Engelberto con cuatro chicos de la asociación de Utrera con la que estuvo colaborando
Engelberto con cuatro chicos de la asociación de Utrera con la que estuvo colaborando

Jóvenes voluntarios

Engelberto Salazar: «Fue mi padre quien me hizo dar el paso para ayudar a los demás»

El diputado de caridad de Santa Marta confiesa que de los proyectos solidarios en los que ha estado involucrado se queda con el cariño de los niños, la mejor recompensa

Por  11:19 h.

Antes de cumplir los 29 años Engelberto Salazar entró en la Junta de Gobierno de la Hermandad de Santa Marta como diputado de caridad. No era la primera vez que comprometía su tiempo con una causa solidaria, anteriormente trabajó como voluntario en una asociación de padres con niños con discapacidad. Ahora, con 31 años y al frente de una diputación con numerosos proyectos al frente, proyectos que llegan incluso a África, siente una «satisfacción enorme» por ese día que comenzó a ayudar a los demás. Se lo agradece a su padre, Engelberto Salazar, quien fue seis años hermano mayor de Santa Marta.

¿Por qué te decidiste a empezar como voluntario?

Fue mi padre quien me animó, además indirectamente. Siempre tuve en la cabeza la idea de ayudar pero nunca daba el paso. Mi padre falleció hace seis años, él era orientador en un instituto de Sevilla y cuando fui a recoger sus cosas una era una foto. Una foto con él sonriendo en medio de varios chicos con diferentes discapacidades. Y fue eso realmente lo que me empujó a dar el paso. Indirectamente, o directamente, nunca lo sabremos, me inculcó eso. Y se lo tengo que agradecer eternamente porque la satisfacción es enorme.

En noviembre de 2011 te nombran diputado de caridad en Santa Marta, ¿cómo fue esa decisición?

Yo trabajaba de voluntario en una asociación en Utrera, en una asociación de padres con niños con minusvalía. Había chicos con Síndrome de Down, autismo, parálisis cerebral…  a los que se le daba apoyo escolar según su ritmo de aprendizaje. El hermano mayor sabía lo que yo realizaba y conformando la Junta de Gobierno pensó en mi. Me gustó el proyecto, así que empecé y aquí seguimos.

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos como diputado?

Había muchos proyectos que ya estaban iniciados. La hermandad colabora con una organización salesiana en Benín, África, y casi lo primero que nosotros hicimos cuando llegamos fue la campaña de recogida de alimentos para mandarlos allí. También recuerdo trabajar con el economato benéfico asistencial del Casco Antiguo, al que al principio iba como voluntario porque el tiempo me lo permitía. También colaboramos con Cáritas Parroquial y con diferentes conventos y asociaciones.

¿Cuáles son los proyectos que más te entusiasmaron?

Son varios. El que tenemos con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl es uno de ellos. Ellas tienen un comedor social en el Pumarejo, además de una residencia de ancianos, y necesitan alimentos y recursos económicos para atender a las cada vez más personas que acudían. Otro proyecto que sí nace estando yo en la diputación de caridad es la colaboración con el Hogar de Nazaret. Es una asociación religiosa que recogen a niños que han sido abandonados o que sus padres no los pueden mantener y los educan por medio de pisos de acogida. Es un proyecto realmente bonito y, además, ahora vamos a apadrinar otra iniciativa con ellos, para adecentar la casa de acogida que tienen en la parroquia de San Joaquín, para dar clases de apoyo a los chicos de allí, la gran mayoría hijos de inmigrantes, y que no estén en la calle.

¿Cuánto tiempo le dedicas ahora?

Ahora menos, la verdad, porque el trabajo me tiene un poco absorbido pero suelo dedicarle un día a la semana mínimo, luego están las diferentes reuniones. Gracias a Dios, tenemos un equipo de 4 o 5 personas que colaboran en la hermandad desinteresadamente y atienden los martes a todas las personas que acuden, derivándolas a las diferentes entidades donde les pueden ayudar.

¿Se saca tiempo para todo o se debe renunciar a algo?

Yo no creo ni que se tenga que sacar tiempo ni que se vaya a perder tiempo. Es que te tiene que gustar. Es como el que le gusta salir a correr, o ver la televisión, o jugar a los videojuegos. Dentro del voluntariado hay infinidad de posibilidades, tú puedes sentirte cómodo trabajando con niños pero a lo mejor no trabajando con personas mayores, por ejemplo. Hay que buscar lo que más te guste.

¿Cuál ha sido el momento más satisfactorio ayudando a los demás?

Me quedo con el cariño de los niños. Cuando organizamos el proyecto de las hermandades del Lunes Santo con el Hogar de Nazaret fueron los niños a la hermandad y me emocionaba verlos jugando allí, contentos. Con la asociación de Utrera lo mismo, el cariño que te cogen los niños es la recompensa. Uno de los padres me dijo un año que el Lunes Santo el hijo le digo: «verás Bertín, que hoy sale con Santa Marta y le va a llover». Los niños te ganan al momento.

¿Y el reto más grande? ¿Qué es lo más complicado con lo que te has encontrado?

Lo más complicado es enganchar a la gente para que colabore. Santa Marta no es una hermandad grande pero, gracias a Dios, destinamos bastantes recursos a Caridad. Pero es difícil involucrar a la gente, sobre todo a los jóvenes. Aunque no les culpo, al principio es difícil dar el paso, a mi también me pasó.

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