Patricia García Mahamud

«Una cosa es pisar el Tercer Mundo y otra que te lo cuenten»

La periodista sevillana ha colaborado durante un mes con la orden religiosa de las Esclavas en un colegio de Luanda

Por  11:27 h.

Patricia García Mahamud llegó de Angola hace apenas una semana. Esta periodista de 30 años es conocida por los sevillanos por su paso por informativos de Giralda TV y La 10 Televisión, además de haber aportado su prosa a medios de Vocento desde hace 10 años. Las circunstancias la llevaron a dejarlo todo y a internarse durante un mes en el barrio luandés de Palanca Negra, lleno de miseria, donde las aguas fecales recorren las calles. Un mes ayudando a los niños en uno de los tres colegios que las hermanas de Las Esclavas tienen en el país africano.

¿Cómo te enteras del proyecto humanitario que realizan las religiosas de las Esclavas?

Además de haber estado 14 años estudiando en el colegio de Las Esclavas, yo continué en el Grupo Spínola, el grupo de fe de los laicos. A través de ellos me entero que vinculada a la congregación hay una ONG de acción que se llama Fundación Spínola Solidaria, que admite el trabajo de voluntarios en distintos colegios de la congregación en todo el mundo, en Angola, Venezuela, Paraguay, Ecuador…

¿Cómo te animas a acudir de voluntaria?

Porque en este momento de mi vida se dan las circunstancias adecuadas. No he dejado de trabajar desde que salí de la Facultad hace prácticamente una década. En este momento no estoy trabajando, cerró la televisión de la que era editora de informativos y ahora tenía tiempo.

¿Por qué Ángola?

El continente africano me atraía enormemente. Por ser desconocido. Era misterioso para mí. Es un país que salió de la guerra hace cuestión de doce años pero está en plena reconstrucción y me atraía el trabajo de las monjas en ese lugar en el que está todo por hacer.

¿Qué labor realizabas?

Me olvido de que soy periodista y me convierto en profesora de refuerzo de matemáticas. Estoy en la escuela por la mañana y por la tarde, en el colegio Santa Teresa que tienen las monjas en el barrio Palanca. Es el sitio más miserable de toda Luanda, la capital. Sin asfaltar, en calles de barro… es un auténtico vertedero.

¿Te quedas con el algún momento?

Hay muchos momentos. Pero un momento impactante es cuando algún niño se te queda dormido en clase. Se te quedan dormidos del hambre porque vienen sin desayunar. Se desvanecen de lo cansados que están. Si no se quedan dormidos te dicen que les duele mucho la barriga o la cabeza. Se te parte el alma.

¿Cómo viven los niños allí?

En el barrio de Palanca no hay canalizaciones. Cuando llueve los vecinos aprovechan para vaciar las fosas de las casas y lo vierten a la calle, entonces tú estás pisando aguas fecales. Y ves las turbas de mosquitos encima, mosquitos que llevan la malaria. Nosotros nos hemos tenido que poner hasta 9 vacunas de enfermedades de allí que genera la miseria.

¿En qué medidas les ayuda un centro como el de Las Esclavas?

Lo primero es quitarles de la calle. Es un lugar en el que aprenden civismo, un comportamiento, una manera de estar. Es un lugar para calmarlos también. Son unos niños a veces feroces, con mucha violencia. Las monjas lo que hacen es que exportan a Angola una manera de tratar al otro, más que los conocimientos didácticos. Van uniformados, todos los lunes cantan el himno de Angola, y, a parte, la labor de evangelización con todos los grupos de fe y sus clases de religión.

¿Animas a tus allegados a realizar una labor así?

Por supuesto que sí. Aunque sea un tópico, para mí es la experiencia más enriquecedora de mi vida hasta el momento. Te traes mucho más de lo que has podido aportar allí. Y, además, te pone en tu sitio. Este bienestar que tenemos es un regalo que se nos viene dado y para crisis la que tienen ellos allí. Las fotos no huelen, cuando pisas aquellos charcos y ves a aquellos niños que no tienen cómo asearse se te revuelve todo. Una cosa es pisar el tercer mundo y otra que te lo cuenten.

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