasta estornudar se convierte en una tortura. Y hace dos años me diagnosticaron un tumor maligno del que salí afortunadamente. A pesar de esto, nunca he tenido fuerzas para rendirme». Por este motivo, el de no ponerse límites, Jacobo ha cruzado dos veces el Estrecho y una el trayecto entre Mallorca y Menorca. Como en el caso de las nadadoras de Sevilla, las hazañas tenían un fin solidario.

Finalmente intervino el torero Eduardo Dávila Miura, quien aseguró que «quizá este cartel, el de los valientes que no tienen miedo a afrontar cualquier reto, sea el más importante de mi vida».