Reyes Palma

Jóvenes voluntarios

Reyes Palma: «Deberíamos mirar a los ojos a las personas sin hogar y darles los buenos días»

Esta joven sale cada jueves a la calle para acompañar a personas sin techo dentro del proyecto Levántate y Anda de Cáritas Parroquial San Vicente

Por  14:26 h.

Reyes Palma tiene 25 años y es maestra de educación infantil. Todos los jueves acude con un grupo de Cáritas a acompañar a esas personas que viven en la calle y en la que muchas veces nadie repara. La conversación, también un caldo caliente y mantas en invierno, son gestos sencillos pero que para los que no tienen nada puede significar mucho. Como ella, medio centenar de voluntarios procuran compañía los 365 días al año a estas personas sin hogar y en situación de exclusión social, dentro del proyecto Levántate y Anda de Cáritas que se desarrolla desde hace ya 10 años en la céntrica parroquia de San Vicente

¿Cómo conociste este proyecto?

Nos lo presentaron en el colegio de Las Esclavas en unas jornadas de sensibilización y promoción del voluntariado, en el curso escolar 2005-2006. En ese momento tiré por otros derroteros, y fue a finales de septiembre del año pasado cuando me incorporé al proyecto Levántate y Anda de Cáritas. Lo conocía, como digo, de antes, también de algunas amigas que participaban y de alguna salida puntual pero formalmente participo desde hace 5 meses.

¿Es el primer proyecto solidario en el que te embarcas?

No, anteriormente estuve de voluntaria en la Casa Familiar de Miguel de Mañara, con los Hermanos de la Cruz Blanca, ayudando a personas con discapacidad. Me llevé muchos años allí. Y luego también estuve con niños de 5 años con trastorno del lenguaje

¿Y por qué te decidiste a empezar en este proyecto de Cáritas?

La verdad es que cuando más pequeña me hubiera gustado también pero a mis padres les daba miedo que me pudiera pasar algo, ya que salíamos por la noche y por prejuicios y desconocimiento de la realidad no estaban tranquilos. Pero lo cierto es que en los cinco meses que llevo nunca he sentido ese miedo.

Hablando de prejuicios, ¿ha cambiado tu percepción?

Por supuesto, en muchos sentidos. Por una parte, en la calle te puedes encontrar a cualquiera. Con el tema de la crisis, además, no existen estadísticas. En la realidad te encuentras con personas de cualquier edad, de cualquier procedencia… no todos son extranjeros como se piensa. Por otra parte, y ya lo uno a las cosas que me aporta este voluntariado, es ver la capacidad que tiene el ser humano de bondad. Estamos creados para ser buenas personas. Es alucinante como la gente de la calle se protege entre ellos y se cuidan.

¿Cuántos sois en Levántate y Anda?.

No te sé decir el número exacto. Somos aproximadamente 50 en el proyecto. Aparte, todas las personas que están detrás de Cáritas Diocesana y que nos apoyan.

¿Cuál es tu función?

Salgo todos los jueves en un grupo de 5 personas. Mi función es acompañar a aquellos que, por desgracia, nos hemos acostumbrado a ver como si fuera parte del mobiliario urbano. La labor es fundamentalmente ofrecer conversación aunque también llevamos caldo en invierno, gazpacho en verano y mantas.

¿Cuánto tiempo le dedicas?

Sabemos que salimos a las 20.30 pero nunca sabemos cuando volvemos, porque nunca hay un mismo número de personas. El año pasado, por ejemplo, el promedio de personas que se vieron al día fue de 14. Eso significa que a veces son 7 y a veces 27, nunca se sabe.

¿Y por dónde os movéis?

Salvo excepciones, siempre hacemos el mismo recorrido así las personas saben que pasamos por allí y van a buscarnos. Por general, salimos por los alrededores de la parroquia.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en estos cinco meses?

Muchas cosas. Lo que más me ha sorprendido es el equipo humano que tiene el proyecto. A mi me parece alucinante la labor que realizan. Salen todos los días del año, un 25 de diciembre se sale, un 20 de agosto con la calor también, y un día de lluvia y viento como los que ha habido no hace mucho se sale también… También me llama la atención la fe que tiene la gente de la calle. Aunque no tienen nada viven aferrados al Señor.

¿Y de qué habláis en esas conversaciones?

De todo. Ellos son los protagonistas, por tanto ellos sacan temas. Generalmente tienen la necesidad de hablar de su situación personal, si necesitan algo por ejemplo, alguno te cuenta que no ha comido en todo el día o quizás otro te dice si ha conseguido dinero aparcando o no.

¿Qué es lo más complicado con lo que te has encontrado?

Es duro llegar a mi casa, taparme en mi cama, sobre todo ahora que es invierno, y pensar que esa persona que has visto antes está en la calle. ¿Casos más duros? A mi personalmente por mi edad, me llama la atención cuando veo gente joven en la calle, incluso más pequeña que yo, embarazadas o con niños en el mundo. Me impacta más. Pero es muy duro ver muchas vidas que están rotas.

¿Y me hablarías de algunos casos de personas que han conseguido salir de la calle?

Sí, aunque hay casos de todo, en los cinco meses que llevo hay personas que han evolucionado. Por decirte un caso en concreto, recuerdo un matrimonio que ha conseguido dar el paso de alquilar un piso por sus propios medios. Parece que pensamos que quien está en la calle está condenado a seguir así, pero es posible avanzar. Los voluntarios les orientamos pero, además, en la parroquia un día en concreto realizan una «acogida» donde hay personas especializadas que tienen más información para darles y ayudarles.

¿Animarías a otros a hacer lo que tú haces?

Invito a que les demos a las personas que viven en la calle los buenos días o los miraremos a los ojos. No cuesta tanto y le damos dignidad a una persona a la que en la mayoría de los casos no se le presta atención.