Jóvenes Solidarios

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De Jaén a Sevilla siendo los oídos y los ojos de personas con sordoceguera

Tomasa Cedillo ha acompañado con Apascide a chicos con sordoceguera en actividades como natación, piragüismo, tirolina o senderismo

Por  7:00 h.

La jienense Tomasa Cedillo no había conocido nunca antes a ninguna persona con sordoceguera cuando hace seis años acudió como voluntaria al campamento de verano que organiza en Jaén la Asociación Española de Familias de Personas con Sordoceguera (Apascide). Había estudiado un Ciclo Formativo de Intérprete de lengua de signos y sus compañeros le habían recomendado acudir. Le hablaron de cómo los chicos, a pesar de su discapacidad, realizaban actividades como piragüismo o tirolina. La curiosidad de Tomasa la llevó a una experiencia que la cambiaría para siempre. «Descubres que cada uno de ellos tiene una magia especial y creas un vínculo muy fuerte, te conviertes en sus ojos y sus oídos, en su familia».

A los campamentos, se le sumaron cada una de las actividades que le era posible: de excursión a la nieve, de senderismo o para disfrutar de un parque de atracciones, entre otras muchas. El objetivo es que su discapacidad no sea impedimento para disfrutar de la vida, de reír, y de compartir. Ella recuerda con especial cariño el fin de semana que acompañó a los chicos con sordoceguera a Sierra Nevada. «Algunos no habían tocado la nieve en su vida. Después del esfuerzo que hicimos para subir, ver sus caras fue maravilloso. Sentir que si los voluntarios no le hubiéramos acompañado ese chaval no hubiera descubierto ese trocito de nieve se te queda clavado en la piel a hierro», confiesa.

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Las personas con sordoceguera necesitan una atención constante, porque la sordoceguera conlleva dificultades a cada momento, como en la alimentación o en los movimientos. Tienen un apoyo fundamental en el Centro Santa Ángela de la Cruz en Salteras, único de España destinado a este fin. Tomasa lleva seis años en Sevilla como mediadora en la institución, tras seis prestando su tiempo como voluntaria. «Trabajamos para darles la mayor autonomía que puedan conseguir. Si necesitan ayuda para una actividad ahí estamos, como apuntarse a judo, realizar turismo por la ciudad, ir a tomar un café, hacer compras en un centro comercial…», explica. Durante todo el proceso sus acompañantes les van interpretando dónde se encuentran y qué está sucediendo a su alrededor, para que estén en contacto constantemente con su entorno.

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Ahora, Tomasa considera que Apascide es su familia: «Cuando tienes vacaciones o días libres, hay veces que decides pasarlo con algún chaval del centro, ir a merendar por ejemplo. Ahora que se acercan las navidades, muchos chavales por circunstancias tienen que pasarlas aquí en el centro. Pensar que tú vas a pasar la nochebuena con ellos es un premio, vas a hacer que esa noche esté feliz».