Alba junto a sus padres, María José y Miguel / FOTO: L. ÁLVAREZ
Alba junto a sus padres, María José y Miguel / FOTO: L. ÁLVAREZ

«Cuando me concedieron la beca no podía parar de llorar»

Alba es una de los dos jóvenes del Polígono Sur que han conseguido la beca Loyola-Alalá para estudiar un grado en la Universidad Loyola Andalucía

Por  12:29 h.

«Cuando mi profesora me habló de las becas no pude parar de llorar», confiesa Alba Sillero. Esta joven de 18 años vive en el Polígono Sur y es una de las estudiantes que ha obtenido la beca Loyola-Alalá, que en su caso le permitirá estudiar el grado de Psicología en el Campus de Sevilla de la Universidad Loyola Andalucía. Un sueño que veía casi inalcanzable hasta ahora. Hace pocos años su desmotivación le hacía faltar a clase y acumular suspensos, pero hoy ve un futuro muy diferente por delante, que ella misma ha trabajado. «Pensaba que esto estaba muy lejos para mi, pero ahora me he dado cuenta de que tenemos ayudas y de que hay gente que confía en nosotros, solo tienes que ponerle ganas y siempre dar lo mejor de una misma», explica. Un 8,7 de media de bachillerato le da la razón.

Alba es una de los dos becados gracias al convenio de colaboración suscrito por Loyola Andalucía y la Fundación Alalá. Fueron ocho los preseleccionados entre los mejores estudiantes de los IES Polígono Sur y Domínguez Ortís. Tres optaron a conseguirlo y finalmente Alba y Francisco Javier Casanueva han sido quienes han logrado aprobar la Selectividad en junio y la prueba de admisión en la Universidad, requisitos indispensables.

Francisco Javier frente al IES Polígono Sur

Francisco Javier frente al IES Polígono Sur

Francisco Javier tiene 21 años y viene de realizar un grado superior de informática, pero su intención era seguir estudiando. Gracias a este convenio el año que viene estudiará Ingeniería Informática y Tecnologías Virtuales, un grado que le permitiría realizar algo que le gusta: desarrollar videojuegos. Inma y Martín, sus padres, se muestran orgullosos de su hijo. Para ellos era «impensable» que Javier terminara en Loyola ya ambos están ahora sin trabajo. «Hay muchos niños del barrio que sirven para estudiar», incide Inma, «y es importante darles una oportunidad porque creo que nos lo merecemos todos».

«Tengo muchas ganas de empezar, creo que me va ir bien», continúa Javier. La ilusión se nota en su rostro y en el de Alba. Una puerta se les abre y lo que les da fuerza, por encima de todo, es escuchar que son capaces y que nada le impide hacer lo que deseen. Alba empieza sus agradecimiento para los profesores del Domínguez Ortíz, «siempre encima de nosotros», y, en especial de su tutora Celia. Ni ella ni sus padres hubieran pensado que llegaría hasta aquí. «Con el trabajito que nos costó que terminara la ESO», recuerda María José, su madre. Alba realizó la ESO por diversificación y comenzó el bachillerato animada por una amiga sin mucha esperanza. Pero su visión cambió completamente, apoyada por su familia y sus profesores le puso más ganas que nunca.

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Ahora son Loyola Andalucía y la Fundación Alalá los que confían en ella. Y no quiere defraudarlos. Sabe, además, que un buen ejemplo para los demás chicos del barrio. «Hay que hacer ver a los chavales que sí se puede salir del barrio, aunque siempre hay que dar lo mejor de uno mismo para que lleguen oportunidades así», explica,  «tendría que haber 20.000 ‘Alalás’ por el barrio». Javier también lo tiene claro: «no solo está la opción de terminar la ESO y meterse en un módulo o a trabajar, hay más».

José María Pacheco, presidente de la Fundación Alalá, y Francisco José Pérez Fresquet, adjunto al Rector de la Universidad Loyola Andalucía, junto a Javier y Alba

José María Pacheco, presidente de la Fundación Alalá, y
Francisco José Pérez Fresquet, adjunto al Rector de la Universidad Loyola
Andalucía, junto a Javier y Alba

La beca, además de cubrir la matrícula y los derechos de enseñanza, contempla asimismo un plan de tutela formado por un profesor del grado que estudie, un mentor asignado para el acompañamiento y un alumno que le ayudará en su plena integración. Por otro lado, los jóvenes beneficiarios de las becas deberán cumplir las obligaciones académicas establecidas por la Universidad, como la puntualidad y asistencia al 70% de las clases como mínimo, superar el 50% de los créditos matriculados y mantener reuniones de seguimiento con los tutores y responsables asignados.

Javier sabe que no será fácil. «Los dos primeros años es cuando más caña te dan, con matemáticas y física, me imagino implicándome y esforzándome mucho, y tengo ganas de llegar a los cursos más prácticos», explica a sevillasolidaria.es. Alba, por otra parte, ve incluso más allá de estos cuatro próximos años, y se ve continuando los estudios para especializarse en trabajo social. Ya piensa en ayudar a los demás como ella siente que le han ayudado.