Raúl García, voluntario de Ápice

Jóvenes voluntarios

«Pensar que ayudas a otras personas te hace seguir adelante»

Raúl García cuenta a Sevilla Solidaria su experiencia como voluntario en la Asociación Andaluza de Epilepsia con la que colabora desde hace más de tres años

Por  8:00 h.

Raúl García conoce desde dentro la labor que realiza la asociación Ápice para mejorar la calidad de vida de las personas con epilepsia . Hace tres años que acudió a ayudar como voluntario en su campamento de verano y desde entonces es un habitual entre ellos. Este joven de 26 años poco sabía de lo que era esta enfermedad antes de colaborar con la Asociación Andaluza de Epilepsia. Ahora la ve con la misma naturalidad que mantienen los que conviven con ella día a día, con la misma normalidad que debería tener la sociedad ante esta enfermedad del sistema nervioso.

¿Cómo conoces a Ápice?

Una amiga mía tiene un hermano con epilepsia y un día en junio de 2011 me estuvo comentando que él se iba con la asociación de campamento en julio. Me llamó la atención porque yo ya estuve de campamento con niños y le empecé a preguntar. Me puso en contacto con Aurora, la organizadora, y con Charo, la presidenta, y ya solo tuve que hacer una primera entrevista y un curso de formación.

¿Habías colaborado antes con alguna otra asociación?

Yo iba a campamentos para la reinserción social de niños de la Alameda a través de la asociación Algazara. Niños sin recursos ninguno a los que llevábamos todos los años de campamento.

¿Cómo fue esa primera experiencia con Ápice en verano?

Fue un campamento bastante bueno. Me gustó tanto que cuando terminó ya seguí con las actividades de Ápice en septiembre y hasta el día de hoy.

¿Cuál es tu función ahora?

Más que nada les ayudo con el ocio y tiempo libre. Dos sábados al mes hacemos las actividades de ocio más importantes. El último sábado de mes siempre es el punto de encuentro. Hacemos una fiesta para reunir a todos los chavales que quieran. Les ponemos música, organizamos juegos… y un montón de cosas. En el último hicimos una preferia, pusimos tómbola y decoramos como si fuera la feria, muy gracioso. Y el primer sábado del mes concretamos una salida.

¿Y entresemana?

De lunes a viernes hay talleres por la tarde. Yo voy según tenga disponibilidad. He ido los miércoles a apoyo escolar, los lunes al taller de cocina o el viernes el taller de música. A este último voy bastante.

¿Qué te quedas de tu experiencia allí?

Es un trabajo super gratificante, si voy es porque me gusta. Me lo paso super bien con los chavales. Ellos con tan poco te dan tanto…

¿Sabías qué era la epilepsia antes o ha cambiado tu perspectiva?

Ha cambiado, claro. Si le preguntas a cualquier persona de la calle qué debe hacer si a alguien le da una crisis de epilepsia te dirá que meterle un palo en la boca. No. No es así. Yo pensaba eso también. Me explicaron que eso era lo peor porque como no controla su fuerza si le pones un dedo en la boca es que te lo rompe.

Supongo que se crean relaciones estrechas con los usuarios o con otros voluntarios, ¿no?

Por supuesto. Hay bastante voluntariado pero somos unos 10 o 12 los que vamos durante todo el año. Este año incluso me pidieron que diera una charla en el curso de formación al que se presentaron unas 30 personas. Fíjate, con lo cortado que yo soy (risas). Hablé de mi experiencia y la verdad que estuvo muy bien.

¿Recuerdas con más cariño algún momento en concreto de esos tres años?

Con todos los chavales tengo algo especial. Pero cada voluntario o monitor te dice que tiene más «feeling» con alguno en concreto. A mí me pasa con Ricardo, con él siempre voy yo. Incluso muchas veces los padres me llaman los fines de semana y voy con él al cine, por ejemplo. Su padre dice que tiene «raulitis». Desde que estoy allí ha tenido una mejora increíble, gracias al psicopedagogo y todos los que lo ven allí.

¿Has tenido que ayudar en un ataque de epilepsia? ¿Cómo hay que actuar?

Eso es importante. Lo que pretendemos es que cuando la gente vea a una persona con epilepsia no llame directamente a la ambulancia. Como es algo muy llamativo es lo que suelen hacer. El problema de una crisis es que el niño se caiga al suelo y se dé un golpe en la cabeza. Aparte de eso, es ponerlo de lado, tranquilizarlo, que convulsione… y mientras no pase más de dos minutos es normal. Lo que queremos es que cuando a un niño le de una crisis no se pare la actividad que estemos realizando con los demás en la asociación. Por ejemplo, en el psicopediátrico en el que trabajo el otro día le dio una crisis a un niño epiléptico en un taller y se paró todo. Pero claro, ellos no están acostumbrados. Eso es lo que no queremos.

Entonces la labor divulgativa es fundamental

Totalmente. Ya se sabe mucho más pero aún así en la sociedad hay mucha ignorancia.

¿Animarías a otros a hacer lo que tú haces? ¿Qué les dirías?

Si te gusta verdaderamente ayudar a las personas es un trabajo muy gratificante. Te sientes contigo mismo mejor que nunca. Si te sientes decaído por alguna circunstancia, cuando piensas en esas personas de la asociación y que le estás haciendo un bien, eso te hace seguir para delante.