Una de las profesionales atiende a una niña en el Centro de Estimulación Precoz del Buen Fin / L.A.
Una de las profesionales atiende a una niña en el Centro de Estimulación Precoz del Buen Fin / L.A.

El Centro de Estimulación Precoz del Buen Fin prepara un nuevo hito en su historia

El centro seguirá atendiendo a menores con trastornos del desarrollo cuando superen los seis años, convirtiéndose en el primero en Sevilla en ofrecer este servicio de manera gratuita

Por  8:34 h.

A Paquito, de cinco años, le encanta leer y escribir, por eso mismo no descarta ser periodista de mayor cuando descubre la profesión de quien le pregunta y aquí firma. Ahora puede soñar con lo que desee pero cuando nació, el desaliento rodeó a sus padres. Al nacer a los seis meses de gestación de su madre, contaba con retraso en el desarrollo y los médicos incluso sospechaban de una hemorragia intracraneal. Desde neonatología aconsejaron a la padres primerizos una salida: el Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin.

«Desconocíamos el centro y no teníamos ni idea de toda la obra social que hay detrás de las hermandades porque no somos cofrades», explica su madre, Isabel Lara. La Hermandad del Buen Fin le dio una grata sorpresa. En los cerca de seis años que Paquito asiste al centro la evolución ha sido radical. «El retraso motor fue mejorando, luego pasamos a la fase de adquisición del lenguaje y ahora, que ya no para de hablar, la psicóloga está trabajando la sociabilización», explica Isabel, solo interrumpida un momento por su hijo que aclara: «mamá, yo sí paro de hablar, cuando duermo».

Isabel juega con sus hijos Vida y Paquito en la sala de psicomotricidad / L.A.

Isabel juega con sus hijos Vida y Paquito en la sala de psicomotricidad / L.A.

En mayo el ocurrente Paquito cumple seis años, edad en la que la atención temprana termina, y su evolución no podría continuar en el centro, según el protocolo de la Consejería de Salud. Para que él u otro niño en su caso siga con su tratamiento, actualmente la única opción es pagar un centro privado. Pero esto va a cambiar, y Paquito podrá beneficiarse de ello. Si la Hermandad del Buen Fin creó hace 36 años el primer centro de atención temprana en Sevilla donde las familias pudieran llevar de forma gratuita a sus hijos, ahora se dispone a ser también pionero, ofreciendo una oportunidad a aquellos niños que cumplan los seis años y sus padres no puedan permitirse un centro privado.

«Ya no se consideraría atención temprana, tendría otro nombre pero eso es lo de menos», explica ilusionado el director del Centro de Estimulación Precoz, Javier Vega. «La realidad es que la mayor parte de los niños necesitan seguir con un tratamiento y deben buscar un fisioterapeuta o logopeda privado, y queremos cubrir esa necesidad». Será este año, aún sin fecha concreta, pero las gestiones están avanzadas y atenderán, de momento, a niños de hasta los 10 años.

Javier Vega, director del centro, posa en la sala de espera / L.A.

Javier Vega, director del centro, posa en la sala de espera / L.A.

«Capacidad tenemos, es cuestión de contratar terapeutas. Es un nuevo reto porque, mientras con la atención temprana estamos amparados por la Consejería de Salud, con esto no hay ningún centro comparable ni subvenciones», explica Javier.

La historia se repite. En 1982 el diputado de Caridad y neurólogo Sebastián Barrera propuso una arriesgada iniciativa para suplir una necesidad en la ciudad, lo que supuso la creación del actual Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin, primer proyecto propio de una hermandad al margen de la asistencia social. «Empezamos con dos hermanas terapeutas voluntarias y tres niños. A los seis meses, debido a la demanda, ya hubo que arrendar un local fuera y contratar terapeutas, y esto empezó a crecer como una bola de nieve. En 2005, la obra social por la Coronación de la Virgen fue dedicada al centro. Teníamos entonces 75 niños y hemos llegado a atender a 340», recapitula Javier.

Doce profesionales en el nuevo centro

Un nuevo hito está en camino, pero sin desatender al actual centro, donde trabajan 12 profesionales. Paquito asiste una vez a la semana con terapia individual y grupal, al que también acude su hermana Vida, de cuatro años, para trabajar la sociabilización. El trabajo es con la psicóloga Conso, después de haber sido tratado en los anteriores años por la fisioterapeuta Irene. «Hay niños de muchos perfiles», explica Yolanda Sotelo, terapeuta coordinadora, «pueden venir por trastorno específico del lenguaje, nivel madurativo bajo, por un déficit cognitivo por síndromes diversos, por trastorno del espectro autista, por problemas motóricos…».

Yolanda Sotelo, en su despacho / L.A.

Yolanda Sotelo, en su despacho / L.A.

Yolanda ha vivido la evolución del centro puesto que lleva ya 30 años trabajando en él. «Hay un abismo entre lo que esto es ahora con lo que era antes, tenemos mucha más luz y claridad, más materiales, una sala de reunión grande y un espacio para cada profesional», explica Ana sobre las nuevas instalaciones inauguradas en septiembre con más de 450 metros cuadrados.

El centro atiende actualmente a 240 niños porque el número de sesiones que reciben ha aumentado en muchos de ellos. Y la intención es también crecer en atención temprana. De 20.000 sesiones el director apunta a llegar a 22.000. El número de niños que necesitan atención temprana no para de crecer porque los pediatras captan estas necesidades antes, «mientras que antes se pasaba por alto y a los siete y ocho años daba la cara, cuando ya es difícil recuperar todo el tiempo perdido», apunta Yolanda.

Una de las niñas beneficiarias monta un puzle / L.A.

Una de las niñas beneficiarias monta un puzle / L.A.

Javier Vega achaca el éxito del centro al trabajo constante y «al amparo por nuestros titulares». Es fundamental también que los gastos más importantes estén solo enfocados a la contratación de profesionales, puesto que todas las gestiones son dirigidas por cinco voluntarios hermanos del Buen Fin, entre ellos el director, y el local actual fue cedido por los frailes franciscanos -de hecho, la disposición de las salas del centro apunta al antiguo convento donde se ha levantado-.

También ha sido indispensable la colaboración de otras entidades mediante patrocinios o como socios protectores. En el caso de Obra Social La Caixa, la entidad ha sufragado ya el 40% de los gastos ocasionados por la adecuación del convento, que asciende a 400,000 euros. O también con la ayuda de otras hermandades. La semana pasada, la Hermandad de la Candelaria hizo una donación al centro de 9,000 euros.

La mayor satisfacción surge, sin embargo, al ver la cara de cada niño que ha pasado por el centro. Javier Vega recuerda con cariño el acto de Coronación de la Virgen en La Catedral en 2005. Cuando dos niños tratados en el centro anduvieron, aún con ciertas dificultades, hacia el altar con la corona de la Virgen. «En los preparativos la madre de uno de ellos, con Síndrome de West, me recordaba cómo llegó al centro, no se sostenía; y ahora iba a ir andando delante de todos. Casos como el de él te llenan de satisfacción», confiesa.

Su labor no se frena. Y niños como Paquito ya no solo llegarán hasta los 6 años con una satisfactoria evolución, sino que tendrá la oportunidad de volar más alto, sin techo en sus sueños.