Muñecas, vestidas de flamenca, de bebé o de niña, se exponen en la estantería de la tómbola
Un total de 150 muñecas han sido vestidas con mimo por voluntarias para la ocasión

Nuevo Futuro

El artículo más deseado del rastrillo: la muñeca de la tómbola

Cinco voluntarias se han dedicado desde verano a vestir con mimo las muñecas para el puesto, donde se puede optar a premios de valor como joyas, pieles, tablets o jamones, siempre para ayudar a los niños de Nuevo Futuro

Por  7:00 h.

Todos quieren la muñeca de la tómbola. Entre cerca de 100 puestos con grandes marcas y productos de artesanía, aquellos que visitan el rastrillo de Nuevo Futuro tienen siempre una parada en esta esquina repleta de artículos por si hay suerte y toca una de las 150 muñecas que cinco mujeres han estado vistiendo con mucho amor desde el verano pasado. Es el regalo estrella, pero son 9.000 regalos a los que se puede optar cuando se abre la papeleta. Y toque o no, quien la adquiere sabe que está ayudando a los niños que Nuevo Futuro colma de cariño.

«Lo más valioso de aquí son joyas que nos han donado, tenemos también una estola de visón, una tablet y tres jamones, por ejemplo. A mi personalmente me encanta un caballito que un hombre hizo en su casa y nos trajo con mucho cariño», cuenta Macarena Yñiguez, coordinadora de la tómbola. Ella lleva a cargo del puesto cinco años, cuando sustituyó a Julia Candau. Pero son quince los que ha estado dedicada a vestir a las muñecas, junto a otras cuatro voluntarias. «Mi especialidad son las de flamenca, hago los mantoncillos con telas como si fueran de verdad, los pendientes… todo», explica.

Rosa de Rioja, Leonor López, Geli Mora y Macarena Yñiguez posan en la tómbola

Rosa de Rioja, Leonor López, Geli Mora y Macarena Yñiguez

Los premios se acumulan tras el mostrador de la tómbola

Un total de 9.000 regalos han sido donados para la tómbola

De entre tantos premios, donados por grandes empresas, modestas tiendas, personas anónimas y el resto de puestos del rastrillo, las voluntarias confiesan que este juguete infantil es el que despierta pasiones. «Además, les gusta más a las abuelas que a los nietos», apunta divertida Macarena. Maribel ha tenido suerte, después de acudir cada año con esa esperanza, por fin tiene el regalo estrella. Un muñeco con su gorrito, calcetines y lazos en los zapatos. «Tengo nueve nietos, para alguno será», apunta entusiasmada a Sevilla Solidaria, y confiesa que es en la tómbola donde más gasta de todo el rastrillo.

Maribel recoge su muñeca

Maribel recoge su muñeca de manos de una de las voluntarias

Geli Mora es otra de las voluntarias que los visten con cariño, como su fueran niños. Ella y Macarena estarán hasta el sábado tras el mostrador en el Hotel Meliá Lebreros, rondando entre las estanterías, codo con codo con el equipo de al menos dieciséis voluntarias que se van turnado, buscando los regalos para entregarlos. Geli suele estar tras los premios de consolación, porque si no toca número no necesariamente el que ha comprado la papeleta a un euro se queda sin nada. «Me gusta estar aquí porque hablo mucho con la gente y les ayudo a elegir para que se vayan contentos», confiesa con una sonrisa.

A medida que avanza la mañana, las personas empiezan a agolparse alrededor de la tómbola. Emilio ha probado con veinte papeletas y ha recibido seis regalos. Un paraguas, aceite, una caja de pasteles de hojaldre, una caja de quinoa, un perchero de forja para la pared y un fulard. «Vengo desde hace muchos años al rastrillo y siempre pruebo suerte», indica el afortunado, «quisiera que me tocara una de las muñecas para mis nietos pero no hay manera». Emilio se va muy satisfecho pero apunta que una de las razones es por saber que está ayudando. Al fin y al cabo, este es el fin último de cada una de las personas que se reúnen en el rastrillo, ya sea como voluntarios o como compradores: ayudar a Nuevo Futuro a mantener un hogar para cuarenta niños acogidos. Y las mujeres que miman a los muñecos creando sus ropas, los tienen en mente en cada punto y costura.