FOTO: Rocío Ruz
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Javier Vega. Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin

«Hemos atendido a 2.500 niños desde que el centro se fundó»

Llevan más de 30 años prestando servicios de atención temprana a menores con discapacidad psíquica, física o sensorial de manera gratuita

Por  7:06 h.

El Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin nació en 1.982 gracias a la hermandad del mismo nombre, y con un objetivo claro: ser un centro destinado al tratamiento de niños nacidos con discapacidad cuyas familias no dispusieran de medios económicos para costearse terapias privadas. Actualmente se ha convertido en una referencia en la atención temprana.

—¿Cómo nació el Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin?

—La Hermandad del Buen Fin se dio cuenta de que la necesidad de atender a niños con discapacidad no tenía una respuesta gratuita, ya que la mayoría de personas no poseían recursos económicos para acceder a este tipo de servicios. Hemos atendido a unos 2.500 niños desde que el centro se fundó.

—¿Qué niños acuden a la institución?

— Todos aquellos que poseen algún tipo de discapacidad psíquica, física o sensorial, ya sea encefalopatía, macrocefalia, hipoacusia, síndrome de Down, retraso psicomotor… Normalmente permanecen en el centro hasta los seis años de edad.

—¿Cómo es un día normal en el Centro de Estimulación Precoz?

— La jornada aquí comienza muy temprano, a las 8:00 y acaba a las 21:00. Un día pueden llegar a venir 80 niños, a los que atienden los doce especialistas que componen la plantilla del centro: psicólogos, fisioterapeutas, logopedas y especialistas en hidroterapia. En las instalaciones actuales tenemos cuatro salas destinadas a tratamientos individuales de estimulación precoz, psicoterapia, logopedia y fisioterapia, una sala para psicomotricidad y una sala de trabajo para las terapeutas.

—¿Por qué vías llegan las familias a contactar con el centro del Buen Fin?

— Principalmente llegan a nosotros a través del servicio público de salud, aunque también acuden padres que no vienen por una recomendación de la sanidad pública, sino por gente de las hermandades que nos conocen o por que han buscado información sobre posibles terapias para su hijo.

—¿Cuál es la forma de financiación?

— Primero hay que aclarar que aquí es todo gratuito para las familias, sea cual sea la situación económica de estas. Al principio, el centro comenzó con fondos de la Hermandad del Buen Fin. Cuando comenzamos a atender a más niños, creamos la figura del «protector», personas que colaboran con una cuota libre. También tenemos conciertos con la Junta de Andalucía y recibimos ayuda de entidades privadas. Somos muy reconocidos en Sevilla, y estamos muy satisfechos por ello, ya que fuimos la primera obra social de una Hermandad. Además, también se nos reconoce la calidad técnica, que es mérito de nuestros trabajadores.

—¿Qué proyectos tienen previstos para el futuro?

— Tenemos una novedad muy importante, ya que vamos a tener unas nuevas instalaciones más amplias y adecuadas. Además, una de las salas estará destinada a jornadas de formación para los padres. Consideramos que es fundamental que ellos reciban orientación para saber cómo tratar adecuadamente y mejor a sus hijos cuando llegan a casa.

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